El incendio que ha afectado al interior de la Torre del Fang, un edificio ocupado muy cerca de la nueva estación del AVE en La Sagrera, no ha causado demasiada extrañeza entre los vecinos. Muchos de ellos se acercaban al puente de Calatrava para preguntar y observar como los bomberos apagaban el incendio, y algunos, los que hablaban, lo hacían con cierta resignación y repetían la frase “algo así tenía que pasar”.

Antonio Santos, presidente de la Associació de Veïns de Sant Martí de Provençals, ha lamentado que a estas alturas el Ayuntamiento no haya decidido a qué se va a dedicar el edificio y su entorno. “Aún falta por definir a qué se va a dedicar el edificio y el espacio que lo rodea. Y mientras tanto, los okupas entran y pasan estas cosas”. Santos lamenta que con el dinero que se ha invertido en el terreno, aún esté en las condiciones en las que está. “Aquí se tuvo que hacer una enorme inversión por el paso del túnel del AVE y, desde entonces, no se ha hecho nada más. Hace un tiempo el edificio estuvo ocupado y el Ayuntamiento inició un proceso para recuperarlo, pero en realidad no sirvió para nada”.

EX-OKUPA

Por la zona se acerca un ex-okupa de la casa que afirma llamarse Stefan. Saluda desde el puente a uno de los okupas que conoce y recuerda que “hace un tiempo yo también estuve okupando esta casa, pero al nacer mis hijos me fui. Creo que no hacen nada malo al estar en la casa. No sé lo que ha pasado, así que no puedo decir nada”. Se ofrece para ayudar a los okupas y se dirige, con su bicicleta y su carro para recoger chatarra, al interior del recinto. Le dejan entrar como si fuera uno de los okupas. Intercambia unas palabras con sus amigos y se queda en el recinto a la espera de saber qué va a pasar con ellos.

SE VEÍA VENIR

Poco más tarde se acercan por la zona un par de señoras mayores que van paseando. Preguntan por lo ocurrido y, tras conocer lo que ha pasado, una de ellas sentencia: “Se veía venir, aunque no esperaba que fuera por un incendio. Se debería destinar el edificio a equipamientos para el barrio, que a la gente mayor nos vendrían muy bien”. Su acompañante asiente con la cabeza, aunque reconoce que “la verdad es que no sabía que aquí vivía gente. No he visto nunca a nadie entrar o salir, aunque tampoco me he fijado mucho”.

Poco a poco la zona se va despejando, aunque los curiosos que pasan por el puente no dejan de mirar y preguntar por lo que ha ocurrido. La presencia de coches de bomberos y de Guàrdia Urbana llama la atención, hasta que poco a poco el recinto se va despejando. Poco más tarde llegan las personas que se encargarán de tapiar los accesos al edifico y los miembros de la empresa de seguridad que deberán vigilar que nadie vuelva a entrar en el mismo.

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