Porción de tarta de queso en una imagen de archivo

Porción de tarta de queso en una imagen de archivo Unsplash

Gastro

Los chefs catalanes: “La tarta de queso más cremosa no se hace solo con Philadelphia, lleva nata y menos azúcar”

Hace falta una combinación equilibrada de ingredientes, una cocción precisa y un reposo adecuado: solo así se consigue esa textura untuosa que ha convertido este postre en uno de los más deseados del momento

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La tarta de queso vive una época dorada en España. Desde las versiones más líquidas que inundan las redes hasta las recetas tradicionales inspiradas en la famosa tarta de La Viña, cada vez son más los aficionados que intentan replicar en casa esa textura cremosa.

Sin embargo, los expertos tienen claro que el secreto no está únicamente en utilizar queso crema tipo Philadelphia. La clave, aseguran, pasa por encontrar el equilibrio adecuado entre queso, nata, huevos y azúcar.

Entre los referentes actuales destaca el pastelero catalán Jon García, fundador de la marca Jon Cake y uno de los mayores especialistas en tartas de queso artesanas. Tras estudiar algunas de las recetas más reconocidas y realizar innumerables pruebas de cocción, proporciones y reposos, el chef llegó a una conclusión que desmonta uno de los mitos más extendidos y que contó en exclusiva a Hule y Mantel: una gran tarta de queso necesita algo más que queso crema.

La clave de la nata para una textura perfecta

Aunque el queso crema es la base de cualquier cheesecake, la nata desempeña un papel fundamental en la textura final. Según explica García, la cantidad de nata determina en gran medida si la tarta será más fluida o más consistente. Un exceso de nata puede hacer que el interior resulte demasiado líquido, mientras que reducirla y aumentar ligeramente la proporción de queso ayuda a obtener una textura cremosa pero estable, capaz de mantenerse en el plato sin desparramarse.

Este equilibrio es precisamente lo que buscan muchos obradores especializados. La cremosidad no depende únicamente de la grasa del queso, sino también de cómo interactúan todos los ingredientes durante el horneado y el posterior reposo. Por eso, las recetas profesionales suelen combinar queso crema con nata en cantidades muy estudiadas para lograr una textura sedosa y envolvente.

Tarta de queso de Jon Cake en una imagen de archivo

Tarta de queso de Jon Cake en una imagen de archivo Gala Espín Barcelona

Menos azúcar, más sabor a queso

Otro de los errores más habituales en las recetas caseras es abusar del azúcar. Para los expertos, una tarta de queso demasiado dulce pierde parte de su personalidad. García recomienda que el azúcar no supere aproximadamente el 16% de la receta total para evitar que el resultado sea empalagoso y para permitir que el sabor del queso sea el auténtico protagonista.

Esta filosofía coincide con la tendencia actual de las mejores tartas de queso artesanas, donde se busca potenciar los matices lácteos y la complejidad de los quesos empleados. De hecho, muchas de las versiones más premiadas del país han reducido notablemente el nivel de azúcar respecto a las recetas tradicionales.

Mezclar quesos

Aunque el queso crema sigue siendo imprescindible, muchos profesionales recurren a mezclas de quesos para enriquecer el sabor. En el caso de Jon Cake, una de sus recetas más conocidas combina varios quesos como parmesano, gorgonzola, mascarpone y grana padano, logrando una profundidad de sabor imposible de conseguir utilizando un único ingrediente.

El pastelero también defiende que prácticamente cualquier queso puede incorporarse a una tarta de queso, siempre ajustando las cantidades según su intensidad. Los quesos más potentes requieren menos proporción, mientras que otros más suaves pueden utilizarse para aportar textura sin dominar el conjunto.

El horneado marca la diferencia

La famosa tarta de queso vasca se caracteriza por una cocción a temperaturas muy elevadas. Este método permite que el exterior se caramelice y adquiera ese aspecto tostado tan reconocible, mientras que el interior permanece cremoso. Los especialistas suelen trabajar entre 220 y 250 grados, evitando el baño María que sí utilizan otras variedades de cheesecake más clásicas.

Tarta de queso de Jon Cake en una imagen de archivo

Tarta de queso de Jon Cake en una imagen de archivo Gala Espín Barcelona

Además, controlar la cantidad de aire que entra en la mezcla es fundamental. Batir en exceso los huevos puede provocar que la tarta suba demasiado en el horno y termine hundiéndose al enfriarse. Por ello, los expertos recomiendan mezclar los ingredientes solo hasta conseguir una masa homogénea.

El paso que muchos olvidan

Una vez horneada, la paciencia se convierte en otro ingrediente imprescindible. La tarta necesita varias horas de reposo para estabilizar su estructura y alcanzar la textura deseada. Según los especialistas, dejarla enfriar correctamente y permitir que repose antes de consumirla puede ser tan importante como la propia receta.

Por eso, cuando alguien pregunta cuál es el secreto de una tarta de queso realmente cremosa, la respuesta va mucho más allá de elegir una marca concreta de queso crema. Los mejores chefs coinciden: hace falta una combinación equilibrada de queso, nata, huevos y azúcar, una cocción precisa y un reposo adecuado. Solo así se consigue esa textura untuosa que ha convertido a la tarta de queso en uno de los postres más deseados del momento.