La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha cosechado una intensa agenda social durante las últimas semanas. Faltan dos años para las elecciones municipales, pero sus rivales la acusan de comenzar una campaña de imagen de cara al año 2023 para contrarrestar el terreno perdido por la gestión de la ciudad y recuperar su reputación. “Donde haya una cámara, allá está. Ya no mira con lupa los actos a los que va, sino que ahora se abona a todos”, critica un concejal de la oposición a Metrópoli. Representantes de varios partidos subrayan que Colau no parece dispuesta a perderse ningún acto social a partir de ahora. Ni siquiera los del estilo capitalista, de los que abominaba cuando llegó al sillón de alcaldesa.

“Se nota que se siente a gusto ahora entre las fuerzas vivas de la sociedad”, critican. Una muestra de ello es el reciente congreso del Mobile, en el que compartió mesa con el Rey Felipe VI, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente del Govern, Pere Aragonès. Una de las primeras iniciativas que llevó a cabo cuando llegó al Ayuntamiento fue, precisamente, retirar el busto del Rey del salón de plenos del consistorio, remarcando su carácter republicano y antimonárquico. Ahora, ya se siente más cómoda con el Monarca. “La casta ha tocado a su puerta y ella está encantada”, ironiza uno de sus rivales políticos.

EL ‘CORAZÓN PARTÍO’

Pero lo mismo ocurrió con el Mobile: tras ser elegida alcaldesa, manifestó su deseo de realizar una auditoría y de echarlo de Barcelona, ya que representaba el progreso capitalista, con el que los comunes no están de acuerdo. Este año, vistió sus mejores galas para asistir a su inauguración. Es evidente, pues, que de rechazar prácticamente todos los actos protocolarios a los que estaba obligada por su condición de alcaldesa ha pasado a buscar la foto continua.

Pero Colau tiene ya el corazón partío. Muy poco antes de cenar con el Rey, se instruían los últimos compases del juicio contra el portavoz del Sindicat de Llogaters, Jaime Palomera, y dos militantes más de este colectivo, acusados de “desobediencia civil pacífica en defensa del derecho a la vivienda”. Esa es la calificación de la alcaldesa, que mientras departía con el Monarca subía a su canal de Telegram un largo comunicado solidarizándose con Palomera. Le recordaba que “desde el Ayuntamiento, hemos multado con 180.000 euros a los propietarios del acoso inmobiliario y nos hemos reunido con la propiedad para que retiren las acusaciones contra Jaime, Alpha y Fran”, decía Colau. Recordaba también que tiene “competencias limitadas” en vivienda y se solidarizaba con los acusados, a los que les piden tres años de cárcel. “Después de 6 años como alcaldesa, he constatado que una de las principales amenazas a los derechos fundamentales y la convivencia en nuestra ciudad es, sin ningún género de duda, la especulación inmobiliaria”.

“LE PUDO SU EGO”

Desde la oposición, cargan contra su afán de protagonismo. “Cuando el Barça femenino hizo triplete y fueron recibidas por los responsables de las instituciones, se vio de qué pie cojea cada uno: el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, se hizo la foto de rigor, pero cedió el protagonismo a las jugadoras, situándose en un segundo plano. En cambio, Colau se colocó en primera fila y en el centro de la foto, como si ella fuera la homenajeada. Le pudo su ego”, critica una fuente de JxCat.

Ada Colau, en un encuentro con Pedro Sánchez / EFE



“El protagonismo le puede”, enfatiza otro representante de la oposición, mientras recuerda que en sólo una semana realizó dos declaraciones institucionales solemnes. La primera, fue con motivo de los indultos a los presos del 1-O. La segunda, con motivo del Día del Orgullo LGTBI. “Nunca había hecho una declaración tan institucional por el Día del Orgullo LGTBI, pero he pensado que el momento lo requiere”, escribió en su cuenta con una expresión sobrada de altanería.

ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

Pero hay un detalle que no pasa desapercibido para los independentistas. “Hizo una declaración institucional para quedar bien de cara a la galería, pero no ha recibido a los presos, como han hecho otros responsables de instituciones”, le echan en cara. Quim Forn, que había sido el virtual candidato de JxCat en las últimas elecciones municipales (a pesar de que estaba en prisión, él encabezó la candidatura y Elsa Artadi iba de segunda), pidió a Colau que reciba a los presos indultados por el gobierno central. La alcaldesa ha hecho oídos sordos. Al menos, de momento, aunque el soberanismo la ha puesto entre la espada y la pared.

El actor Lluís Marco añadió leña al fuego hace unos días, cuando denunció que Colau sólo lo había invitado a él y no a su mujer a la inauguración del Festival Grec. Un sector del independentismo hizo causa de la anécdota y crucificó a Colau. “La señora Colau me ha invitado al Grec a mi solo y me pide disculpas por no invitar a mi pareja, con lo que me siento discriminado como hombre. Son los nuevos tiempos de la España monárquica. Este año no voy al estreno del Grec”. Y, evidentemente, no fue.

Ada Colau saluda a Joaquim Forn durante el pleno de investidura / EFE



Desde el consistorio se quita hierro al asunto, porque la invitación, a pesar de ir firmada por la alcaldesa, forma parte del mailing que tienen los responsables del Grec y en su redacción y envío no ha participado Colau. Pero advierten que el aforo es reducido y, además, Marco ha sido uno de los privilegiados que han tenido entrada y gratis, por lo que su queja está fuera de lugar.

ACUSACIONES DE VANIDAD

El independentismo es quien más se encarniza con la alcaldesa. Freddy Bentanachs, uno de los totémicos activistas soberanistas, fundador de Terra Lliure, se quejaba hace sólo unos días de que “Ada Colau y los de En Comú Podem son el Ibex igual que Vox, para desmontar al pueblo. Ahora seguimos, desbordamos y vencemos. 1-O, ni olvido ni perdón”. El expodemita Albano-Dante Fachín, su compañero de filas en otros tiempos, hacía piña con Bentanachs: “Qué triste ver a Ada al otro lado de la línea policial. Del lado del Ibex, Fomento, la Monarquía, los represores y las empresas que desahucian y cortan servicios a la gente. Triste”. Y luego sentenciaba: “Al final, los equidistantes han acabado del lado de los monárquicos”.

Hay otros dos detalles por los que Colau es vilipendiada por el independentismo: su histórica negativa a recibir cruceros en Barcelona y su rechazo al Hermitage, que cuenta con el aval de todos los sectores políticos y culturales salvo los de los comunes (y curiosamente ERC). “La vanidad de la alcaldesa no tiene límites. Con el tema del tranvía se vio: ya hubo un referéndum y los vecinos votaron en contra, pero ella está dispuesta a romper Barcelona por la mitad con un transporte decimonónico, no pensado para una ciudad moderna. Hay alternativas más económicas y sostenibles. Otro de los temas donde cada día saca pecho es la zona de bajas emisiones: se ha demostrado que apenas ha afectado a la calidad del aire, según la Agencia de Salud Pública de Barcelona, pero ella insiste. ¿Y los que no se pueden cambiar de coche pero necesitan ir de reparto? ¿Qué hacemos con ellos?”, explican desde la oposición.

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