El primer pleno municipal desde la ruptura entre la alcaldesa Ada Colau y el PSC ha escenificado no solo el divorcio entre estas dos formaciones sino los kilómetros luz que separan al mínimo equipo de gobierno de BeC de la oposición. Aunque se han hecho varias llamadas reiteradas al diálogo desde casi todas las posiciones, la falta justamente de ese diálogo ha provocado la retirda del orden del día del plenarios de cuatro de los puntos a tratar: el nombramiento de Eloi Badia como presidente de la empresa municipal BSM, la ratificación del catálogo de puestos de trabajo del ayuntamiento, -el SOM (Sistema d'Ordenació Municipal)-, el proyecto de funeraria municipal y la venta del 15% de las acciones que el consistorio todavía tiene en la empresa mixta Serveis Funeraris de Barcelona SA (SFB). Sí se han aprobado las nuevas ordenanzas de Servicios Funerarios y Cementerios que prevén los entierros gratuitos o bonificados a las familias con pocos recursos.

Colau lo va a tener difícil a partir de ahora para seguir gobernando el ayuntamiento porque buena parte de la oposición, con la que se supone que tiene que recabar apoyos, ya dan la legislatura por finiquitada. Su propio exsocio de gobierno, Jaume Collboni (PSC), ha criticado directamente a la alcaldesa “su forma errática gobernar la ciudad”, un calificativo que ha sido compartido por buena parte del plenario.

Collboni ha sido, seguramente, uno de los más incisivos criticando el nuevo cartapacio municipal e incluso ha mantenido un pequeño rifi-rafe con el primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello (Bec), a raíz de la ruptura de su pacto. “No entendemos que no presente un cartapacio con su nuevo equipo de gobierno en el que estén el PDeCAT o ERC. Este cartapacio es un parche·. Ha azuzado el concejal socialista, recordando a la alcaldesa que ha sometido el interés de Barcelona “al guion del procés independentista”.

NOMBRAMIENTOS DESAPARECIDOS

Uno de los futuribles socios de Colau, el Grupo Municipal Demòcrata (PDeCAT) no ha buscado precisamente un acercamiento político a un gobierno municipal “más frágil que nunca”. De hecho, ha sido el portavoz del PDeCAT, Jaume Ciurana, ha revelado que los dos nombramientos estrella del cartapacio -los de los comisionados de Cultura y Empresa- y no han sido incluidos en el documento, del que también se ha esfumado el comisionado de Participación. El gobierno no ha resuelto el enigma.

La presidenta del Grupo Municipal de Ciutadans (Cs), Carina Mejías, también se ha sumado a las críticas a un gobierno al que “se le acaba el tiempo” y que ha llevado a la ciudad a “un estancamiento político inédito y a una parálisis que afectará al bienestar de los barceloneses”. Y sobre todo porque el gobierno Colau “ha sido incapaz de anteponer la estabilidad de la ciudad a sus intereses políticos”, ha subrayado Mejías.

Otro de los posibles aliados de Colau en un futuro próximo -ERC- sí que se ha mostrado dispuesto a garantizar la estabilidad del gobierno pero “sin firmar un cheque en blanco”, ha reiterado el presidente del grupo municipal republicano, Alfred Bosch. Bosch le ha recordado a la alcaldesa que desde el principio de la legislatura ya le advirtió “que habia alternativas mas coherentes para pactar que el PSC”.

EL CARTAPACIO DE LA MARMOTA

El más duro con el nuevo organigramadel gobierno municipal ha sido el presidente del Grupo Municipal Popular (PP), Alberto Fernández Díaz, quien ha hablado “del cartapacio de la marmota de un gobierno cataléptico” (porque supone una vuelta al del 2015” y del “catapacio de la parálisis”. Fernández Díaz ha recordado a la alcaldesa que en la etapa en la que gobernó en solitario sus concejales no iban a los plenos de distrito ni a las reuniones sectoriales. “Le falta proyecto de ciudad y le sobra sectarismo de partido”, ha recriminado el líder del PP.

Por contra, la presidenta del grupo municipal de la CUP, Maria José Lecha, ha aplaudido el divorcio Colau-Collboni porque la marcha del PSC es “una oportunidad para hacer cambios de gran transcendencia”. También en positivo, el concejal no adscrito, Gerard Ardanuy, ha pedido al gobierno “que llegue a acuerdos para que la ciudad no se pare”.

El debate del cartapacio ha acabado con unas palabras tristes de Pisarello. “No queríamos llegar aquí” pero tampoco ha dado la impresión de que le importara demasiado porque sibiilinamente ha reprochado al PSC que había hablado bien del trabajo hecho mientras ha gobernado con Colau. Simultáneamente, desde su sillón en la bancada de la oposición, Collboni le iba respondido que “no” gesticulando con la mano con marcada vehemencia.

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