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El presidente de Junts, Carles Puigdemont

El presidente de Junts, Carles Puigdemont EFE

Opinión

¿Quo Vadis Junts?

"Creo que a estas alturas que el candidato sea Jordi Martí o Josep Rius es indiferente. Es un problema de actitud y de políticas. Por ejemplo, ¿por qué impiden desbloquear el límite del 30% en vivienda? ¿Por qué no son activos en los presupuestos o en políticas de futuro como la ampliación del aeropuerto o el consorcio de inversiones?"

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Jordi Basté, el líder radiofónico de Catalunya, nos despierta cada mañana con una pregunta. "A qui se li atravessarà aquest matí el xuixo? Se lo voy a copiar porque esta semana el xuixo, o su variante belga, se le atragantará a Carles Puigdemont viendo las encuestas del, poco sospechoso, diario Ara.

En catalanas debacle. Sin medias tintas ni paños calientes. Tortazo inmenso perdiendo la mitad de su representación y, para colmo, la izquierda aguanta.

Dicho sea de paso, ya sería hora de acordar unos presupuestos de forma inmediata y de crear las bases de un tripartito para mañana -próxima legislatura- para superar las palabras y las buenas intenciones, con hechos que bloqueen el crecimiento de la extrema derecha.

Junts de segundos, pasan a ser quintos en el ranking. ¡Ojo al dato!, detrás de Aliança Catalana y de Vox. En generales, podrían ser los árbitros pero el 60% de su electorado está hasta los “cataplines” de su política de bloqueo.

Esa política que Miriam Nogueras ha llevado hasta el paroxismo y que aporta entre poco y nada, más allá de los entusiastas titulares de la prensa madrileña, de derechas of course, que ven próxima la caída de Sánchez. De hecho, llevan tres años esperándola. Pero, no llega.

Con estas cartas de presentación en catalanas y generales no se augura nada bueno en la primera cita electoral: las municipales. No pintan nada bien. En el área metropolitana las encuestas auguran lo peor, y en la Catalunya interior ERC sube -le birla un 12% de sus electores- y Aliança Catalana espera entrar como elefante en cacharrería.

No por candidatos, que no brillan, sino porque su marca tiene el viento de cola.

Dicen los demoscópicos que el éxito de Aliança Catalana se situará en el Eix Transversal, a C-25 de Lleida a Girona, ahora feudo juntero. Otra mala noticia.

Con el xuixo atragantado y con sudores, Puigdemont, que vive en su propia burbuja, espera el milagro en Barcelona. Pero, ni el Papa dedicado full time lo podría conseguir. Las encuestas reflejan también un bajón y de tal calibre que los puede convertir en una fuerza residual.

Creo que a estas alturas que el candidato sea Jordi Martí o Josep Rius es indiferente.

Es un problema de actitud y de políticas. Por ejemplo, ¿por qué impiden desbloquear el límite del 30% en vivienda? ¿Por qué no son activos en los presupuestos o en políticas de futuro como la ampliación del aeropuerto o el consorcio de inversiones? Nadie lo entiende y su electorado tampoco.

En esta legislatura no han sido ni gobierno ni oposición. Solo han protagonizado patadas de banco o como me decía un alto cargo municipal “pellizcos de monja” al alcalde Collboni que nunca pensó que con 10 concejales pudiera gobernar de forma tan plácida.

Puigdemont tiene la espina clavada de perder la alcaldía de Barcelona y esa espina lo tiene inmovilizado y a su partido noqueado con unas expectativas que lo pueden dejar en 4 regidores.

A Elsa Artadi se la pulieron porque esos eran sus números y la relevaron por Trias. Pero, ahora, no tienen a Trias y, peor, Colau no es la alcaldesa de Barcelona.

¿Quo Vadis Junts? Es una pregunta sin respuesta. El tiempo apremia y cada día que pasa la oscuridad del túnel se acentúa pero en Junts no hay nadie que se atreva a decirle al líder que no está estupendo sino que está desnudo.

Puigdemont todavía se piensa que está en la Catalunya de 2017 o en la Barcelona de 2023. Y eso ya no existe.