Plato del restaurante Suculent en Barcelona

Plato del restaurante Suculent en Barcelona suculent_restaurant

Gastro

El restaurante donde van a comer chefs famosos en Barcelona: menú degustación a 70€ y hasta 300 variedades de vino

Abrió sus puertas en 2012, impulsado por Carles Abellán y Javier Coto, y durante un tiempo incluso llegó a expandirse con otros locales. Sin embargo, el proyecto original terminó concentrándose en su esencia: un único restaurante donde la cocina hablase por sí sola

Otras noticias: El fenómeno Tumatey de comida venezolana que conquista Barcelona: avalado por más de 1.500 reseñas

Llegir en Català
Publicada

Noticias relacionadas

En una Rambla del Raval saturada de shawarmas, pizzas y hamburguesas clónicas, encontrar un restaurante que huya del piloto automático turístico es casi un acto de fe.

Entre rótulos luminosos y menús pensados para el paso rápido, la identidad gastronómica del barrio parece haberse diluido con los años.

Pero no todo está perdido. Desde hace más de una década, un pequeño restaurante resiste con una propuesta que apuesta por la cocina de autor, el producto y el sabor profundo. Se llama Suculent, y es uno de esos lugares donde los grandes chefs acuden cuando quieren sentarse a la mesa como comensales y dejarse sorprender.

Un proyecto que encontró su voz propia

Suculent abrió sus puertas en 2012, impulsado por Carles Abellán y Javier Coto, y durante un tiempo incluso llegó a expandirse con otros locales. Sin embargo, el proyecto original terminó concentrándose en su esencia: un único restaurante donde la cocina hablase por sí sola.

Un plato del Suculent Restaurante

Un plato del Suculent Restaurante suculent_restaurant

Desde el inicio, el chef Toni Romero estuvo al frente de los fogones. Con una trayectoria que incluye pasos por ElBulli, Arzak, Akelarre o Maison Pic, Romero asumió el liderazgo total del restaurante tras la salida de los fundadores hace siete años. Desde entonces, ha consolidado una identidad clara y reconocible que ya se perfila como un futuro clásico de la gastronomía barcelonesa.

Suculent: suculento, sabroso… y para mojar pan

El nombre no es casual. Suculent remite a lo delicioso, a lo sabroso, pero también juega con el catalán sucar lent: mojar lentamente el pan en la salsa. Y ahí está una de las claves de su cocina.

Las salsas tienen un papel protagonista, pero nunca eclipsan al plato. Acompañan, redondean y conducen el conjunto. “La idea es que hagan lo que quieran”, explica Romero, invitando sin complejos a untar pan, usar los dedos y disfrutar sin corsés.

Premios, sí… pero sin perder el norte

Los reconocimientos han llegado con regularidad: presencia en la Guía Michelin, un Sol Repsol, dos Knives de The Best Chef Awards para Romero en 2024 y 2025, e inclusión en 50 Best Discovery, entre otros.

Un plato de Suculent Restaurant

Un plato de Suculent Restaurant suculent_restaurant

Aun así, en Suculent los premios no marcan el día a día. El verdadero objetivo es mantener la coherencia de una cocina honesta que ha convertido al restaurante en uno de los favoritos de chefs como Albert Adrià, habitual del local y devoto confeso de los callos con cresta de gallo.

Un comedor que parece una casa vivida

El restaurante es pequeño y acogedor. Tras la doble puerta, una barra y tres mesas dan paso, bajando unos escalones, a una sala para una veintena de comensales. Al fondo, cruzando la cocina, se esconde un reservado con capacidad para otros 20 cubiertos.

La madera, los libros, los collages de cucharas y las ilustraciones generan una atmósfera que recuerda más al salón de una casa familiar que a un restaurante gastronómico al uso. El trato acompaña: cercano, respetuoso y con un conocimiento profundo de platos, cocciones y texturas.

Menús degustación desde 70€

La experiencia puede vivirse a la carta o a través de dos menús degustación. El menú ‘Los Clásicos’, con nueve pases, cuesta 70€ (40€ adicionales de maridaje). El menú ‘Suculent’, más largo y estacional, ofrece doce pases por 90€ (50€ con maridaje).

Plato del restaurante Suculent en Barcelona

Plato del restaurante Suculent en Barcelona suculent_restaurant

Ambos proponen un recorrido mar y montaña que crece en intensidad: desde el velo de calamar con papada ibérica y leche de almendras, pasando por una reinterpretación de la ensalada Waldorf, hasta la croqueta de pato rustido.

Platos para mojar, chupar y recordar

El ceviche de gamba blanca con aguacate es una pequeña joya que invita a mojar pan y chupar cabezas sin pudor. Le siguen platos donde el Mediterráneo se expresa con claridad, como la remolacha con beurre blanc y anguila ahumada del Delta del Ebro.

La tierra toma protagonismo con dos imprescindibles: la calabaza asada con jugo de ternera, trufa y parmesano, y los ya célebres callos con cresta de gallo, un plato intenso y profundamente reconfortante.

Carne, fuego y precisión

El steak tartar sobre tuétano a la brasa y patatas suflé es otro de los estandartes de la casa, presentado incluso en el concurso al mejor steak tartar de España en Madrid Fusión. Aquí no hay tiempo para fotos: hay que comerlo rápido para disfrutar del contraste de temperaturas.

El final salado puede llegar con platos como el all i pebre de anguila, un homenaje a Castellón, o el canelón de liebre a la Royal con foie y alga codium, una combinación tan arriesgada como brillante.

Postres y una bodega de 300 referencias

Siempre hay espacio para el dulce. Destacan propuestas como el ganaché de ceps con crumble de setas y helado de tupinambur, o el pastel de chocolate con avellanas, ron y haba tonka.

Croqueta de pato asado del restaurante Suculent en Barcelona

Croqueta de pato asado del restaurante Suculent en Barcelona Suculent

La experiencia se completa con una bodega de más de 300 vinos, con referencias de toda España —de Cataluña a Canarias— y una cuidada selección internacional de países como Francia, Italia, Alemania, Hungría o Grecia.

Un restaurante al que siempre se vuelve

En Suculent conviven platos inamovibles, como el ceviche, con otros que cambian según la temporalidad y la inspiración. Por eso, cada visita es distinta.

Quizá esa sea la razón por la que tantos chefs lo eligen cuando quieren comer bien, sin focos ni artificios. Porque en un barrio saturado de ruido, Suculent sigue hablando bajo… y diciendo mucho.