Carles Puigdemont, presidente de Junts
Martí le da un revolcón a Puigdemont
"El candidato Martí puede obtener un mal resultado, es lo más posible, pero el culpable del desaguisado es Carles Puigdemont, incapaz de gestionar las crisis desde la distancia e incapaz de percatarse de que su realidad ya está muy distorsionada"
Que Junts no está en su mejor momento lo rebelan los datos de sus primarias en Barcelona. 624 militantes participaron en la consulta del partido que ganó las municipales de 2023. Ganó Martí en voto militante y Carles Puigdemont sufrió un serio revolcón. Todos sus esfuerzos para dejar a Jordi Martí Galbis en la cuneta y designar a dedo un candidato quedaron en agua de borrajas por culpa de 253 militantes desalmados que se negaron a votar al “amado líder”.
Hace unos días, un exdirigente de Junts que ha vuelto a su actividad profesional privada un poco harto y chamuscado por su paso por la primera línea me decía que “ahora Puigdemont es un mártir y criticarlo es una herejía. Pero ya verás si vuelve. Le va a salir oposición por todos lados porque Junts es ahora un partido sin presidente, sin secretario general y sin secretario de organización”. El vaticinio es certero, pero la oposición en Junts al liderazgo mesiánico es un hecho.
Puigdemont lo intentó todo para evitar que Jordi Martí fuera el candidato. Ofreció la candidatura a diferentes personas que le dieron con la puerta en las narices. Solo le faltó contratar a un headhunter para fichar al no va más. Cuando fuera no encontró sustituto a un terco Jordi Martí, empezó a explorar por dentro y encontró, dada su sagacidad, tres candidatos: Pilar Calvo, Jaume Alonso-Cuevillas y Gloria Freixa. En primero de comunicación y estrategia política se estudia que para tumbar a un adversario hay que unir fuerzas. Eso en España, en Waterloo no deben dar la asignatura porque Puigdemont dividió el voto y, claro, perdió. Sea por bisoñez, o por incapacidad de unificar a sus cachorros, el trío alternativo perdió. Juntos hubieran ganado.
Jordi Martí Gabils, con Xavier Trias de entrenador y Artur Mas de ayudante, ha sido el primero en desautorizar a Puigdemont. Cierto que el candidato no tiene un grado de conocimiento suficiente -por debajo del 20%- y no tiene tirón popular, pero se conoce Barcelona. Los otros tres candidatos no hubieran pasado una selectividad municipal.
Tampoco parece que su gran rival en el segmento independentista de derechas, Jordi Aragonès, candidato de Aliança Catalana, sea un alumno aventajado en conocimiento de la ciudad. Su discurso no irá más allá de los manidos argumentos contra la inmigración, bien ligada con delincuencia, y de los supuestos valores de los catalanes primero. Pero Aragonès tiene el viento de cola y va a morder en el espacio neoconvergente que muestra síntomas de agotamiento, tanto de discurso como de líder.
Martí ha dicho, bajo el entusiasmo de su victoria en primarias, que quiere repetir la gesta de Xavier Trias y ser primera fuerza. No es por ser agorero pero el señor Martí no es Xavier Trias, en 2023 no existía Aliança Catalana y Colau ya no es alcaldesa.
El candidato Martí puede obtener un mal resultado, es lo más posible, pero el culpable del desaguisado es Carles Puigdemont incapaz de gestionar las crisis desde la distancia e incapaz de percatarse de que su realidad ya está muy distorsionada.
Su problema es sustanciar sus decisiones en los consejos de Jordi Turull, un secretario general inoperante. Recuerden al exlíder de Junts “no tenemos ni presidente, ni secretario general ni secretario de organización”. Cuánta razón tiene. Martí ha doblado el brazo a Puigdemont, pero los barceloneses le doblarán el brazo a Junts que brillará, por su irrelevancia, en el próximo consistorio.