La enfermedad cardíaca, aquella que afecta al funcionamiento del corazón y los vasos sanguíneos, es la primera causa de muerte en el mundo. Generalmente está provocada por el estilo de vida, la genética, las infecciones, la ingesta de medicamentos o, incluso, por otras patologías.

Las más comunes son la cardiopatía coronaria (arterias coronarias estrechas u obstruidas), que a veces produce dolor de pecho, infarto de miocardio o accidente cerebrovascular. La insuficiencia cardíaca congestiva, los problemas del ritmo cardiaco, las cardiopatías congénitas (de nacimiento) y la endocarditis (inflamación de la capa interna del corazón) son otras enfermedades relacionadas con la estructura o la fisiología del corazón.

CONTROLAR EL RIESGO

Cuantos más factores de riesgo tenga una persona, mayores serán sus probabilidades de padecer una enfermedad del corazón. Algunos pueden tratarse o modificarse a través de cambios en el estilo de vida pero tener controlados posibles desencadenantes puede reducir el riesgo cardiovascular.

Entre los factores de riesgo más comunes, la doctora Josefa Rafel, jefe de servicio de Cardiología del Hospital Universitari Sagrat Cor, apunta el tabaquismo, la hipertensión arterial, el colesterol alto, el infarto de miocardio o la angina de pecho. Una alimentación poco saludable, la falta de ejercicio y la obesidad.

EL TABAQUISMO

El consumo habitual y frecuente de tabaco hace que los fumadores sean más propensos a la arterioesclerosis (estrechamiento de las arterias) porque la nicotina contrae los vasos sanguíneos y el monóxido de carbono puede afectar su revestimiento interno.

El tabaco eleva la frecuencia cardíaca y la presión arterial, endurece las grandes arterias y puede causar irregularidades de ritmo cardíaco. Por ello, los fumadores son más propensos que los no fumadores a sufrir un ataque cardíaco.

UNA DIETA DESCONTROLADA

Llevar una dieta con alto contenido en grasas, sal y azúcar puede contribuir al desarrollo de una enfermedad cardíaca.

En cambio, una alimentación sana compuesta por frutas, verduras, fibras, frutos secos, pescado, té verde, cereales integrales, legumbres, aceite de oliva, agua natural y carne blanca que tienen menos grasas y azúcares tienen efectos muy positivos sobre nuestra salud cardiovascular.

AUSENCIA DE ACTIVIDAD FÍSICA

El ejercicio físico practicado de forma regular quema calorías ayudando a controlar los niveles de colesterol y diabetes, fortalece el músculo cardíaco y hace más flexibles las arterias. Para la prevención de los problemas coronarios se recomienda realizar un ejercicio intenso por la bajada de insulina basal que produce, porque contribuye a la pérdida de grasa corporal mejorando la salud cardiovascular.

Además, el ejercicio físico regular aumenta los valores del colesterol bueno (HDL) y disminuye los niveles plasmáticos de triglicéridos. La inactividad física y el sedentarismo están relacionados con la enfermedad cardíaca ya que contribuye a acentuar los efectos de otros factores de riesgo como la obesidad, hipertensión o colesterol.

HIPERTENSIÓN Y COLESTEROL ALTO

La presión arterial alta obliga al corazón a trabajar más duro para bombear la sangre y esto provoca que el ventrículo izquierdo se engrose aumentando el riesgo de enfermedad cardíaca. La hipertensión no controlada puede producir el endurecimiento y engrosamiento de las arterias, lo que estrecha los vasos por los que circula la sangre.

El colesterol elevado es el responsable del 60% de las enfermedades del corazón. La Sociedad Española de Cardiología (SEC) advierte que el riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular está directamente relacionado con los niveles de colesterol total en sangre. Los niveles altos de colesterol en la sangre pueden aumentar el riesgo de que se formen placas y de padecer arterioesclerosis ya que las lipoproteínas de baja densidad se acumulan en la pared de las arterias provocando su estrechamiento.

DIABETES

La diabetes aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas al producir el estrechamiento de las arterias y la disminución del riesgo sanguíneo. Comparte factores de riesgo similares a la obesidad y la presión arterial alta. Si afecta a las arterias coronarias provoca cardiopatía isquémica, angina de pecho e infarto de miocardio y en muchos casos también insuficiencia cardiaca.

Además, la diabetes puede afectar los nervios que inervan el corazón y provocar alteraciones del ritmo cardiaco e incluso disminuir la sensibilidad al dolor, por lo que en ocasiones hay pacientes diabéticos que pueden sufrir infartos silentes (sin dolor). Por ello es muy importante el control glucémico.

OBESIDAD, ESTRÉS Y ENVEJECIMIENTO

El exceso de peso acostumbra a empeorar otros factores de riesgo de enfermedades cardíacas. La obesidad se asocia a diversas enfermedades cardiovasculares y está vinculada a la enfermedad coronaria y a alteraciones del ritmo cardíaco y a la función ventricular. Otra enfermedad del corazón derivada de la obesidad es el corazón agrandado que impide que desempeñe sus funciones de manera adecuada.

El estrés aumenta la presión arterial, la inflamación en el cuerpo, puede aumentar el colesterol y los triglicéridos en la sangre y, si es extremo, puede hacer que el corazón palpite fuera de ritmo.

La acumulación de depósitos de grasa en las paredes de las arterias y que el músculo cardíaco se debilite o engrose son causas de la enfermedad cardíaca, por ello la edad, el envejecimiento, es otro factor de riesgo.

GENÉTICA E HIGIENE DENTAL

Los antecedentes familiares de enfermedad cardíaca aumentan el riesgo de padecerla, especialmente si alguno de los progenitores la desarrolló a una edad temprana.

Una deficiente higiene dental podría llegar a producir una endocarditis. Es importante someterse a revisiones dentales periódicas, cepillarse los dientes, las encías y usar hilo dental con frecuencia. Mantener la dentadura y las encías limpias y sanas ayuda a evitar que los gérmenes entren al torrente sanguíneo.

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