Personas de etnia gitana reunidas en una calle de Gràcia / AJ BCN

Personas de etnia gitana reunidas en una calle de Gràcia / AJ BCN

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Barcelona celebra el Día Internacional del Pueblo Gitano: 50 años de reivindicaciones

Los activistas barceloneses de etnia romaní Maria Rubia y Ricard Valentí, ponen sobre la mesa los retos que aún hay que afrontar

8 abril, 2021 00:00

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El 8 de abril se celebra el Día Internacional del Pueblo Gitano. Pero este año la fecha es especialmente relevante, pues se cumplen 50 años del Primer Congreso Mundial gitano de la historia, celebrado en Londres en 1971. Para conmemorarlo, las entidades que forman el Consell Municipal del Poble Gitano (CMPG) —creado en 1998—, junto con el Ayuntamiento de Barcelona, organizan un acto transmitido en streaming para explicar y acercar la cultura gitana a la ciudadanía. En este contexto, Metrópoli Abierta ha entrevistado a dos activistas barceloneses de etnia gitana: Maria Rubia, fundadora de la Asociación Intercultural Nakeramos, y Ricard Valentí, vicepresidente del CMPG.

La bandera del pueblo gitano o romaní, luciendo en la fachada del Ayuntamiento de Barcelona / AJ BCN

La bandera del pueblo gitano o romaní, luciendo en la fachada del Ayuntamiento de Barcelona / AJ BCN



La bandera del pueblo gitano o romaní, luciendo en la fachada del Ayuntamiento de Barcelona / AJ BCN

ANTIGITANISMO Y ESTEREOTIPOS

Preguntada por si sigue habiendo antigitanismo, Maria Rubia lo tiene claro: “No es que aún haya, es que nunca ha desaparecido. Si te digo cierra los ojos y describe cómo te imaginas una persona gitana, esa visión está marcada por un estereotipo de más de 600 años. La imagen colectiva que se tiene de nuestro pueblo nos perjudica para desarrollarnos en igualdad de condiciones. Si no te emplean por el prejuicio, esas bolsas de marginalidad no son producto del pueblo gitano, sino del antigitanismo. La gente gitana no se levanta diciendo: 'Mi proyecto de vida va a ser vivir de coger chatarra y de lo que pueda vender en la calle sin que la policía me lo acabe requisando'. Su filosofía no es esa, pero hay que ver qué oportunidades da la sociedad”, explica.

En términos similares se pronuncia Ricard Valentí: “Había antigitanismo, hay y habrá, unido al fascismo, que crece con energía. Pero luchamos contra ello y para romper estereotipos”, señala contundente. En ese sentido, a modo de ejemplo relata algunas situaciones racistas con las que tiene que enfrentarse esta comunidad. “A la hora de ir a buscar un trabajo, solo con que vean que eres gitano por tus apellidos el currículum ya va a la basura. También cuando vas a alquilar un piso o un local, cuando ven que eres gitano, igual no te lo quieren alquilar. Y aquí en Cataluña bueno, pero en el Estado español hay más antigitanismo, y si sales por Europa más. En muchos sitios aún están en la época de Mussolini o Hitler, como en Francia, Italia o los países del Este”.

Personas de etnia gitana durante la verbena de San Juan en una bodega de Barcelona en 1960 / JACQUES LÉONARD - ARXIU FOTOGRÀFIC DE BARCELONA

Personas de etnia gitana durante la verbena de San Juan en una bodega de Barcelona en 1960 / JACQUES LÉONARD - ARXIU FOTOGRÀFIC DE BARCELONA



Personas de etnia gitana durante la verbena de San Juan en Barcelona, 1960 / JACQUES LÉONARD - ARXIU FOTOGRÀFIC DE BCN

Valentí también recuerda una situación ilustrativa de esta discriminación que vivieron hace poco unos jóvenes de etnia gitana en Barcelona. Unos chicos fueron a comer a un bar para celebrar que habían entrado en la universidad y les dijeron que no les querían atender si no pagaban antes. “Tenemos el cartel de ladrones, los gitanos roban. Pero a España no la han llevado a pique los gitanos, sino el rey emérito, los Pujol, Millet o la cúpula del PP, que no declaran a Hacienda. ¿Quién roba entonces, los gitanos o los payos? Un gitano roba una barra de pan o una manzana, no te digo que no, pero no millones de euros”, denuncia.

Ricard Valentí, catalán de ascendencia gitana criado en Gràcia, se inició en el mundo asociativo a favor de los derechos de este colectivo en 2011, y en 2012 ya era el presidente de la entonces recién creada Associació Joves Gitanos de Gràcia. Desde entonces ha podido formarse en la historia del pueblo romaní y el antigitanismo. Entre otros factores, viajando a Auschwitz y otros campos de concentración donde la Alemania nazi exterminó a 500.000 miembros de las comunidades gitanas. También ha tenido la oportunidad de conocer de primera mano las historias de algunos de sus supervivientes. Algo que sin duda le ha marcado.

Ricard Valentí, vicepresidente del Consell Municipal del Poble Gitano y presidente de la Asociació de Gitanos de Gràcia / CEDIDA

Ricard Valentí, vicepresidente del Consell Municipal del Poble Gitano y presidente de la Asociació de Gitanos de Gràcia / CEDIDA



Ricard Valentí, vicepresidente del Consell Municipal del Poble Gitano y presidente de la Asociació de Gitanos de Gràcia / CEDIDA

MEMORIA HISTÓRICA

“Creo que la historia del pueblo gitano debería estar dentro de la educación escolar. No puede ser que se sepa la historia de Marco Polo y no se sepa que los gitanos entraron en España en 1425 y se empezaron a hacer las primeras leyes antigitanas. Les asimilaron y les prohibieron ser quien eran. Les prohibieron la lengua, y sino, se la cortaban. Esto ocurrió en la época de los Reyes Católicos, en la España del 1500, pero la gente no lo sabe”, explica a este medio.

Lo mismo opina Rubia. “Hay una invisibilidad de las aportaciones del pueblo gitano al resto de la sociedad. Cuando llegó a la península, producto de su trayecto, trajo consigo una serie de conocimientos a nivel de plantas, animales u orfebrería que en la Europa feudal no se conocían, pero jamás se le ha reconocido, incluso podemos hablar de apropiación cultual”, apunta. Precisamente, una de las tareas que realiza la asociación que creó Rubia en 2002 es trabajar en la memoria histórica del pueblo romaní.

Personas de etnia gitana con la bandera romaní / AJ BCN

Personas de etnia gitana con la bandera romaní / AJ BCN



ESPACIOS INTERCULTURALES

Nakeramos nació con el objetivo principal de crear espacios interculturales en la ciudad. Tras colaborar con un proyecto de alfabetización de adultos para personas gitanas, Rubia —que se considera una persona que ha gozado de privilegios— descubrió una realidad de la que no era consciente. En la práctica, al curso también acudían personas que no pertenecían a ninguna minoría cultural, y eso le sirvió para identificar otras necesidades.

“Me di cuenta de que había que empezar a trabajar en la interculturalidad. Ciertas personas no gitanas acudían al curso con recelo, como mujeres de 60 años que tuvieron que abandonar sus estudios pronto. Y veías a esa señora sentada junto a un chico gitano y cómo, después de un tiempo, se fortalecía la relación entre ellos. Barcelona es un lugar multicultural, pero faltan espacios donde los diferentes colectivos que viven en una misma zona se puedan relacionar”, explica la activista a este medio. Fue en ese momento cuando se introdujo en el mundo asociativo, y desde entonces no ha parado, siendo una de las pocas mujeres con las que cuenta el ámbito asociativo de esta comunidad.

EL PAPEL DE LA MUJER GITANA

Preguntada por si es compatible ser feminista con ser gitana, Rubia responde contundente: “Se dice que la cultura gitana es machista, ¿pero qué cultura no es machista? El patriarcado está en todo. Está en la política, está en las empresas. Hablar de que una cultura es machista cuando pocos países tienen mujeres presidentas no se entiende. Es demasiado pernicioso poner el foco en una cultura”. Además, añade que no cree que el patriarcado sea mayor en esta cultura. “No te voy a decir que no existe el machismo en el pueblo gitano, ¿pero podemos decir que no existe el machismo en los payos? Igual. El problema es cuando generalizamos. Dentro del colectivo hay una diversidad, depende de la persona y de la familia”, señala.

Maria Rubia, fundadora de la Asociación Intercultural Nakeramos / CEDIDA

Maria Rubia, fundadora de la Asociación Intercultural Nakeramos / CEDIDA



En su caso, relata que su familia se lo ha puesto fácil. “He tenido la suerte de crecer con mis abuelos. Y mi abuelo, gitano, era un hombre muy abierto, vanguardista y para nada machista. Al contrario, con 14 años me llevó a apuntarme al club de jóvenes socialistas porque quería que formara parte de eso, me reivindicara y fuese activista. En mi familia no lo he vivido en absoluto”, explica a este medio. También dice haberse sentido muy bien acogida por los hombres dentro del ámbito asociativo. “Tanto yo como las pocas gitanas que hemos formado parte de esos espacios de activistas hemos sido muy escuchadas y respetadas y se cuenta con nuestra opinión fundamental”, comenta. El vicepresidente del Consell Municipal del Poble Gitano coincide con ella: “La gente nos tacha de machistas y yo siempre digo que las mujeres gitanas han hecho un adelanto. Tienen estudios, viajan, muchas con carrera e idiomas. Son abogadas, economistas, antropólogas, llevan entidades gitanas y las presiden”, explica. 

Esta es la radiografía que estos dos activistas barceloneses hacen de la situación actual del pueblo gitano, y de los retos que aún debe encarar Barcelona para superar el antigitanismo que sigue arraigado en la sociedad.