Un cierto respeto, ya no temor, pero con la atención todavía en los datos, los que indiquen que el virus del Covid u otros nuevos puedan complicar otra vez las cosas. Esa es la actitud que reclama Miquel Porta, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) e investigador en el Instituto Hospital del Mar, que acaba de publicar un ensayo con oportunas reflexiones tras la pandemia. Su libro Epidemiología cercana, la salud pública, la carne y el oxidado cuchillo del miedo (Triacastela) propone desterrar a los más pesimistas, a los que se puede considerar como los ‘profesionales del miedo’. Respeto sí, miedo sin crítica ni reflexión, no.

Porta se caracterizó durante la pandemia, con los hospitales colapsados en Barcelona, por una visión crítica frente a los apocalípticos, frente o los que no querían apreciar los pequeños pasos que se iban dando para salir del túnel. En su libro, sin embargo, aborda muchas cuestiones, todas relacionadas con la salud y el bienestar. Se refiere a la obesidad y las diferentes causas que la provocan, también habla sobre Steve Jobs y acerca del negacionismo y de esos impulsores de la “industria del miedo”. Y establece una aproximación profunda sobre la música y la necesidad de apreciar aquellos avances que han permitido las nuevas tecnologías.

‘Epidemiología cercana’, libro del autor Miquel Porta / Luis Miguel Añón - Metrópoli

Con un lenguaje sencillo, a veces con expresiones coloquiales, el investigador establece un diálogo con el ciudadano, en un plano de igualdad. La premisa es manifiesta: hay que tener una visión cultural de conjunto, no ver los distintos fenómenos de una forma aislada.

FÚTBOL, ARTE Y MÚSICA

¿Por dónde pasa esa visión? Los epidemiólogos estuvieron en primer plano durante toda la pandemia, y muchos ciudadanos descubrieron el objeto de sus estudios. Lo que señala Porta es que la epidemiología es una ciencia que se ha redescubierto y que se debe ver desde distintos puntos de vista, todos conectados, a partir del saber científico, humanístico y artístico.

La idea de Porta es que la salud de uno mismo dependerá de que exista una salud pública protegida por las instituciones, de que haya una buena convivencia y del bienestar conjunto, algo parecido a una situación de justicia y progreso colectivos. Y esa "buena salud" se logra a través de nuestras emociones por cosas aparantemente secundarias, como la afición por el fútbol, el arte, la música o cualquier otra disciplina humanística.

Retrato de Miquel Porta / Luis Miguel Añón - Metrópoli

 

Para lograr esos objetivos de bienestar social, el investigador reclama una mayor coordinación entre los ayuntamientos, como Barcelona, las comunidades autónomas –y éstas entre ellas—y el gobierno central. Y tiene claro que ha habido problemas, también por la difusión de datos inexactos o atrevidos por parte de los científicos. “Estamos en un momento histórico en el que las viejas formas de gobernanza de casi todo lo público –incluida la salud pública, la seguridad y las otras obligaciones del Estado—necesitan funcionar de forma más eficiente, más independiente de los grupos de presión y más sensible a lo que los ciudadanos queremos”, señala Porta en su libro.

VALORES HUMANÍSTICOS

Con mensajes en muchas ocasiones contradictorios, este catedrático insiste en poder compaginar, sin remordimiento alguno –es más, debe enorgullecerse de ello—la ciencia, la salud y el placer. Y tiene claro que el momento lo exige y lo permite. La sociedad, en general, está mejor que en épocas pasadas, las investigaciones avanzan y el mundo, aunque pueda parecer frívolo, tiene en spotify un gran reparador y generador de placer, al poner a disposición de la gente todo tipo de música, desde Bach y Telemann a Rigoberta Bandini, Morente o Armando Manzanero.

Dice Miquel Porta: “Hoy como siempre es vital apreciar lo que se hace bien y hace bien. Así el goce que hacemos de la música, del arte, de la vida, y el gozo que nos dan y sentimos. En buena parte ya sabemos hacerlo y ya lo hacemos; pero podemos vivir y apreciar mejor, sin remilgos ni beaterías digitales, los beneficios humanos que nos dan las nuevas tecnologías. Y si contra todo pronóstico se estuviesen haciendo realidad un par de conquistas sociales, ‘sueños humanistas’ o ‘utopías asequibles’, ¿quiénes las reconocerían? Y ¿qué corpus teórico o ideologías las cultivarían?”, deja caer el epidemiólogo, que pide poner en valor los valores humanistas.

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