Hombre entrega dinero en efectivo
El estigma de las deudas: ¿por qué los españoles esperan demasiado para pedir ayuda?
A lo largo de nuestra vida prácticamente todo el mundo necesita endeudarse en alguna ocasión, es importante saber gestionar correctamente tu economía para evitar llegar a situaciones límite
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Casi la mitad de los ciudadanos de nuestro país —el 46 %, según la Asociación Española de Consumidores— tiene deudas. Sin embargo, tal y como señala Forbes España, reconocer la situación de precariedad no es nada sencillo: el 10 % de quienes tienen deudas se sienten culpables por su situación, mientras que un 8 % dice estar avergonzado. Por este motivo, en lugar de pedir ayuda cuanto antes, posponen la solución lo máximo posible.
En inglés, hay un término que define muy bien lo que les sucede a quienes aplazan la ayuda: snowball. Un problema que snowballs, es un problema que empeora y se hace, cada vez, más y más grande, del mismo modo en que una bola de nieve aumenta sus dimensiones conforme le añadimos más nieve. Dicho de otro modo, lo que comenzó como una deuda se ha convertido en un sobreendeudamiento aún más difícil de solventar. El temor al qué dirán y la reticencia a reconocer la necesidad de solicitar ayuda han llevado a que la deuda de los hogares, en general, haya aumentado. Empresas como Bravo se dedican a ayudar a sus clientes a liquidar sus deudas y recuperar progresivamente el poder adquisitivo que tenían en un principio, así como ayudarles en su educación financiera. Y les hemos querido preguntar cómo se sienten muchos de sus clientes que acuden a ellos para pedir ayuda.
Deudas económicas: una nueva normalidad que cuesta asumir
No todo el mundo ha estudiado economía ni entiende conceptos técnicos como el de la inflación, que últimamente protagoniza tantos telediarios. Ahora bien, todos sabemos muy bien a lo que nos referimos cuando decimos «ha vuelto a subir el pan»: una vez más, los productos básicos se han encarecido. No es de extrañar que, dadas las circunstancias, el 29 % de los niños en España estén en riesgo de exclusión y que 2,5 millones de jóvenes sólo puedan optar a trabajos parciales con sueldos bajos. Así lo ha expresado Cáritas en su noveno informe FOESSA, y así lo respalda la OCU.
Sin embargo, aunque Cáritas insiste en el riesgo de endeudamiento y la OCU alerta sobre una recuperación lenta de la solvencia en las familias españolas, los endeudados aún se resisten a solicitar ayuda. La preocupación por lo que la gente pueda opinar, unida a la sensación de fracaso por no ser capaz de hacer frente a los gastos, es una de las razones por las que muchos no se atreven a librarse de sus deudas con créditos, préstamos o reunificaciones que las agrupen en una sola, para saldarla así poco a poco con cuotas mensuales más accesibles.
Fracaso, desamparo y soledad frente al endeudamiento
Estamos atravesando momentos vertiginosos: la pandemia, los conflictos bélicos que se están librando actualmente, la subida de la cesta de la compra... Todos estos detalles generan una atmósfera de inestabilidad que no ayuda a abordar el futuro con esperanza. Se trata de una sensación general que afecta también a las nuevas generaciones. Al respecto, la ONCE alerta sobre la soledad que el 69 % de los jóvenes españoles dice sentir o haber sentido en algún momento de sus vidas. Una de las medidas que la ONCE propone para paliar estos sentimientos tan negativos consiste en «fortalecer la transición entre educación y empleo».No obstante, la juventud no es la única que teme endeudarse (por ejemplo) ante el continuo aumento del precio del metro cuadrado. Hoy día, han surgido alternativas que permiten a las personas mayores con pocos recursos económicos acceder a una vivienda. Sólo en Cataluña, algo más de 67.500 ciudadanos cobran pensiones no contributivas. Según el Instituto de Estadística de Cataluña, estas pensiones por jubilación oscilan entre los 457 euros y los 517 euros al mes (como máximo). Si la persona no convive con nadie o no tiene su casa pagada, el riesgo de endeudarse en la tercera edad es alto.Con todo y con eso, a pesar de semejante realidad, todavía hay quienes se resisten a pedir ayuda.
Se trata de una paradoja, pues la mayor parte de la población —la misma que denigra a quien tiene deudas que afrontar— experimenta este estrés financiero a diario. Tal y como señala Statista, a la ciudadanía española le preocupan dos cosas por encima de todo:
1. La vivienda.
2. Los problemas económicos.
Ambos asuntos, juntos, suponen el 61,7 % de la población. Sin embargo, sólo el 30 % —menos de una tercera parte de los ciudadanos— solicita créditos y sólo 18.000 familias —de los más de 18 millones que hay en España, según Solidaridad Intergeneracional— se animaron a reunificar sus deudas el año pasado.
¿Qué puedes hacer si empiezas a ver señales de alerta?
Para evitar el sobreendeudamiento, que es aún más difícil de solucionar que el endeudamiento, el Banco de España ha propuesto limitar los intereses de los créditos al consumo, de las tarjetas revolving y de los préstamos exprés. Esta institución se ocupará, además, de supervisar los préstamos de la mayor parte de las entidades que los emiten. También pretende fomentar la educación financiera, para que las personas aprendan a planificarse económicamente, en función de sus ingresos. No obstante, se trata todavía de un anteproyecto pendiente de aprobación, así que mientras tanto —e incluso cuando ya se haya puesto en marcha— habrá que tomar medidas para liquidar deudas y recuperar progresivamente el poder adquisitivo que teníamos en un principio.
Algunas de las opciones que los endeudados ya tienen a su alcance para saldar deudas y dejar atrás el sobreendeudamiento son:
- Recibir orientación de parte de una asesoría financiera como Bravo, que lleva más de 16 años en el sector. Esta clase de plataformas financieras online, aparte de proporcionar créditos y préstamos, también actúan como intermediarias con los prestamistas, para negociar con ellos las condiciones del préstamo y lograr un acuerdo más favorable para el endeudado.
- Reunificar deudas. Esto permite agrupar las deudas que se tienen con distintas entidades en una sola. De esta forma, solventar la deuda es más sencillo. Por un lado, se minimizan riesgos por impago: al tener distintas deudas, con acreedores diferentes, podemos olvidarnos de pagar la cuota de alguna de ellas, con el riesgo que ello supone. Y por otra parte, se reduce el interés total de la deuda: como cada entidad ofrece unos intereses distintos, al reunificar las deudas, los intereses ya no se aplican por separado, sino sobre el total. Con la reunificación, ya no hay varias deudas, sino una sola.
- Elaborar un plan de liquidación de deudas. Esto suelen hacerlo entidades como Bravo, cuyos profesionales analizan la situación económica de la persona; elaboran un plan estratégico de pago en función de los ingresos, y negocian con los prestamistas para reducir la cuota y ampliar el plazo de pago. Además, aparte de llevar a cabo el plan, realizan un seguimiento para comprobar que, efectivamente, el sobreendeudamiento está cada vez más cerca de resolverse.
- Pedir un minicrédito, un crédito o un préstamo para tener liquidez, saldar un pago y, más tarde, devolver la cuantía del minicrédito, crédito o préstamo a plazos, en cuotas cómodas y ajustadas a nuestro nivel de ingresos. La diferencia principal entre créditos y préstamos está en que estos últimos prestan una cantidad de dinero fija. El crédito, en cambio, suele estar asociado a una tarjeta bancaria y permite gastar más dinero del previsto en un principio.
Hay que dejar de sentirse culpable y poner, en su lugar, remedio
Hoy día, endeudarse y sobreendeudarse están al alcance, prácticamente, de cualquiera. De hecho, la Universitat Oberta de Catalunya insiste en que la generación Z no para de acumular deudas que generan estrés financiero y que son la «fórmula matemática de la ansiedad», según describe Enric Soler (colaborador de la UOC). La solución radica en mejorar la solvencia para evitar la ansiedad que aparece cuando hacer frente a los pagos parece imposible. La propia UOC aconseja ahorrar entre el 10 % y el 20 % del sueldo, priorizar gastos, evitar las compras innecesarias a las que alientan las campañas de publicidad, llevar un registro periódico de ingresos y pérdidas, utilizar tarjetas de crédito con pocos intereses y aprender a gestionarse económicamente. Bravo, con sus servicios de asesoramiento financiero, ayuda a los ciudadanos a mejorar su planificación económica en el día a día.
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