Mujer joven con la piel del rostro enrojecida y con pequeños granitos
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Rosácea: lo que la desencadena y cómo controlarla
La rosácea es una afección cutánea frecuente que va más allá del enrojecimiento y que hoy puede controlarse mejor que nunca con hábitos adecuados y nuevos tratamientos
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La rosácea es un problema crónico de la piel que provoca que la cara adopte un color rojizo que puede provocar hinchazón y lesiones cutáneas parecidas al acné. Suele empezar de forma discreta: una piel que se enrojece con facilidad, sensación de ardor, picor o pequeños granitos que aparecen y desaparecen. Con el tiempo, estos signos pueden hacerse persistentes, sobre todo en mejillas, nariz, frente y barbilla.
"La rosácea aparece por una combinación de predisposición genética, alteraciones inmunológicas y factores externos como la exposición al sol, el estrés o ciertos alimentos", explica el doctor Antonio Campoy, dermatólogo del Hospital Universitari General de Catalunya. "No es una enfermedad contagiosa, pero sí muy persistente, y puede afectar emocionalmente a quienes la padecen".
Antonio Campoy, dermatólogo del Hospital Universitari General de Catalunya
Aumento de casos
No es un simple rubor pasajero, sino una enfermedad crónica de la piel que necesita atención. En los últimos años, los dermatólogos han notado un aumento de consultas, en parte porque hoy se habla más del problema y porque factores como el clima, el ritmo de vida y el entorno influyen cada vez más en la piel.
Aunque no es contagiosa, la rosácea puede resultar muy incómoda y afectar a la calidad de vida. Muchas personas se sienten inseguras por el aspecto de su rostro y por la imprevisibilidad de los brotes. Entender qué la provoca y cómo manejarla es el primer paso para convivir mejor con ella.
Por qué aparece y qué la empeora
La rosácea no tiene una única causa. Se sabe que existe cierta predisposición genética y una reacción exagerada de la piel frente a estímulos normales. Los vasos sanguíneos se dilatan con facilidad y el sistema defensivo cutáneo responde de forma desproporcionada. También intervienen microorganismos presentes de forma natural en la piel, que en algunas personas desencadenan inflamación.
A esto se suman los llamados desencadenantes: el sol, el estrés, el alcohol, el café, los cambios bruscos de temperatura, el ejercicio intenso o el uso de cosméticos agresivos. Cada piel reacciona de manera distinta, por lo que identificar qué situaciones empeoran los síntomas ayuda mucho a mantenerlos bajo control.
"Cada paciente tiene un patrón distinto de brotes, por eso siempre recomendamos llevar un registro para identificar qué situaciones o productos empeoran los síntomas", añade el doctor Campoy.
Cómo mantenerla a raya en el día a día
Aunque no existe una cura definitiva, la rosácea puede controlarse. El cuidado diario es clave: limpieza suave, productos sin perfumes ni alcohol y una buena protección solar adaptada a pieles sensibles. Estos gestos sencillos reducen la frecuencia y la intensidad de los brotes.
Cuando es necesario, el dermatólogo puede indicar tratamientos específicos según cada caso. Hay cremas que reducen la inflamación y los granitos, medicamentos orales en dosis muy bajas para brotes más intensos y técnicas como el láser y, además, en los últimos años han surgido nuevos tratamientos que amplían las opciones con menos efectos indeseados.
"Cada vez contamos con más opciones terapéuticas, como la luz pulsada intensa o el láser vascular, que ayudan a mejorar el enrojecimiento persistente y las telangiectasias (venitas visibles)", explica el especialista. "Y recientemente se han aprobado formulaciones nuevas que amplían el abanico para tratar los casos moderados y graves con menos efectos secundarios".
La importancia de consultar a tiempo
Uno de los errores más habituales es confundir la rosácea con acné, alergia o una simple irritación y retrasar la visita al especialista. Sin embargo, un diagnóstico precoz marca la diferencia: cuanto antes se actúa, más fácil es evitar que la enfermedad avance y se vuelva más difícil de manejar.
Con seguimiento médico, constancia y algunos ajustes en el estilo de vida, muchas personas logran mantener su piel estable durante largos periodos. El objetivo no es solo mejorar el aspecto del rostro, sino también recuperar la tranquilidad y la confianza. La rosácea puede acompañar durante años, pero hoy existen herramientas eficaces para que no marque el día a día.
"Cuanto antes se actúe, mejor pronóstico tendrá. No hay que esperar a que aparezcan brotes severos para buscar ayuda profesional", advierte el dermatólogo del Hospital Universitari General de Catalunya.