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Jaume Collboni durante la presentación del evento del Tour de Francia 2026

Jaume Collboni durante la presentación del evento del Tour de Francia 2026 AYUNTAMIENTO DE BARCELONA

Opinión

Collboni y Fernando Caballero: el momento ‘americano’ de Madrid que incomoda en Barcelona

"La fuerza de Madrid es hoy incuestionable. Y Barcelona aparece en un segundo plano, a pesar de iniciativas tan importantes como la celebración de los Premios Goya, el propio MWC, ser este año la capital de la Arquitectura o acoger la salida del Tour de Francia"

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Hay una recuperación de Barcelona. La ciudad está de vuelta, después de unos años de desasosiego y de tensión, en gran medida por el proceso independentista que se puso en marcha.

En contra de otras interpretaciones, el llamado procés fue consecuencia de la sensación –real, también—de que Barcelona perdía el pulso con Madrid. Sucedió lo mismo a finales de los años setenta y principios de los ochenta entre Toronto y Montreal, en Canadá. Y por ello Montreal, la capital del Quebec, se puso en marcha con –hasta ahora—dos referendos de independencia. El hecho es que la capital francófona dejó de ser –para siempre—el centro financiero del país, que se instaló en Toronto.

En Barcelona la mayoría de ciudadanos han pasado página. El camino ahora es otro, y se busca una ciudad más dinámica, con inversiones en tecnología, pero con la preocupación desde los poderes públicos sobre la falta de vivienda. Se pretende cuidar más a la población local, y ser restrictivos con aquellos inversores que deseen altos porcentajes de beneficio en perjuicio de los vecinos y vecinas de la ciudad.

La ciudad prospera. Hay proyectos interesantes, y el MWC acaba de cumplir veinte ediciones. Barcelona goza de una oferta de teatro, por ejemplo, de mayor calidad que Madrid. Y la respuesta del público así lo acredita. No tiene, claro, el Museo del Prado, que es un auténtico motor cultural y económico para la capital española. Pero, en la mayoría de ámbitos, hoy Barcelona funciona y bien.

Sin embargo, algo falla. O hay algo que no se podrá compensar. La fuerza de Madrid es hoy incuestionable. Y Barcelona aparece en un segundo plano, a pesar de iniciativas tan importantes como la celebración de los Premios Goya, el propio MWC, ser este año la capital de la Arquitectura o acoger la salida del Tour de Francia.

Y lo que inquieta es algo que ha teorizado el arquitecto y urbanista Fernando Caballero, plasmado en su libro Madrid DF, por qué Madrid debe consolidarse como la gran ciudad global del sur de Europa (Arpa). El alcalde Jaume Collboni tiene ese libro en su mesita de noche. Sabe que hay un debate latente sobre el llamado ‘momento americano’ que defiende Caballero.

¿Cuál es? El urbanista considera que Madrid puede competir ya con centros internacionales como Miami, que también puede codearse con Londres, y que, de hecho, los nuevos vientos mundiales van a favor de la capital española. Como sucedió siglos atrás, Madrid puede ser el gran centro del mundo latino. Y, desde esa posición, competir con las grandes aglomeraciones urbanas del mundo.

Y lo que sostiene Caballero es que las periferias deben admitir esa realidad y aprovecharse de ella. Defiende con pasión lo que impulsó Barcelona en su día, el área metropolitana, y pide que se consolide y adquiera más competencias. Esa fórmula, la de áreas metropolitanas, la quiere para España, con áreas interconectadas, que se complementen y colaboren.

Y que todas lo hagan con el gran centro que supone ese Madrid DF. No se trata de si gusta más o menos esa tendencia. Lo que plasma Caballero es que es lo que hay.

Su comentario, en una entrevista con Metrópoli, fue clarividente:

“No deja de ser irónico que quienes reclaman la injusticia del decrecimiento de la España vacía corran a reclamar el encogimiento de Madrid. Señores, no es Madrid la que chupa gente, es el mundo el que ya solo quiere relacionarse con un par de sitios en España, es el mundo el que no tiene tiempo para cincuenta provincias. El dilema que muchos ven entre su casa y Madrid deberíamos verlo como una oportunidad y si no lo vemos todos así caeremos en unas tensiones territoriales internas que, sin embargo, tienen su origen fuera de nuestras fronteras”.

Collboni insiste en potenciar el área metropolitana de Barcelona, porque es consciente de ese viento de cola que favorece a Madrid. Desea una mancha urbana potente, bien conectada, que pueda formar parte de esa red de grandes ciudades mundiales, que, de hecho, son hoy mucho más que ciudades, con dinámicas propias que las independizan tanto de los gobiernos regionales como de los nacionales.

En el caso de España, “es el momento americano”. Y Barcelona puede aprovecharse de él. Con un mundo que ha cambiado a gran velocidad en los últimos dos decenios, la propuesta de Caballero está muy presente en el Ayuntamiento de Barcelona.

Hay que actuar, con celeridad y con mucha ambición. Y, también, y eso es lo más difícil, con un gran atrevimiento.