León XIV preside la ceremonia central en la Sagrada Familia del día 10 de junio de 2026 EFE
La Sagrada Família se nos ha ido de las manos
"La basílica ya ha tomado vida propia, se ha hecho independiente de Barcelona. Ninguna de las grandes obras de los arquitectos contemporáneos, por más espectaculares que sean, goza del tirón popular y la admiración de esta"
A principios de 1993 ya se veían turistas con planos en las manos atravesando el Eixample desde Ciutat Vella o Paseo de Gràcia camino de la Sagrada Família. Los Juegos Olímpicos del año anterior la habían impulsado como atractivo turístico.
El segundo gran empujón se lo dio la visita de Benedicto XVI, que acudió en 2010 para consagrarla como basílica y bendecir el portal de la Gloria, que algún día será la entrada principal y base de la nave central del templo.
Aquel viaje papal supuso un enorme espaldarazo gracias en muy buena medida a la excelente realización de los equipos de TV3, que distribuyeron la señal a todo el mundo. Las cifras de visitantes, y de recaudación, son evidentes: el crecimiento fue exponencial.
Si antes de los JJOO los turistas no pasaban del medio millón al año, en 1994 acudieron unos 700.000. Y de los 2,7 millones de 2009, el viaje de Ratzinger hizo que en 2011 ya fueran 3,2 millones.
Pabellón alemán en la Exposición Universal de 1929 en Barcelona, obra de Mies van der Rohe.jpg
Los actos presididos ahora por León XIV han dado un nuevo empuje de consecuencias difíciles de calcular. La televisión pública catalana ha vuelto a pasar la señal en un trabajo no solo de calidad, sino imprescindible para visitar de verdad la basílica.
Sus dimensiones y volúmenes no están hechos para el ojo humano. Están ideados desde una perspectiva tan celestial como aérea. Cualquier persona que haya estado en el interior del templo y que después lo haya contemplado en la pantalla puede pensar que no se trata del mismo lugar.
Las proporciones son mucho más sobrehumanas que las de las grandes catedrales. Con el añadido de que la masiva presencia de turistas impide una visión de 180 grados en las visitas presenciales.
La obra está inacabada, lo que hace más difícil orientarse dentro del templo. Ahora se entra por la puerta del Nacimiento, como si fuera la principal, cuando la más importante está por hacer. Los turistas acceden por el lado este de la sala del crucero y salen por el oeste.
Solo una visión aérea permite entender a la primera que la creación de Antoni Gaudí mira a la montaña desde el mar.
Está concebida para ser contemplada a centenares de metros de distancia, con una larga perspectiva artística que ahora no permiten las edificaciones de la calle Provenza, donde se sitúa el ábside; y tampoco las de la calle Mallorca, ubicación del portal de la Gloria, las últimas cuatro torres de apóstoles y la escalinata de la entrada noble.
Hay dos formas óptimas para visitar la Sagrada Família: con una afluencia moderada de turistas --imposible-- o través de la pantalla. Y esta segunda es tan efectiva que la transmisión del 10 de junio actuará, sin duda, como un fantástico spot publicitario en todo el mundo.
La basílica ya ha tomado vida propia, se ha hecho independiente de Barcelona. Le ocurre como a los restos de las ciudades griegas y romanas, a la muralla china, las pirámides o la Torre Eiffel. Ninguna de las grandes obras de arquitectos contemporáneos, como Le Corbusier o Mies van der Rohe, por más espectaculares que sean, goza del tirón popular y la admiración de esta.
Pabellón Le Corbusier en Zúrich.webp
Los acontecimientos que han atraído a la ciudad a millones de visitantes a lo largo de las últimas décadas han ido jalonando y construyendo la historia de esta obra de arte en el imaginario popular; una cosa ha traído a la otra.
A ello ha contribuido la promoción turística hecha por la propia Barcelona, la promoción puramente arquitectónica y también la eclesiástica; poco antes de fallecer, el papa Francisco elevó a Antoni Gaudí a la categoría de venerable. Hay quien le llama el Arquitecto de Dios. En 16 años la han visitado dos sumos pontífices.
El año pasado, casi cinco millones de personas pagaron la entrada al templo (134 millones de euros de recaudación). La Junta Constructora sostiene –o sostenía-- que es el límite de visitantes, que no pueden permitirse más. Sobre todo teniendo en cuenta que por cada uno de ellos hay cuatro que se quedan en los alrededores.
Una ciudad que no llega a los dos millones de habitantes recibe cada año 25 millones de personas para contemplar una atracción turística en pleno centro. El día 10 se cerraron las estaciones de metro que la rodean por motivos de seguridad; cuatro días después el barrio se volvió a clausurar porque alguien organizó una cabalgata de gegants desde la Pedrera hasta el templo expiatorio, donde hubo incluso discursos.
Los días 2, 4 y 5 de julio, la basílica, el paseo Gaudí y el recinto de Sant Pau serán abrasados innecesaria y gratuitamente por el Tour de Francia. Los vecinos no paran de llamar la atención sobre el colapso que padecen.
Esto no tiene marcha atrás. Se ha convertido en un artefacto que, definitivamente, se nos ha ido de las manos.