Arroz blanco

Arroz blanco

Gastro

Los chefs coinciden: "El arroz blanco no se hace con agua sino con 3 ajos, 2 hojas de laurel y un buen caldo casero"

Su versatilidad permite combinarlo con proteínas, verduras o legumbres, y enriquecerlo con salsas y guisos

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El arroz blanco es el comodín perfecto en la cocina; sirve como base o guarnición ideal para equilibrar sabores fuertes (como curris o guisos de carne) y aporta energía rápida.

Su versatilidad permite acompañarlo fácilmente con proteínas (huevos fritos, pollo, atún) o vegetales, combinarlo con legumbres (lentejas, frijoles), o realzarlo integrando salsas y jugos de guisos.

Eso sí, el arroz blanco bien hecho cambia cualquier plato. Y cuando le pillas el punto, no hay vuelta atrás; empiezas a querer acompañar todos los platos con un bol de arroz blanco.

El truco de Juanjo López

Uno de ellos es usar caldo de cocido, ya que aporta sabor al arroz y proporciona una textura más rica. Este paso es clave no solo para potenciar el sabor, sino que también aporta más proteínas solubles y gusto. Así lo ha asegurado el chef José Ramón: “Para un arroz blanco perfecto usa caldo de pollo y mantequilla, no agua”.

Asimismo, lo reafirma el chef madrileño Juanjo López: “El arroz blanco no se hace con agua, sino con caldo de pescado”, defiende en un vídeo publicado a través de redes sociales. Además de añadirle 3 ajos y 2 hojas de laurel.

La clave de Jordi Cruz

Para el cocinero, hay dos claves que son de suma importancia para tener un buen arroz: lavarlo a conciencia y cocinarlo a fuego fuerte. Pero lo principal es el punto del arroz, es decir, que no quede duro ni pasado.

El primer paso es lavar bien el arroz, un proceso clave para conseguir un grano limpio y suelto. Para ello, se debe enjuagar varias veces, retirando el agua tras cada lavado hasta que salga lo más clara posible.

“Lavar muy bien, iremos tirando el agua hasta que nos quede lo más limpia posible. Dos o tres lavados como mínimo. Cuando el agua esté bastante limpia, colamos”, explica, insistiendo en la importancia de este paso previo antes de comenzar la cocción.

Una vez escurrido, el arroz se coloca en una cazuela junto con 600 mililitros de agua y 5 gramos de sal. Este pequeño toque de sal ayuda a potenciar el sabor desde el principio. “A mí me gusta que el agua tenga un poquito de sazón”, asegura, destacando que incluso una preparación tan sencilla se beneficia de un buen equilibrio de sabor.

El proceso de cocción también sigue tiempos muy concretos para lograr el resultado perfecto. Primero se pone el fuego fuerte durante cuatro minutos, hasta que el agua comience a hervir; después se baja al mínimo durante diez minutos más y, finalmente, se deja reposar sin destapar.

“Destapamos, el arroz está cocido, suelto, está maravilloso. Obtendrás un grano suelto, limpio y en su punto exacto, listo para guarniciones, salteados o como base de cualquier plato. Cuando el método es preciso, el resultado habla por sí solo”, concluye.

Una receta sencilla y fácil, a la vez que socorrida para acompañar cualquier plato. Lo importante es elaborarla con rigor, teniendo en cuenta que en la cocina la excelencia no solo está en un buen producto, sino en el proceso de elaboración. Porque, como resume Jordi Cruz, no hace falta nada más que precisión, orden y respeto por el producto.