El doctor Julio Martí Almor, cardiólogo del Centro Médico Teknon, habla con miembros de su equipo
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El día a día de un cardiólogo: así se trabaja cuando el corazón pierde el ritmo
El trabajo de un cardiólogo especializado en arritmias combina consultas, procedimientos, decisiones en equipo y seguimiento de pacientes
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Un corazón no sólo late. También se acelera, se ralentiza, se adapta y, en ocasiones, avisa de que algo no funciona como debería. En Cardiología, cada señal cuenta. Y detrás de muchas de esas señales hay un equipo de especialistas que, desde primera hora de la mañana, analiza casos, toma decisiones y busca la mejor manera de tratar a cada paciente.
Para un cardiólogo especializado en arritmias, la jornada tiene un ritmo propio. El día comienza habitualmente con una reunión con el equipo para repasar lo ocurrido durante la guardia, conocer los nuevos ingresos y decidir cómo abordar cada caso.
“Lo primero que hacemos es una reunión con el resto del equipo para ver específicamente qué ha pasado durante la guardia y qué ingresos ha habido”, explica el doctor Julio Martí Almor, cardiólogo de la Unidad de Arritmias del Centro Médico Teknon.
Una jornada que cambia según las necesidades
A partir de ahí, la jornada puede tomar caminos distintos. Hay días centrados sobre todo en la consulta y otros en los que el trabajo se traslada a las salas de electrofisiología, donde se realizan procedimientos para tratar las alteraciones del ritmo cardíaco.
La electrofisiología, también conocida como arritmología, es la rama de la Cardiología que se ocupa de los problemas relacionados con el ritmo del corazón. Taquicardias, cuando late demasiado rápido; bradicardias, cuando lo hace demasiado despacio; fibrilación auricular y otras alteraciones forman parte del día a día de estos especialistas.
En la consulta conviven primeras visitas y pacientes que ya han pasado por algún procedimiento y necesitan seguimiento. Cada caso parte de una historia diferente. Hay quien llega por primera vez preocupado por unas palpitaciones y quien vuelve después de una intervención para comprobar que todo evoluciona como estaba previsto.
“Cuando es específicamente un tema arritmológico, ponemos sobre la mesa los tratamientos que se pueden hacer y luego hacemos un seguimiento del paciente a lo largo del tiempo”, señala el doctor Martí.
La arritmia no entiende de compartimentos
Aunque la especialización es una parte esencial de la Cardiología moderna, el paciente no llega dividido por especialidades. Una persona con una arritmia puede tener también otros problemas cardiovasculares que haya que valorar. Por eso, el trabajo del electrofisiólogo se cruza continuamente con el de otros profesionales.
En un centro hospitalario, la coordinación resulta especialmente importante cuando los casos son complejos. Las decisiones no siempre se toman de manera individual: se comparten con otros especialistas para poner en común pruebas, antecedentes y posibles tratamientos.
“Con los pacientes más complejos tomamos decisiones consensuadas con el resto del equipo”, apunta el cardiólogo de Teknon.
La colaboración se extiende a otras áreas de la Cardiología, como la hemodinámica, la imagen cardíaca o la insuficiencia cardíaca, y también a otras especialidades médicas. Un paciente ingresado en Medicina Interna, por ejemplo, puede necesitar la valoración de un especialista en arritmias si durante su ingreso aparece un problema relacionado con el ritmo cardíaco.
De un marcapasos a una ablación
Parte del trabajo más especializado tiene lugar en las salas de electrofisiología. Allí se realizan procedimientos destinados a corregir determinados trastornos del ritmo. Entre ellos están las ablaciones, utilizadas para tratar algunas arritmias, o la implantación de dispositivos como los marcapasos cuando el corazón necesita ayuda para mantener una frecuencia adecuada.
No todos los pacientes necesitan lo mismo. La decisión depende del tipo de arritmia, de las características de cada persona y de su evolución. El objetivo, en cualquier caso, es encontrar una solución que permita recuperar una vida lo más normal posible.
El trabajo tampoco termina cuando finaliza un procedimiento. El seguimiento forma parte de la atención y permite comprobar cómo responde el paciente, detectar posibles cambios y ajustar el tratamiento cuando es necesario.
El paciente, al otro lado de cada decisión
Detrás de cada prueba, cada consulta y cada intervención hay una persona que suele llegar con dudas. A veces, también con miedo. Explicar qué ocurre y qué opciones existen forma parte de un trabajo que va más allá de la técnica.
La especialización exige años de formación y una actualización constante, pero también obliga a mantener una mirada amplia sobre cada paciente. “Yo intento poner todo el conocimiento que adquirí durante todos estos años para intentar hacer mi trabajo lo mejor posible y que el paciente salga curado”, explica Martí.
No siempre es posible conseguir una solución definitiva. La medicina tiene sus límites y cada caso evoluciona de una manera. Pero precisamente por eso, la búsqueda de una respuesta individualizada ocupa buena parte del día a día de estos especialistas.
Cuando el corazón vuelve a encontrar su ritmo
Entre reuniones, consultas, procedimientos y sesiones con otros profesionales, hay una motivación que se repite: conseguir que el paciente pueda dejar atrás el problema que le ha llevado hasta allí.
En el caso de las arritmias, solucionar una alteración del ritmo puede significar recuperar actividades cotidianas que hasta entonces generaban preocupación, cansancio o incertidumbre. Y ese resultado es, para muchos profesionales, la parte más gratificante de su trabajo.
“Lo que más me motiva de mi trabajo es poder dar solución a los pacientes con arritmias y solucionar su problema definitivamente. Es el mayor agradecimiento que puede tener un médico”, concluye el doctor.