Fotomontaje de una tortilla de Fleming Ultramarinos y Hansi Flick

Fotomontaje de una tortilla de Fleming Ultramarinos y Hansi Flick Fotomontaje Metrópoli

Gastro

El restaurante de la zona alta de Barcelona que ha enamorado a Hansi Flick: un local de barrio "sin postureo"

El técnico del Barça descubre Fleming Ultramarinos, un local que combina cocina de autor, producto de calidad y precios accesibles en la zona alta de la capital catalana

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Barcelona vuelve a demostrar que la alta gastronomía no siempre va de la mano de precios prohibitivos. En una ciudad donde los grandes nombres y los restaurantes con estrella suelen monopolizar la atención, un local de la zona alta ha logrado destacar por una propuesta mucho más cercana y honesta.

Se trata de Fleming Ultramarinos, un restaurante situado en Sant Gervasi que en las últimas semanas ha ganado notoriedad tras conquistar al entrenador del FC Barcelona, Hansi Flick, convertido ya en uno de sus clientes más comentados.

Lejos de referentes como Disfrutar o clásicos como el Botafumeiro, el técnico alemán ha encontrado en este espacio una alternativa más discreta, pero igualmente atractiva. Flick buscaba un restaurante donde comer bien, sin formalismos excesivos y con una cocina reconocible, algo que Fleming Ultramarinos ofrece con naturalidad. Una elección que confirma que el lujo gastronómico también puede expresarse desde la sencillez y el buen producto.

El espíritu del ultramarinos, con mirada actual

El concepto del restaurante parte de una idea clara: recuperar el alma de los antiguos ultramarinos de barrio. Aquellos establecimientos donde el producto mandaba y donde quesos, embutidos y conservas se mostraban con orgullo. En Fleming, esa esencia se traslada a una barra central que actúa como escaparate gastronómico, con anchoas del Cantábrico, mortadela trufada, salazones y quesos seleccionados que anticipan la experiencia culinaria.

Una mesa lista para comer en el restaurante Ultramarinos Fleming de Barcelona

Una mesa lista para comer en el restaurante Ultramarinos Fleming de Barcelona Ultramarinos Fleming

La carta combina platos de inspiración clásica con otros de corte más contemporáneo, siempre con el producto como protagonista. Entre los más populares destacan las gambitas de cristal con huevo frito, las albóndigas con sepia, que conectan directamente con la tradición catalana, o la pluma ibérica a la brasa, uno de los imprescindibles de la casa. Mención especial merece el arroz de alcachofas y gambas, convertido ya en uno de los iconos del restaurante.

Comer bien en la zona alta sin arruinarse

Uno de los grandes méritos de Fleming Ultramarinos es haber conseguido algo poco habitual en la Barcelona actual: mantener precios accesibles en una de las zonas más acomodadas de la ciudad. Mientras en muchos restaurantes de Sant Gervasi o Sarrià la cuenta supera fácilmente los 60 euros por persona, aquí la media ronda los 30 euros, incluyendo entrantes, plato principal y postre.

Este equilibrio entre calidad y precio ha sido clave para atraer tanto a vecinos del barrio como a nuevos públicos, y es también uno de los aspectos que más valoró Hansi Flick. El entrenador azulgrana habría encontrado en Fleming un espacio donde disfrutar de la cocina local sin caer en los excesos del lujo gastronómico, algo cada vez más difícil en la zona alta.

Plato del restaurante Ultramarinos Fleming en Barcelona

Plato del restaurante Ultramarinos Fleming en Barcelona Ultramarinos Fleming

Un restaurante que conecta con el barrio

El entorno juega un papel fundamental. Sant Gervasi es un barrio históricamente ligado a la burguesía barcelonesa, con calles tranquilas y comercio de proximidad. Sin embargo, en los últimos años ha vivido una transformación progresiva, abriéndose a un público más joven y cosmopolita. Fleming Ultramarinos es un reflejo de esa evolución: un punto de encuentro donde conviven vecinos de toda la vida, nuevos residentes y, ocasionalmente, rostros conocidos del deporte y la cultura.

El local acompaña esta filosofía con un diseño luminoso y acogedor, alejado de la ostentación. Todo está pensado para que el comensal se sienta cómodo, ya sea en una comida informal o en una cena más pausada. Los postres caseros, como el flan tradicional o el coulant de chocolate blanco con pistacho, ponen el broche final a una experiencia que apuesta por la sencillez bien entendida.