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Cuando la comida sienta mal: claves de la dieta baja en FODMAP

La dieta baja en FODMAP puede ayudar a controlar síntomas como hinchazón, gases o dolor abdominal en personas con síndrome de intestino irritable, siempre que se aplique de forma pautada y con supervisión profesional

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La relación entre lo que comemos y cómo responde nuestro cuerpo se hace especialmente evidente cuando aparecen molestias digestivas. Para muchas personas, convivir con hinchazón, gases, dolor abdominal o alteraciones del ritmo intestinal acaba convirtiéndose en algo habitual, aunque no debería normalizarse. El problema es que no siempre resulta sencillo identificar qué alimento está detrás de los síntomas, ni a partir de qué cantidad empieza a sentar mal.

En este contexto, la dieta baja en FODMAP se ha consolidado como una herramienta útil en determinados pacientes. FODMAP es el acrónimo en inglés de oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables, un grupo de hidratos de carbono de cadena corta presentes en numerosos alimentos. En personas sensibles, estos compuestos pueden absorberse de forma incompleta en el intestino delgado y fermentar posteriormente en el colon, favoreciendo la aparición de gas, distensión abdominal, dolor o cambios en el tránsito intestinal.

La dieta baja en FODMAP no es una solución universal ni está indicada para cualquier molestia digestiva, pero puede ser especialmente útil en pacientes con síndrome de intestino irritable. Su objetivo no es eliminar alimentos de manera indefinida, sino ayudar a identificar qué grupos producen síntomas y en qué cantidades.

“Lo importante es entender que no es una dieta para todos ni para siempre”, explica el doctor Wálter Huaman, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitari General de Catalunya perteneciente al Grupo Quirónsalud, y responsable del primer estudio clínico realizado en España sobre la eficacia de la dieta baja en FODMAP. “Se utiliza de forma pautada para identificar qué alimentos provocan molestias y cuál es el umbral de tolerancia de cada paciente”, aclara.

Wálter Huaman, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitari General de Catalunya

Wálter Huaman, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitari General de Catalunya CEDIDA

No es una dieta para siempre

Uno de los mensajes más importantes es que la dieta baja en FODMAP no debe plantearse como una restricción permanente. Su utilidad está en aplicarla durante un periodo limitado y dentro de una estrategia estructurada. Primero se reducen los alimentos ricos en FODMAP para valorar si los síntomas mejoran. Después, se reintroducen de forma progresiva para identificar cuáles se toleran bien, cuáles provocan molestias y en qué cantidad.

El objetivo final es construir una alimentación lo más amplia, variada y equilibrada posible, adaptada a la tolerancia individual. “No se trata de prohibir alimentos sin más, sino de entender qué tolera cada persona y cómo organizar mejor su alimentación”, señala el doctor Huaman.

Entre los alimentos ricos en FODMAP se encuentran algunos muy habituales. Por ejemplo, la fructosa presente en ciertas frutas o en la miel, la lactosa de algunos lácteos, los fructanos del trigo, la cebolla o el ajo, los galactooligosacáridos de algunas legumbres, y los polioles presentes en determinados productos “sin azúcar”. Sin embargo, muchas veces el problema no es únicamente el alimento, sino la cantidad ingerida, la combinación con otros alimentos o la sensibilidad individual del paciente.

Cómo se aplica en la práctica

Seguir una dieta baja en FODMAP no debería hacerse por cuenta propia. La supervisión de un profesional sanitario, idealmente con experiencia en patología digestiva y nutrición, es clave para evitar restricciones excesivas, déficits nutricionales y errores en la interpretación de los síntomas.

El proceso suele dividirse en tres fases. La primera es la fase de eliminación, en la que se reducen los alimentos ricos en FODMAP durante unas semanas. Si hay mejoría, se pasa a una segunda fase de reintroducción, en la que los grupos de alimentos se incorporan de forma progresiva y controlada. Finalmente, se llega a la fase de personalización, en la que se adapta la dieta a la tolerancia real de cada paciente

“Bien pautada, esta dieta permite no solo reducir los síntomas en una primera fase, sino también identificar con bastante precisión qué grupos de alimentos y qué cantidades los desencadenan en cada paciente”, señala el doctor Huaman.

Una herramienta sencilla, pero muy útil, es llevar un diario de alimentación y síntomas. Anotar qué se come, en qué cantidad y cómo responde el organismo ayuda a detectar patrones reales y evita caer en restricciones innecesarias. “El diario permite objetivar mejor la relación entre comida y síntomas, algo que muchas veces no es tan evidente en el día a día”, añade el especialista.

Pequeños cambios que también cuentan

Más allá de los alimentos concretos, hay otros factores cotidianos que pueden influir en los síntomas digestivos. A veces no importa solo qué se come, sino también cómo se come. Repartir mejor las comidas a lo largo del día, evitar raciones excesivas, reducir preparaciones muy grasas, comer con más calma o identificar irritantes individuales como el alcohol, el picante o algunas bebidas con gas puede marcar la diferencia.

“En estos pacientes no solo importa la elección de alimentos, sino el conjunto: el tamaño de las raciones, el tipo de cocinado, la regularidad de las comidas y el contexto en el que se come”, apunta el doctor Huaman. “Cuando estos factores se ordenan dentro de un plan estructurado, los síntomas suelen ser más controlables”.

La dieta baja en FODMAP no es una moda ni una solución rápida. Es una herramienta clínica con utilidad demostrada en pacientes seleccionados, especialmente en el síndrome de intestino irritable. Bien aplicada, puede ayudar a reducir síntomas, mejorar la calidad de vida y, sobre todo, entender mejor cómo responde el cuerpo.

El objetivo final no es vivir con una lista interminable de prohibiciones, sino volver progresivamente a una alimentación lo más completa posible, adaptada a cada persona y compatible con una buena calidad de vida.