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La Pedrera participa en la conmemoración del centenario de la muerte de Antoni Gaudí

La Pedrera participa en la conmemoración del centenario de la muerte de Antoni Gaudí EUROPA PRESS

Opinión

Barcelona se mira en El Poblenou

"Los datos son tan aplastantes que a cualquier barcelonés crítico con la saturación turística de la ciudad se le tienen que desvanecer todas las incertidumbres. Y, de pronto, verlo meridianamente claro: no hay remedio"

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Los responsables de las obras de la Sagrada Família se han llevado las manos a la cabeza cuando han visto el número de peticiones que han recibido para asistir a la basílica el 10 de junio.

El Papa pasará casi todo el día en el templo para inaugurar oficialmente la Torre de Jesús y para conmemorar el centenario de la muerte de Antoni Gaudí.

Si el viaje de Benedicto XVI en 2010 supuso una inflexión en la afluencia de visitantes hasta llegar a los casi cinco millones de 2025, ¿qué nos aguarda a partir de la visita de León XIV? Las solicitudes de ahora, casi con el mismo aforo, triplican las de entonces.

Será ingobernable. No ya para los administradores de la Sagrada Família o sus pobres vecinos, también para el consistorio. Se le irá definitivamente de las manos.

Los datos son tan aplastantes que a cualquier barcelonés crítico con la saturación turística se le tienen que desvanecer todas las incertidumbres. Y, de pronto, verlo meridianamente claro: no hay remedio.

De todos los barrios de Barcelona, Ciutat Vella, Sant Antoni y el Eixample son los que de forma más evidente han ido transformándose día a día desde 1993 –cuando se empezó a notar el efecto turístico de los Juegos Olímpicos-- en una especie de colonias al servicio del nuevo Vellocino de Oro.

Como El Poblenou lo fue de la industria textil, la metalurgia y el transporte en el siglo XIX. Le llamaban el Manchester catalán.

Pero a partir de los años sesenta del siglo pasado, este barrio del distrito de Sant Martí cayó en un declive profundo del que aún no ha terminado de salir. La competencia y la deslocalización generada por la diferencia de costes laborales terminaron con aquella etapa dorada. Entre 1960 y 1990, perdió 1.300 empresas y 15.000 habitantes.

¿Le podría ocurrir algo semejante a la zona central de Barcelona en un futuro más o menos lejano?

Es posible que, por su tamaño y su diversificación económica, lugares como París, Londres o Nueva York pudieran superar un cambio sensible del turismo, un giro drástico en la tendencia viajera actual. Cabe la posibilidad, incluso, de que Madrid también tuviera capacidad para sobrevivir por su condición de capital y sede de la mayoría de las grandes empresas, nacionales e internacionales.

Me temo que nuestra ciudad, que ha caído en el monocultivo, lo tendría bastante más difícil.