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Competitividad, sostenibilidad y talento: retos para las empresas en 2026
"Hoy, ante la escasez de profesionales en muchos sectores, es el talento quien elige dónde quiere trabajar, por lo que es imprescindible desarrollar una adecuada estrategia como marca empleadora"
El año 2026 se perfila como un año complejo para el mundo de la empresa. A pesar de que diversas instituciones y medios de prestigio como The Economist con su informe especial The World Ahead 2026 o el informe de Perspectivas Económicas 2026 del BBVA Research apuntan a que seguiremos en un contexto de crecimiento aunque moderado --pasando del 3,3% en 2024 al 3,0% en 2025 y al 3,1% en 2026 a nivel global-- y en caso de España un crecimiento previsto del 2,3% para 2026, conviviremos con numerosas fuentes de incertidumbre.
Por un lado, las tensiones geopolíticas y políticas, tanto globales como locales, por otro, los cambios tecnológicos, sociales y culturales en el seno de nuestras sociedades. En el mundo de hoy las empresas ya no compiten únicamente por ganar cuota de mercado, tienen que hacerlo siendo relevantes, resilientes y legítimas en aquellos territorios y comunidades en los que operan.
Además de tener la capacidad de comprender y anticiparse, en la medida de lo posible, a los impactos en las cadenas de valor en las que operamos debido a los cambios geoeconómicos y geopolíticos, que no dependen de la capacidad de las empresas, hay dos grandes retos que se consolidan como determinantes de la competitividad empresarial: la sostenibilidad y el talento. No son desafíos aislados, sino dimensiones interconectadas.
La competitividad en este año 2026 va a ir mucho más allá de la eficiencia en costes o de la capacidad de escalar. Nuestras empresas compiten en mercados volátiles, con cadenas de suministro frágiles y sociedades hiperconectadas e informadas.
La verdadera competitividad residirá en buena medida en la capacidad de adaptación, esto es, anticipar cambios regulatorios, responder a nuevas expectativas sociales y transformar modelos de negocio antes de que lo haga la competencia.
Hoy la competitividad exige contar con una mirada sistémica en la que la colaboración con otras empresas y startups, universidades, grupos sociales, etc., se convierte en una palanca estratégica. Competir también implica saber cooperar.
Otro de los grandes vectores de competitividad seguirá siendo la sostenibilidad. Si bien es percibida por algunos como un coste o una imposición regulatoria, se consolida como un factor central de creación de valor. La sostenibilidad ha dejado de ser un relato y se convierte en una competencia estratégica.
Ya no se limita al ámbito medioambiental, sino que incluye también la dimensión social y de gobernanza, desde la gestión responsable de las cadenas de suministro hasta la transparencia, la diversidad o el impacto en el territorio.
Las empresas que no integren estos criterios de forma auténtica corren el riesgo de perder reputación, acceso a financiación y, en última instancia, competitividad. Hacer negocio de forma sostenible implica innovar en productos y servicios, rediseñar procesos, medir impactos y tomar decisiones a largo plazo.
Finalmente, además del gran vector que es la tecnología, que avanza a gran velocidad con la irrupción de la IA, la batalla por el talento se ha convertido en uno de los principales retos para la competitividad empresarial.
El reto ya no es solo atraer talento, sino desarrollarlo, comprometerlo y retenerlo en un contexto de cambio cultural profundo. Nuestras organizaciones necesitan profesionales con nuevas competencias, pensamiento crítico, capacidades digitales, liderazgo adaptativo y habilidades sociales.
Captar y retener ese talento cada vez es más crítico. Las nuevas generaciones demandan mucho más que estabilidad laboral o un salario digno. Quieren trabajar en empresas con un propósito reconocible, flexibilidad, aprendizaje continuo y coherencia entre los valores que la empresa comunica y los que realmente practica.
Hoy, ante la escasez de profesionales en muchos sectores, es el talento quien elige dónde quiere trabajar, por lo que es imprescindible desarrollar una adecuada estrategia como marca empleadora.
En definitiva, nos enfrentamos a muchos retos, pero a una sola agenda estratégica. Competitividad, sostenibilidad y talento no pueden abordarse por separado. Una empresa difícilmente será competitiva si no atrae talento; no atraerá talento si no ofrece un proyecto con propósito; y no será sostenible si no es económicamente viable.
El reto real para 2026 es alinear estos tres vectores en una misma agenda estratégica. El mercado no premiará a las empresas más grandes, sino a las más inteligentes, coherentes y adaptativas.
Empresas capaces de competir sin perder de vista su impacto en el territorio y en las comunidades en las que opera, así como de crecer sin descuidar a las personas.
Pau Solanilla es socio de la consultora Harmon.