Ada Colau se enfrenta ante su gran reto: la reactivación de Barcelona, muy castigada por la crisis del coronavirus, en los dos años que le quedan de mandato. Su empatía con los sectores económicos es mínima y la ciudad necesita un plan para superar la coyuntura más difícil de las últimas décadas. La inseguridad, el urbanismo táctico y la movilidad serán otros asuntos clave que premiarán o castigarán a la primera alcaldesa de la historia de Barcelona.

En seis años como alcaldesa, la gestión de Colau suscita muchas dudas en amplios sectores de la ciudad. El rechazo crece día tras día, aunque nadie cuestiona su carisma. Colau, aseguran los comunes, es su única carta ganadora para las elecciones de 2023 y fuentes próximas a la primera edil aseguran que repetirá como candidata. Sin embargo, no descartan un relevo a los dos años, en caso de victoria. Janet Sanz, teórica mano derecha de Colau, tiene muchos detractores y no tiene la mejor sintonía con la alcaldesa.

LA CRISIS DEL TURISMO

La recuperación económica preocupa a amplios sectores de la ciudad. La crisis del turismo afecta a hoteles, restaurantes y comercios. Los locales del centro son los más castigados y todos asumen que la recuperación, en el mejor de los casos, no llegará hasta 2022.

Un grupo de turists, con mascarilla, pasea por el centro de Barcelona / EFE



“La recuperación económica centrará las prioridades del gobierno municipal hasta 2023”, sostiene Montse Ballarín (PSC), concejal de Comercio, Mercados, Régimen Interno y Hacienda. En las últimas semanas se ha constatado las discrepancias entre los dos socios de gobierno en algunos asuntos clave como la ampliación del aeropuerto y la construcción del Hermitage, que tendría un gran impacto económico para la ciudad y generaría 400 empleos.

DESIGUALDADES ENTRE BARRIOS

Luz Guilarte, presidenta del Grupo Municipal de Ciutadans en el Ayuntamiento de Barcelona, denuncia que el actual gobierno municipal “se está cargando las inversiones para Barcelona”. “Con Colau hay más paro y crisis económica. Y, peor aún, más desigualdades entre barrios”, añade Guilarte, quien acusa a Collboni de ser cómplice de la mala gestión de la alcaldesa.

Óscar Ramírez, concejal del PP, pone el foco en el turismo, que representaba, aproximadamente, el 14% del PIB de Barcelona antes de que estallara la crisis del coronavirus: “Del turismo penden muchos sectores y Barcelona necesita un liderazgo fuerte, pero ya sabemos que los comunes tienen muchos complejos con la industria turística”.

EL FUTURO DEL AEROPUERTO

Jordi Matí, portavoz de Junts per Catalunya, coincide en el diagnóstico de Ramírez y agrega: “Los comunes, por naturaleza, son sectarios y no tienen amplitud de miras para gestionar los problemas de Barcelona”.

La terminal T-1 del aeropuerto de Barcelona-El Prat / WIKIPEDIA



En ERC abogan por reactivar la economía de Barcelona bajo un prisma “más social, mientras que Eva Parera, regidora de Barcelona pel Canvi, pide menos dogmatismo y una visión panorámica de la nueva realidad. Para ella, la ampliación del aeropuerto es fundamental: “Barcelona debe ser una gran capital económica, turística y cultural. Y para poder competir con las grandes ciudades de Europa, necesita un aeropuerto de primera. Posicionarse en contra de las nuevas inversiones y contra el talento sería un grave error”.

LA INSEGURIDAD

A los barceloneses, según el último barómetro del ayuntamiento, incluso les preocupa más la inseguridad que la recuperación económica. Los delitos crecen día tras día en Barcelona. El efecto Batlle se diluye, con los socialistas y los comunes discrepando de la fórmula ideal para contener los elevados índices de delincuencia que azotan a la capital catalana.

“Los delitos crecen y sin seguridad no hay recuperación económica”, esgrime Ramírez. “Colau y Collboni no han implementado un plan de seguridad”, denuncia Guilarte. En Junts per Catalunya y en Barcelona pel Canvi también piden “más determinación” para luchar contra la inseguridad y recalcan que el actual escenario perjudica, básicamente, a clases bajas.

LAS OKUPACIONES

Parera también acusa a Colau de ser muy permisiva con las okupaciones ilegales de viviendas: “Es uno de los grandes fracasos de su mandato. En ocasiones incluso se han hecho talleres, en locales del ayuntamiento, sobre cómo realizar la okupación de una vivienda. La propiedad privada es sarada. Si perdemos este pilar, la ley de la selva será la única que imperará en Barcelona”. “Desde Barcelona se ha alentado y promocionado la okupación con Colau de alcaldesa”, asegura Ramírez.

Coches circulando por la calle Consell de Cent / JORDI SUBIRANA



La movilidad es otro foco de tensión entre los mismos socios de gobierno, que también discrepan del urbanismo táctico de los comunes para combatir la contaminación. “La pandemia fue la excusa para realizar obras en la ciudad que no tenían ningún sentido y que dificultan la circulación de los vehículos”, incide Parera. “Se están cargando Barcelona, que en Barcelona volverá a ser un caos”, apunta Guilarte, quien califica la movilidad de la actual alcaldesa de “desastre”. “Es una concatenación de improvisaciones, de chapuzas y falta total de visión”, añade la líder de Ciutadans.

LA MOVILIDAD SE ATASCA

“Barcelona tendrá problemas muy graves de movilidad cuando se recupere la normalidad”, incide Martí, de Junts per Catalunya. En el PP, Ramírez pide más gestión y menos dogmatismo. Y recalca: “En Barcelona pueden convivir todos los vehículos y las motos son más solución que problema”. En los últimos meses, colectivos de motoristas están muy molestos con la obsesión del gobierno municipal de multar a las motos estacionadas en las aceras.

En los primeros dos años de su segundo mandato, Colau ha contado con la complicidad de ERC, con un Ernest Maragall muy diluido como teórico jefe de la oposición. “ERC, hasta ahora, ha sido más socio que oposición, pero no podrá seguir con la misma actitud ahora que empieza una nueva etapa en la Generalitat”, señala el portavoz de Junts per Catalunya.

EL PAPEL DE ERC

Ramírez ahonda en la misma tesis. “ERC es la muleta de Colau, pero los republicanos y los socialistas saben que se está generando un amplio movimiento de rechazo a la actual alcaldesa”, argumenta el concejal del PP. “En Barcelona hay un gobierno tripartito”, sentencia Guilarte.

Colau y Maragall se saludan con una vista panorámica de Barcelona al fondo / FOTOMONTAJ



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En ERC, mientras, fuentes del partido aseguran que en los próximos meses pasarán “de las propuestas a la exigencia, del impulso a la alternativa”. Las  mismas garantizan que presionarán a Pere Aragonès, presidente de la Generalitat, para que aumente las inversiones del Govern en Barcelona: “A diferencia de la actitud autocomplaciente de comunes y PSC con el gobierno de Madrid, en ERC seremos propositivos y exigentes con el gobierno de la Generalitat”.

El mensaje de ERC no parece inquietar mucho, de momento, a Colau, que también deberá gestionar la unión del tranvía por la Diagonal y la construcción de vivienda social, posiblemente la gran promesa incumplida por la alcaldesa. A menos de dos años para otras elecciones municipales, Colau deberá decidir si mantiene sus tics activistas o ejerce de alcaldesa de todos los barceloneses para superar la crisis sanitaria-económica-social del coronavirus.

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