Alumnos de selectividad en 2025 Barcelona
Así asesinan la ortografía
"La generación que se examina usa un lenguaje triturado en la mensajería móvil y las redes sociales. Ven faltas de ortografía sin corregir en rótulos de televisión. Sucumben al ridículo de 'palabros' cursis como 'cari', 'finde', 'porfi', 'divi' o 'pegé' (Paseo de Gràcia)"
Para desorientar y estresar más a los estudiantes que se enfrentan a las pruebas de Selectividad (PAU), basta con ver las instrucciones del Departament de Recerca i Universitats de la Generalitat de Catalunya sobre cómo penalizar los errores gramaticales.
Informa de que se aplicará “un descuento de 0,1 puntos por cada “error de normativa (gramatical, léxico y ortográfico)”. Pero los criterios están redactados de tal modo que dan pie a diversas interpretaciones.
Los datos aportados por Unportal, especializado en asuntos universitarios, demuestran que las interpretaciones son muy subjetivas. Y confirman el viejo adagio que dice: “Todo profesor de gramática puede suspender a otro profesor de gramática”.
Esto, que también ocurre en asuntos de lengua y lingüística, resulta escalofriante a la hora de puntuar asignaturas como Biología, Funcionamiento de la Empresa, Diseño de Modelos de Negocio, Geografía, Química, Matemáticas, Análisis Musical, Artes escénicas…
En previsión de otra catástrofe anunciada, se establece que las faltas y errores ortográficos penalizarán un máximo del 10% de la nota total. Lo cual, paradójicamente, da un valor prácticamente insignificante al bien escribir y al bien expresar.
Para más contradicciones, el tope del 10% se aplica a las asignaturas consideradas de letras. Como Catalán y Castellano. Materias en las cuales habría que ser más exigente.
Pero no, sino al contrario. En Filosofía, las faltas de ortografía y de mala presentación solo pueden restar 0,25 puntos en el total del ’examen. Absurdo e injustificable cuando se trata de enseñar y aprender a pensar y razonar.
En Matemáticas no se precisa si la llamada “falta de corrección” incluye la ortografía. En Ciencias Generales el redactado es impreciso y redundante. En Química no se especifica cómo se penalizarán los errores ortográficos…
Todo cuando Catalunya, en las pruebas PISA del 2022, obtuvo un desastre histórico en comprensión lectora. Por debajo de la media de España, la Unión Europea y la OCDE. Al nivel de Ceuta y Melilla. Muchos de los examinados son víctimas del lobby Fundació Bofill.
Un problema de fondo es el debate entre los protectores de la norma académica y la uniformidad, y los defensores de una simplificación radical de la ortografía. Los primeros opinan que la buena escritura es cuestión de precisión y respeto.
Sus contrarios sostienen que las reglas complejas son una barrera y la escritura debería reflejar la oralidad. Citan a García Márquez: “Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna.” “Mi ortografía me la corrigen los correctores de pruebas”.
Y a Juan Ramón Jiménez por el asunto de las jotas. “Me divierte ir contra la Academia y que los críticos se molesten conmigo”. O bien: “Mi jota es más higiénica que la ge blanducha”. Pero los aspirantes a universitarios no tienen el lujoso nivel de ambos premios Nobel.
La generación que se examina usa un lenguaje triturado en la mensajería móvil y las redes sociales. Ven faltas de ortografía sin corregir en rótulos de televisión. Sucumben al ridículo de palabros cursis como “cari”, “finde”, “porfi”, “divi” o “pegé” (Paseo de Gràcia)…
Además de anglicismos, supuestos lenguajes “inclusivos”, emoticonos y símbolos que sustituyen palabras y sentimientos. Y para desgraciar aún más la ortografía, ahí está el Departament de Recerca i Universitats de la Generalitat de Catalunya.
P.D. Cabe esperar que el vandálico docente de Lleida que quemó una barricada de pupitres, sillas y mobiliario escolar – bienes públicos– no forme parte de los correctores. Por si acaso.