Pásate al MODO AHORRO
Incendio en Plaça de Sants

Incendio en Plaça de Sants CEDIDA

Opinión

Sants está que arde

Publicada

El barrio de Sants está que arde. Y no sólo por el escape de gas del pasado miércoles. El punto culminante se produjo a las once de la noche, pero a lo largo de toda la tarde los vecinos explicaban en las redes que donde se realizan los trabajos de mejora del metro había un potente olor a gas.

El incidente coincide con el hundimiento de parte de las obras ferroviarias en Montcada, donde el socavón tenía tales dimensiones que se tragó una grúa. En esta ocasión, a diferencia de lo ocurrido en Sants, sin víctimas personales.

Y llueve sobre mojado. Es un decir, porque hace tiempo que no cae ni una gota: el pasado 7 de julio las obras de la línea 9 causaron un hundimiento en el Putxet, afectando a ocho edificios y 93 viviendas, cuyos residentes tuvieron que ser desalojados durante días.

Conviene no olvidar que todas las obras públicas van acompañadas, antes de su adjudicación, del estudio de una ingeniería sobre las condiciones de la actuación. Nadie se pone a cavar zanjas al buen tuntún.

Pero la naturaleza es muy suya y casi siempre se impone sobre los designios del hombre. Quien dude de ello, puede comprobar cómo una y otra vez los torrentes recuperan sus cauces y el litoral se come las playas ganadas artificialmente.

Es muy difícil para los geólogos precisar la composición última de los terrenos, sometidos a constante transformación.

Esta justificación puede servir para Montcada y El Putxet. No así para Sants donde o falló la información sobre las instalaciones o falló la comunicación entre ingenieros y operarios. O las dos cosas. Y, por supuesto, con la excepción de TMB que cerró parte de las obras, se prestó poca atención a las quejas de los ciudadanos que durante varias horas señalaron la existencia del escape en una página que muchos vecinos comparten en Facebook.

Los comentarios, sobre todo tras la deflagración, se repartían entre la queja y el miedo, junto a una abierta indignación.

En esa misma cuenta hay desde hace tiempo un debate sobre la peatonalización de la carretera de Sants durante los fines de semana. En días pasados, la polémica se había avivado tras el anuncio de Ayuntamiento y TMB de que las obras en la línea 1 del metro comportarían que durante un tiempo el tramo entre la plaza de Sants y Badal dejara de ser peatonal los fines de semana para que operen con más facilidad los autobuses de la línea H10.

Esta línea nace en la plaza de Sants desde donde parte, vía calle de Sant Antoni, hacia el centro de Barcelona. El giro que realizaba era verdaderamente complicado, para el conductor, porque el vehículo apenas cabía, y para el resto del transporte, porque al hacerlo bloqueaba la calle.

Las obras actuales impiden ya el giro por completo, de modo que se ha optado por alargar su trayecto hasta la rambla de Badal, junto a la estación de Mercat Nou, actualmente cerrada por las obras entre Sants y La Florida.

Para que pase el autobús, ese tramo deja de ser peatonal los sábados y los domingos.

Los amigos del coche lo ven como el principio del fin de la peatonalización. Los partidarios de vivir, aunque sólo sea un par de días por semana, sin ruidos ni humos y con espacio para viandantes de todas las edades, lamentan la decisión y esperan que se revierta pronto.

Los vecinos de Les Corts, que ya en su día se movilizaron sin éxito para que el H10 siguiera circulando por la avenida de Madrid, lamentan que no se haya aprovechado para recuperar el antiguo trazado ya que sólo disponen de la línea 54, que va como va.

La ciudad es un millón de anhelos, que decía Arribas Castro. Algunos son incompatibles, aunque armonizables. Si hay voluntad y no se impone el ordeno y mando.

Coinciden en Sants varias actuaciones: además de las de la línea 1, que ha requerido que la unión de Sants y La Florida se haga por superficie, la reforma de la plaza y la adaptación de los accesos de las líneas 1 y 5 a personas con movilidad reducida.

Lo que no estaba previsto es que la cosa estallara por el desconocimiento del subsuelo. Lo que no estaba previsto es que se produjera una llamarada real que resulte un triste símbolo del fuego que arde en Sants, fruto de diversas incomodidades, en su mayor parte ajenas a TMB y a las obras que se realizan.

Hay pocas dudas respecto a que, cuando todo acabe, la situación será mejor. Pero frente a ese futuro mejorado se alza un presente en el que la falta de confianza en las obras públicas genera inseguridad y miedo. Malos caldos de cultivo para la convivencia tranquila.