Pásate al MODO AHORRO
Jaume Collboni durante la presentación del nuevo Sant Jordi Club

Jaume Collboni durante la presentación del nuevo Sant Jordi Club Ayuntamiento de Barcelona

Opinión

La Barcelona que viene

"La ciudad puede mejorar y la situación, a pesar del ruido mediático y judicial, no se percibe como desesperada, entre otras razones porque sus habitantes confían bastante en la gestión del equipo municipal"

Publicada

Las encuestas sirven para muchas cosas. Una de ellas, formular un diagnóstico del presente; otra, dibujar un futuro siempre incierto. Barcelona se describe regularmente a sí misma en el Barómetro municipal. El último se presentó la semana pasada y, como resumen, podría decirse que los barceloneses, en general, aunque soportan algunas incomodidades, no se disgustan.

La ciudad puede mejorar y la situación, a pesar del ruido mediático y judicial, no se percibe como desesperada, entre otras razones porque sus habitantes confían bastante en la gestión del equipo municipal.

No tiene nada de raro. Si se compara con Madrid, donde predomina el griterío, Barcelona con Collboni y Cataluña con Illa están recuperando la sensación de calma, sin llegar al oasis del pujolismo, ¡tan artificial!

Hay problemas, claro, pero los más importantes, la vivienda y la inseguridad, son sólo parcialmente locales. Los barceloneses se ven afectados, pero no están solos en sus sufrimientos.

La preocupación por la inseguridad es, además, probablemente coyuntural, al coincidir con varios enfrentamientos armados, en buena parte relacionados con el tráfico de drogas, una cuestión que, sin embargo, no figura entre las principales preocupaciones de los ciudadanos.

También el transporte, a pesar del colapso de los accesos viarios y los problemas ferroviarios, es un asunto menor a ojos de los barceloneses. Sólo el 1,2% lo apunta como problema, entreverado con las comunicaciones.

Algunas de las medidas municipales relacionadas con el problemático acceso a la vivienda, como la limitación a los pisos turísticos, son ampliamente aprobadas por la ciudadanía. Hasta el 70% de los consultados están a favor.

El dato coincide con el freno en los precios de los alquileres, consecuencia de los topes a los mismos. No es mucho, pero menos da una piedra y, desde luego, es más que el incremento registrado en las zonas donde el PP desprecia la medida.

El presente no es para entusiasmarse pero tampoco para tirarse por un barranco.

El barómetro también apunta al futuro. Y en ese futuro los ciudadanos prefieren que siga de alcalde Jaume Collboni. A gran distancia (hasta cuatro veces más) sobre los nombres siguientes: Ada Colau, Xavier Trias, Gabriel Rufián. Ninguno de los cuales tiene, al menos en principio, intención de presentarse.

Elisenda Alamany (ERC), Gerardo Pisarello (Comuns, o como se llame cuando llegue el momento) y Daniel Sirera (PP) quedan todos ellos por debajo del 2% en las preferencias de los ciudadanos.

El caso más patético es el del candidato de Junts, Jordi Martí, al que sólo prefiere como alcalde el 0,1% de los encuestados. A juzgar por los datos de recuerdo de voto, se diría que no lo aprecian ni los suyos. ¿Tendrá algo que ver en ello la inquina que le manifiesta Puigdemont?

Otro dato sorprendente, en lo que a los hipotéticos candidatos se refiere, es la valoración de Elisenda Alamany, que obtiene un 5,2, una décima por encima de Collboni. La cifra se explica porque la puntúan quienes dicen conocerla. El 85% de los barceloneses saben quién es Collboni. A Alamany la conoce el 42%.

Bien podría ser que ese desconocimiento no sea paralelo a su escasa aportación a la política municipal, sino a su tendencia a la discreción. Pasa por los sitios sin dejar huella. Eso sí, ha pasado por muchos sitios. Se ha apuntado a un montón de formaciones hasta encontrar unas siglas y un proyecto que la convencieran -o le convinieran-, a la sombra de un Oriol Junqueras en horas bajas. ¿Es este un comportamiento que antes se llamaba chaquetero?

El barómetro apunta el auge de Aliança Catalana, aupada sobre la denuncia de una supuesta e irreal amenaza de invasión por parte de inmigrantes subvencionados. Sin embargo, sólo un 7% de los barceloneses consideran que la inmigración sea un problema acuciante,

Preocupa más la invasión turística, por lo que supone de ocupación de los espacios públicos de la ciudad y por cómo incide en el precio de la vivienda y el coste de la vida. De ahí que, al tiempo que apoyan la regulación de los pisos turísticos, los ciudadanos aprueben ampliamente la limitación de los atraques de cruceros y el control de un fenómeno asociado: las tiendas abiertas durante 24 horas.

Así que todo apunta a un futuro tranquilo, para la ciudad y para su alcalde. Con un factor añadido: dado que el PP no tiene posibilidad alguna de acceder a la alcaldía, es de suponer que no va a mover a los jueces para que le busquen las cosquillas a Collboni.