Dos jóvenes liando un porro de marihuana / EFE

Dos jóvenes liando un porro de marihuana / EFE

Vivir en Barcelona

"Me gusta marihuana, me gustas tú"

Radiografía desde dentro de los clubes cannábicos en Barcelona

17 marzo, 2017 19:40

Manu Chao, vecino del Poblenou, canta "Me gusta marihuana, me gustas tú". Esta canción, muy popular entre su público, nunca ha estado tan vigente en Barcelona como ahora, cuando la capital catalana huele a Amsterdam, especialmente a finales de verano, cuando está a punto de finalizar el ciclo del cultivo de la marihuana en exterior. 

El auge del consumo de marihuana ha venido unido en los últimos años a la proliferación de las asociaciones cannábicas o clubes de fumadores. Ellos se definen como agrupaciones de personas que comparten recursos para poder abastecerse de marihuana para el autoconsumo. Desde que la ciudad cuenta con un registro oficial de este tipo de entidades, se puede saber el número que hay.

Actualmente son 165, las cuales cuentan con una media de entre 200 y 300 socios activos, es decir, que pasan como mínimo una vez al mes por el local. Muchas asociaciones suman 2.000 socios, pero la mayor parte de estos son usuarios muy esporádicos que se hicieron miembros un día pero que no han vuelto más o pasan muy poco.

Para formar parte de una asociación has de solicitar la admisión y contar con el aval de un miembro ya activo. Una vez eres admitido te facilitan un carnet personal que has de llevar encima siempre que quieras acceder al club, pues aunque seas socio, sin la identificación oficial no te dejan entrar.

ASOCIACIÓN CANNÁBICA / CATFAC

ASOCIACIÓN CANNÁBICA / CATFAC



La poca regulación que hay sobre las asociaciones cannábicas les obliga a disponer de una salida de emergencia y extractores de humo, del mismo modo que tienen prohibido captar clientes en la calle o dejar entrar a no socios.

LA ASOCIACIÓN POR DENTRO

Al entrar en la Asociación, un responsable te pide que te identifiques con el carnet. Lo primero que sorprende al acceder es el olor y el humo, estando como estamos desacostumbrados a poder fumar dentro de locales cerrados, aunque sólo haga 11 años que está prohibido.

La luz suele ser tenue y la mayoría de clubs cuentan con espacios diferenciados. El centro del local suele ser el dispensario, tras el cual puedes encontrar a un trabajador que te volverá a pedir el carnet de socio para identificarte. Luego te remitirá a un listado de variedades de marihuana y hachís, para que le indiques qué quieres comprar y la cantidad.

Muchas están informatizadas y guardan en el ordenador el registro de consumo de cada socio. Otras te piden que rellenes una ficha con los datos del producto que compras, la cantidad, el precio y tu identificación como socio. El penúltimo paso es la firma, previa a pagar el producto.

ASOCIACIÓN CANNÁBICA / CATFAC

ASOCIACIÓN CANNÁBICA / CATFAC



Además del hachís o marihuana, también te suelen ofrecer refrescos e, incluso, comida, para llevar mejor el 'morado'. Alguna asociación prepara galletas o pasteles con marihuana, aunque no es tan habitual. El precio de la comida y bebida es económico, a diferencia del gramo de marihuana o hachís, que no son baratos. El refresco suele costar un euro. Antes de la última regulación del Ayuntamiento de Barcelona, muchas asociaciones tenían cerveza, pero ahora está prohibida la venta de alcohol.

Una vez has comprado lo que quieres fumar dispones de espacios para consumirlo. Desde sillas con mesas en plan cafetería a zonas con sofás al estilo chill out. Muchos clubes recuerdan a las típicas bajeras de Pamplona o peñas de pueblo, en los que los alquileres son tan bajos que los jóvenes pueden permitirse disponer de su propio local para pasar el rato con los amigos.

DISCRECIÓN ANTE TODO

Hay asociaciones de todo tipo, con una clientela diferenciada. Según Eric Asensio, portavoz de la Federación de Asociaciones Cannábicas de Catalunya (CATFAC), el perfil del asociado es de un joven de entre 25 y 35 años, mayoritariamente hombres con estudios, a los que no les importa pagar un poco más por el producto, pero asegurándose el suministro, la seguridad y discrección.

Edu es el presidente de Satpath, en la que no aceptan a miembros menores de 21 años, porque, aunque legalmente podrían acceder, están en una edad problemática y prefieren un “modelo más familiar”. Así evitan socios indeseados y problemas con los vecinos, pues, al fin y al cabo, han de convivir con ellos. En este sentido, piden a los socios que respondan por las personas que recomiendan como nuevos integrantes de la asociación.

Según Asensio, la policía sólo actúa contra las asociaciones pirata, aquellas que captan socios en la calle o que aceptan a menores. Detrás de estos clubs suelen esconderse mafias que buscan ingresos rápidos y que saben que la policía acabará cerrándoles el local, pero que hasta que esto se produzca pueden conseguir importantes ingresos.

PROGRAMACIÓN DE ACTIVIDADES

Las asociaciones organizan actividades de diferente tipo, también en función de su tamaño. Las que son más grandes y cuyo número de socios es mayor pueden permitirse un programa de actos con actividades diarias como conciertos o monólogos.

ASOCIACIÓN CANNÁBICA / CATFAC

ASOCIACIÓN CANNÁBICA / CATFAC



Las pequeñas, en cambio, tienen menos capacidad y suelen apoyarse en los propios socios para dinamizar su espacio. Estas suelen trabajar de una forma más asamblearia y delegar la gestión de la actividad, como proyección de películas, exposiciones o torneos de juegos de mesa, como dominó, ajedrez o, las que disponen de videoconsola, Fifa o Pro. Desde la CATFAC incluso se organiza una liga de fútbol 7 entre las diferentes asociaciones de marihuana de Barcelona.

A fútbol juegan fuera, pero lo ven dentro. Casi todas las asociaciones disponen de televisión y los días de partido del Barça se suelen llenar de grupos de amigos, algunos creados dentro de la propia asociación, para disfrutar del partido mientras fuman sus porros, aunque por muy fumados que estén, la tensión del fútbol se vive igual.