Bandera de los Juegos Olímpicos
Los hibernados Juegos de Barcelona 26 y los ninguneados de verano de 2040
"La marca de Barcelona ha de ser la de capital del deporte y de excelencia. Precisa, además, de una inyección de autoestima, motor de transformación urbana y metropolitana, de cohesión social y de unidad para ser esa mejor Barcelona de la que siempre nos hemos enorgullecido y afianzar el ser nosotros y al entre todos"
De haberse cumplido las expectativas de algunos, Barcelona estos días estaría organizando los Juegos Olímpicos de Invierno. Todo empezó hace 16 años. Recuerdo que, el entonces alcalde Jordi Hereu, me telefoneó para notificarme que iba a anunciar la candidatura de la ciudad al evento para el año 2022.
En el 2011, ya con el alcalde Xavier Trias, la propuesta siguió su curso y dos años después mudó su horizonte temporal para el año 2026. Finalmente, la alcaldesa Ada Colau retiró la candidatura en el año 2017. Los comunes eran y son críticos de los grandes eventos internacionales, como sus antecesores de Iniciativa per Catalunya lo fueron con los Juegos Olímpicos de 1992. Por si fuera poco, el “procés” independentista lo intoxicaba todo.
Desde un primer momento fui escéptico a la propuesta y a medida que transcurría el tiempo me torné en crítico y reiteraba que era más conveniente y de interés barcelonés aspirar a revalidar la candidatura de verano para el 2036 o el 2040.
Ensamblar un proyecto de Barcelona con los Pirineos y hacerlo con la nieve por medio podría ser una ambición loable, pero difícilmente encajable. Parecía que nuestra ciudad era más un señuelo de atracción de la propuesta pirinaica que no un objetivo de transformación urbana propio.
Era preferible, a mi entender, centrar todo esfuerzo olímpico en una candidatura estival.
Si Paris ha vuelto a repetir unos Juego en el año 2024 y Los Ángeles lo hará en el 2028 por algo será. Barcelona tuvo su oportunidad, en el 92 y la aprovechó. Se recuperaron barrios y emergieron otros, se afrontaron infraestructuras como las Rondas o el nuevo aeropuerto y tantas otras. En una segunda edición de los Juegos podrían encararse las demasiadas asignaturas pendientes para una cohesión mayor de nuestra ciudad y de ella con la primera y segunda corona metropolitana.
En particular, la movilidad de proximidad, las Cercanías, con la prioridad del desplazamiento costero de la R1 y la parcial de la R2 Sud o el metro del Baix Llobregat, la prolongación de líneas ya existentes o el túnel ferroviario de Horta para fortalecer la conexión el Vallès, por ejemplo. Actuaciones construidas y renovadas que, junto a otras, den amparo a nuevos barrios en el entorno metropolitano.
Una “neo Barcelona´92” revulsiva y habilitadora de vivienda y para más equipamientos sociales. Inversiones, obviamente, a adicionar a las que entonces ya deberían estar inauguradas con anterioridad y a pleno rendimiento: la Estación de la Sagrera, la nueva de Francia del siglo XXI, un aeropuerto en plenitud y hasta la línea 9 tras acumular lustros de retrasos y sobrecostes o unos Ferrocarrils inversores en nuevas actuaciones y que junto a una Rodalíes ya subsanadas sus deficiencias de servicio, mantenimiento y seguridad. Es destacable que las instalaciones deportivas de referencia, el Estadi de Montjuic y el Palau de Sant Jordi, solo precisarían su retoques.
La marca de Barcelona ha de ser la de capital del deporte y de excelencia. Precisa, además, de una inyección de autoestima, motor de transformación urbana y metropolitana, de cohesión social y de unidad para ser esa mejor Barcelona de la que siempre nos hemos enorgullecido y afianzar el ser nosotros y al entre todos.
Una apuesta tractora de inversión e ilusión. Sigo creyendo que otra Bacelona´92 debiera ser posible.