Casa Pages en imagen de archivo

Casa Pages en imagen de archivo Wikipedia

Gastro

El histórico restaurante de Barcelona con desayunos de tenedor y menú del día a menos de 15 euros: muy conocido por sus bocadillos

Durante los años 60, el local se transformó: una parte pasó a ser tocinería y la otra, una bodega donde se servía vino a granel

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Aunque muchos lo asocian a una antigua casa de payés, Casa Pagès nunca lo fue. El origen del nombre se remonta a una familia que tenía una casa de campo en la carretera de la Arrabassada y que en 1956 abrió este establecimiento en Gràcia.

En sus inicios, el negocio se dedicaba a vender barras de hielo y a distribuir refrescos y cerveza, como La Casera y Estrella Damm.

Durante los años 60, el local se transformó: una parte pasó a ser tocinería y la otra, una bodega donde se servía vino a granel. Aquella combinación marcaría el carácter popular del espacio, muy ligado al barrio y a sus vecinos.

Un bar con historia 

En los años 70, Casa Pagès cambió de manos y la tocinería desapareció para dejar paso a una bodega con bar. Sin embargo, aquella etapa fue breve.

A finales de la década, el local fue cerrado por las autoridades al descubrirse que se organizaban timbas ilegales de póquer, un episodio que terminó con varios clientes, y los propietarios, en el calabozo.

Los dos barriles del Casa Pagès ubicados en la calle que le han costado a Barros dos sanciones de 1.500 euros / CASA PAGÈS

Los dos barriles del Casa Pagès ubicados en la calle que le han costado a Barros dos sanciones de 1.500 euros / CASA PAGÈS

Algunas de esas historias han quedado grabadas en la memoria del restaurante. Uno de aquellos jugadores siguió siendo cliente habitual y contaba cómo, en una ocasión, la esposa de uno de los participantes entró al bar para evitar que su marido se jugara el patrimonio familiar.

De bar de trabajadores a punto de encuentro del barrio

En 1981, el establecimiento pasó a manos de Pedro Barros, quien lo reformó durante un año y lo reabrió en 1982. Desde entonces, Casa Pagès ha sido un lugar de reunión para generaciones de vecinos. Hoy, el negocio sigue en manos de la familia, con Alberto Barros, hijo de Pedro, al frente.

Mucha gente viene sola a ver a quién se encuentra”, explica Alberto, que define el restaurante como un reflejo de la historia cotidiana de Gràcia y de Barcelona.

Durante años fue un bar de menú frecuentado por trabajadores del barrio: carpinteros, lampistas, pintores y empleados de empresas cercanas.

Un menú popular con clientes ilustres

Entre sus mesas también se sentaron trabajadores de compañías como Enher, Bayer o de la clínica Olivé Gumà. Incluso Pasqual Maragall fue uno de los clientes habituales cuando recorría el barrio.

Además, Casa Pagès es sede de la Colla La Moderna de Gràcia de Sant Medir, reforzando su vínculo con la vida asociativa.

Tras la crisis posolímpica, el hijo mayor de Pedro asumió el mando y amplió la oferta nocturna con torradas de butifarra, anchoas o escalivada, lo que rejuveneció la clientela y permitió que el negocio siguiera adelante.

El relevo generacional y la esencia intacta

A principios de los 2000, el padre retomó las riendas, ya con la vista puesta en la jubilación, y acabó cediendo el testigo a Alberto, que se quedó al frente siendo muy joven. Aunque al principio vivió el bar como una obligación, con el tiempo empezó a verlo como un proyecto propio.

Alberto Barros, enfrente de su restaurante Casa Pagés este miércoles / GUILLEM ANDRÉS

Alberto Barros, enfrente de su restaurante Casa Pagés este miércoles / GUILLEM ANDRÉS

El espíritu del local apenas ha cambiado desde 1982: las mismas mesas y sillas, bocadillos clásicos como el Freud (pollo con brie) o el Sócrates (lomo con queso y pimientos) y un menú de mediodía que hoy cuesta 14,90 euros, manteniendo su vocación de precios populares.

Desayunos de tenedor y cocina de siempre

En los últimos años, Casa Pagès ha incorporado pequeños cambios sin perder su identidad: vermuts de fin de semana, nuevos esmorzars de forquilla y el fichaje del chef Fernando Cuenca para reforzar la cocina de tradición.

Platos como fricandó, cap i pota, albóndigas, butifarra con mongetes o trinxat de la Cerdanya forman parte de una propuesta que mira sin complejos al pasado. “Tenemos historia, solera y autenticidad”, resume Alberto Barros. “Somos el bar de la esquina de toda la vida”.