El periodista Josep Maria Cadena
Barcelona pierde al patriarca del periodismo
Josep Maria Cadena, padre encarcelado por el franquismo. Familia humilde. Beca de mil pesetas mensuales para vivir y estudiar en Madrid. Hambre, miseria y compañía de posguerra. De demócrata y catalanista en la clandestinidad, al periodismo VIP de las salas y galerías de arte
La muerte del periodista Josep Maria Cadena (1935-2026) deja a Barcelona sin gran parte de su historia y su memoria. Último miembro de la generación de periodistas nacidos durante la Segunda República, ha sido el referente de la prensa crítica y libre.
Definido como “Archivo con piernas”, “Sabelotodo” o “Maestro de maestros”, siempre negó ser maestro de nada ni de nadie. Únicamente se autodefinía como “un hombre que ayuda”. Entre sus ayudas, la memoria colectiva de la ciudad y sus circunstancias.
Porque Cadena practicaba la polihistoria del filósofo alemán Schopenhauer. Que significa un conocimiento enciclopédico de disciplinas tan diversas como la filología clásica y contemporánea, la música, las artes, la filosofía…
El Sabelotodo era el título de sus artículos en El Periódico. Los lectores preguntaban mediante cartas o teléfono. Él respondía sobre cualquier asunto o duda antes del invento de Internet. Su biblioteca y su colección de arte llenan un piso del Eixample. Otro era el familiar.
Persona de una erudición admirable, practicó el voluntarismo en los diarios donde trabajó, pero no el pesimismo de la polihistoria. Optimista ante las peores situaciones, quedan sus historias y tratados sobre la prensa de humor de Catalunya y sus dibujantes.
Siempre de buen genio, practicaba la definición de Valle Inclán, que dice: “El periodismo es travesura, lo mismo que la política. Son el mismo círculo en diferentes espacios”.
Cadena le añadió: “El hombre es un ser que piensa y juega… De donde me aburro, me voy”. Así se tomaba tanto a la profesión como las cosas que ocurrían en las calles de Barcelona y Catalunya.
Bajo su sonrisa, la ironía. “Los únicos ahorros de los periodistas son las indemnizaciones por despidos”. Y a los novatos que se quejaban de todo: “¿No os dais cuenta de que trabajamos en Manhattan?” (Redacción de El Periódico, calle del Comte d'Urgell, Eixample.)
Padre encarcelado por el franquismo. Familia humilde. Beca de mil pesetas mensuales para vivir y estudiar en Madrid. Hambre, miseria y compañía de posguerra. De demócrata y catalanista en la clandestinidad, al periodismo VIP de las salas y galerías de arte.
Premi Ciutat de Barcelona de Periodisme, Premi Gat Perich, Premio Nacional de Cultura, Creu de Sant Jordi “por sus artículos que han divulgado nuestra historia y nuestra cultura y por el espíritu incisivo y las novedades eruditas de sus críticas de arte”.
Autor de más de ochenta libros de arte e historia, el día de Sant Jordi montaba su propia parada. A pie de calle, como su periodismo. En su salsa junto a sus lectores. Cerca del puesto de Josep Maria Espinàs, colega y sin embargo amigo.
Sus compañeros generacionales: Josep Pernau, Víctor Mora, Juan Marsé, Josep Faulí, Mateo Madridejos, Joan Anton Benach, Martí Gómez, Joan de Sagarra…Todos muertos. Cadena se quedó solo.
Cuenta su hijo Jordi que se ha ido en paz. “Bien atendido, satisfecho de su vida y de tanto trabajo como ha hecho”. Sin funerales ni ceremonias. En la intimidad familiar. A los 90 años, cuando el diario Avui, que creó, cumple y celebra medio siglo.
Se le añora cada vez que se consulta su clásico y muy útil Dia a dia. Calendari de fets Històrics Catalans (1983). Y se recuerda aquella su lección que dice: “La vida de un periodista no tiene ninguna importancia si no es para explicar la vida de los demás”. Así era.