Un hombre siente un fuerte dolor en el pecho
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El infarto silencioso existe y estas son las pistas que ayudan a detectarlo
No todos los ataques cardiacos empiezan con un dolor insoportable en el pecho. Algunos llegan con síntomas que pueden confundirse con agotamiento, ansiedad o una simple mala digestión
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El síntoma más conocido de un infarto es un dolor intenso en el centro del pecho, opresivo, que puede extenderse hacia el brazo izquierdo, la mandíbula o la espalda. Esa es la imagen clásica. Sin embargo, la realidad clínica es bastante más compleja. Hay personas que sufren un infarto sin experimentar ese dolor tan evidente o que presentan molestias tan vagas que cuesta relacionarlas con un problema cardiaco.
Ahí es donde aparece el llamado ‘infarto silencioso’, un episodio cardiovascular que puede pasar desapercibido durante horas o incluso días. A veces se detecta después, en una revisión o una prueba médica rutinaria. Otras veces, el paciente acude a urgencias pensando que tiene ansiedad, una contractura muscular o un problema digestivo. Y eso retrasa la atención médica.
Diagnóstico confuso
Las enfermedades isquémicas del corazón, entre las que destacan el infarto y la angina de pecho, continúan siendo una de las principales causas de muerte en España. Los especialistas alertan de que muchos casos no se identifican a tiempo precisamente porque no siguen el patrón típico que la mayoría de la población asocia con un ataque al corazón.
“Lo que complica el infarto silencioso es que puede confundirse fácilmente con cansancio, estrés o molestias digestivas”, explica Angélica Ramírez, jefa del Servicio de Cardiología del Hospital Universitari Sagrat Cor. “En personas con antecedentes cardiovasculares suele haber más alerta, pero en pacientes aparentemente sanos es habitual restarle importancia a los síntomas y esperar demasiado antes de consultar”, añade.
Señales que pueden parecer inofensivas
Uno de los mayores riesgos de los infartos silenciosos es precisamente que los síntomas no siempre parecen graves. Hay personas que notan una sensación de presión leve en el pecho, otras simplemente sienten que les falta el aire al subir unas escaleras o realizando esfuerzos mínimos que antes toleraban sin problema. Uno de los máximos problemas de este tipo de ataques es que la sintomatología acostumbra a no parecer seria.
También puede aparecer una molestia difusa en la mandíbula, el cuello, la espalda o los hombros. En ocasiones ni siquiera se describe como dolor, sino como una sensación rara, de peso o presión. Algunas personas hablan de un cansancio ‘extraño’, una debilidad súbita o un agotamiento desproporcionado que aparece de repente.
Los síntomas digestivos son otra de las trampas más frecuentes. Náuseas, sensación de indigestión, ardor en la boca del estómago o incluso vómitos pueden esconder un problema cardiaco, especialmente si aparecen de forma brusca y sin una causa clara. A eso se pueden sumar sudor frío, palidez, mareos o una sensación repentina de malestar general difícil de explicar.
“Un criterio útil es fijarse en el cambio”, señala la doctora Ramírez. “Cuando aparece una molestia nueva, intensa o distinta a lo habitual, sobre todo si se acompaña de falta de aire, sudor frío o debilidad, conviene no minimizarlo ni asumir automáticamente que es ansiedad o digestión”.
Síntomas diferentes según la persona
Los especialistas recuerdan que no todo el mundo siente un infarto de la misma manera. De hecho, hay grupos de población en los que las manifestaciones atípicas son mucho más frecuentes y eso puede dificultar todavía más el diagnóstico.
En las mujeres, por ejemplo, el cuadro clásico de dolor intenso en el pecho aparece con menos frecuencia. Es más habitual que el infarto se manifieste con cansancio extremo, sensación de ahogo, náuseas, mareo o malestar general. Son síntomas menos específicos y muchas veces se interpretan como estrés, agotamiento o ansiedad.
En las personas mayores sucede algo parecido. A veces el único síntoma es una debilidad brusca, cierta confusión o una sensación de agotamiento fuera de lo normal. Y en pacientes con diabetes, el riesgo de que el infarto pase desapercibido es especialmente alto.
“La diabetes puede producir alteraciones nerviosas que modifican la percepción del dolor”, explica Ignacio José Ferreira, especialista en cardiología de Hospital Universitari Dexeus, del Grupo Quirónsalud:“Por eso hay pacientes que sufren un infarto sin el dolor torácico típico y lo que predomina es la fatiga, el mareo o una sensación inespecífica de malestar”.
El especialista insiste además en la importancia de los factores de riesgo. La edad, el colesterol elevado, la hipertensión, el tabaquismo o la diabetes deberían hacer que cualquier síntoma repentino se valore con más atención. “Cuando alguien con factores de riesgo presenta molestias súbitas y sin explicación clara, hay que tener una sensibilidad especial porque el corazón puede estar detrás”, añade.
El peligro de esperar “a ver si se pasa”
Uno de los errores más comunes es intentar aguantar en casa pensando que el malestar desaparecerá solo. Muchas personas retrasan la llamada a emergencias porque no quieren alarmarse o creen que están exagerando. El problema es que cuanto más tiempo pasa, mayor puede ser el daño sobre el músculo cardiaco.
“En cardiología, el tiempo importa muchísimo”, recuerda la doctora Ramírez. “No buscamos alarmar, sino evitar que alguien permanezca horas en casa con síntomas compatibles con un infarto por pensar que no es nada grave”, advierte.
El doctor Ferreira coincide. Según explica, una valoración rápida puede cambiar completamente el pronóstico. “Con un electrocardiograma y una analítica específica es posible confirmar o descartar con rapidez si existe un problema cardiaco. Y cuanto antes se actúe, mayores son las posibilidades de evitar complicaciones graves”.
Qué hacer si aparece un dolor sospechoso
Ante síntomas compatibles con un posible infarto, los especialistas recomiendan actuar rápido y no intentar restarle importancia a lo que está ocurriendo. Lo primero es llamar al 112 y explicar claramente qué síntomas han aparecido, cuándo comenzaron y si existen antecedentes cardíacos o factores de riesgo.
También es importante no conducir ni acudir solo al hospital si uno se encuentra mal. Los equipos de emergencias pueden iniciar atención médica desde el primer momento y actuar rápidamente si la situación empeora durante el traslado.
Mientras llega la ayuda, conviene detener cualquier actividad física, sentarse en una posición cómoda y mantener la calma dentro de lo posible. Tener a mano la medicación habitual o información sobre enfermedades previas también puede facilitar la actuación de los sanitarios. Porque en muchos casos, actuar rápido no solo reduce las secuelas. Puede salvar la vida.