La Policía Local de El Prat durante una actuación en el barrio de El Prat

La Policía Local de El Prat durante una actuación en el barrio de El Prat Cedida

Gran Barcelona

Los vecinos de Urgoiti-Ponsich en El Prat, al límite ante el aumento del chabolismo, ratas y una nueva ola de robos

Las 50 familias atrapadas en el limbo urbanístico del Plan Seda-Paperera exigen la intervención urgente del Ayuntamiento ante los asaltos a vehículos, las hogueras incontroladas y la insalubridad generada por los asentamientos irregulares

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El calvario en el barrio de Urgoiti-Ponsich, en El Prat de Llobregat, lejos de solucionarse, se agrava.

Los vecinos de esta zona del Baix Llobregat, situado entre los solares de las antiguas fábricas de La Seda y la Paperera, aseguran haber llegado a una "situación límite".

Atrapados desde hace más de dos décadas por un macroproyecto de reparcelación que no termina de arrancar, conviven a diario con la expansión de asentamientos irregulares, casas okupadas, plagas descontroladas y una creciente inseguridad, que se suma al abandono de la zona que denuncian desde hace años.

Nueva ola de robos y detenciones ciudadanas

La tensión en las calles Nicolás María Urgoiti y Ponsich ha escalado en la última semana. Según denuncian los propios residentes, el pasado jueves 26 de marzo se registró una ola de robos en el interior de vehículos aparcados en la zona.

"Se dedicaron a abrir coches rompiendo los cristales. Actuaron en la calle Ponsich y en la calle Urgoiti, donde también reventaron la ventanilla de un vehículo", explica un vecino del barrio.

Algunas de las chabolas que hay en el barrio de El Prat

Algunas de las chabolas que hay en el barrio de El Prat Cedida

La impunidad con la que actuaron los ladrones llevó a los propios residentes a intervenir: un vecino logró retener a uno de los asaltantes hasta la llegada de la policía, que procedió a su detención.

Este incidente no es aislado. Los vecinos alertan de que apenas dos semanas antes ocurrió un episodio idéntico, frustrado también cuando otro residente sorprendió in fraganti a los delincuentes.

El asentamiento chabolista crece

El foco de la degradación se sitúa en el solar pendiente de reparcelación que va desde la calle Major hasta la autopista y la estación. En este terreno, el asentamiento de infraviviendas no ha dejado de crecer. Actualmente, se contabilizan unas 12 chabolas, tres de ellas construidas tan solo en el último mes, aseguran fuentes vecinales en conversación con Metrópoli.

Lamentan que llevan tiempo sufriendo constantes intentos de robo, amenazas de okupación y graves problemas de convivencia. Estos incidentes, estrechamente vinculados a personas que residen en el asentamiento irregular de la zona, van a menudo acompañados de actos incívicos.

"Hace unos dos años el Ayuntamiento lo limpió, pero al cabo de un mes se volvieron a construir. Hasta que no lo urbanicen, esto no se solucionará", lamentan desde el vecindario, que teme que la situación pueda escalar más allá de los problemas de convivencia actuales.

La preocupación entre los vecinos es que la zona de Prat Nord se convierta en una zona de asentamientos y temen un efecto llamada con los desalojos que se han producido de otras zonas del área metropolitana. "Es posible que muchos de los desalojados de otras zonas busquen sitio en Prat Nord. El Ayuntamiento no hace nada y esto va a más", advierten.

Escombros acumulados en el barrio

Escombros acumulados en el barrio Cedida

"Las ratas han llegado a entrar en casa"

La acumulación de basura y la falta de saneamiento en el asentamiento han provocado un problema grave de salud pública. Las alrededor de 50 personas que viven en las tres calles de casas bajas afectadas describen su entorno como un foco de infecciones.

"Hay mucha insalubridad y está lleno de desechos. Aquello es un nido de cucarachas y tenemos muchísimas ratas; me han llegado a entrar dentro de casa", denuncia indignada otro de los vecinos en conversación con Metrópoli. Ante esta situación, exigen medidas drásticas y urgentes al consistorio: "Como hizo el Ayuntamiento de Barcelona en el asentamiento de la Zona Franca, aquí se tiene que desinfectar ya".

A todo ello se suma la presencia de una persona que lanza restos de carne de pollo cruda, lo que agrava el problema con la presencia de los roedores.

Olvido institucional

Detrás de esta degradación se esconde, según los afectados, una estrategia de desgaste institucional. El barrio está afectado por el Plan Urbanístico Seda-Paperera, el cual prevé una renovación integral de la zona.

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Los vecinos aseguran que desde la administración garantizan que el proyecto de reparcelación es "inminente" y que se está trabajando en ello. Sin embargo, los vecinos sienten que sus quejas caen en saco roto.

"Comuniquemos lo que comuniquemos, no nos hacen ni caso", sentencian con frustración. "Quieren que no demos guerra. Como estamos afectados por el plan urbanístico y nos quieren echar, no les importamos nada. Quieren que nos cansemos", lamentan.

Tras años de abandono, con las oficinas de la antigua papelera desalojadas hace tres años pero con múltiples casas aún okupadas a su alrededor, los residentes de Urgoiti-Ponsich piden al consistorio que se tomen acciones para que la seguridad y la salubridad no queden también sepultadas bajo las promesas del plan urbanístico. "Somos vecinos normales. Pagamos nuestros impuestos y merecemos vivir con dignidad", finalizan.