Myrna, hija del atleta y artesano Francesc Mates

Myrna, hija del atleta y artesano Francesc Mates Gala Espín Barcelona

Vivir en Barcelona

Myrna Mates, zapatera en Barcelona, sobre su oficio sin relevo: "Es más fácil ser influencer, ganas mucho dinero sin hacer nada"

Al frente de MaTeS, un taller familiar fundado en 1947, denuncia la falta de relevo generacional en los oficios artesanales y las dificultades para encontrar trabajadores especializados que mantengan vivo el saber hacer del calzado

Otras noticias: Ramón Segarra, última generación de la droguería Rovira: "El comercio local es el motor de Barcelona"

Leer en Castellano
Publicada
Actualizada

Noticias relacionadas

El tiempo parece avanzar a otro ritmo entre las paredes del taller de MaTeS. Es un espacio de trabajo antiguo, de esos en los que cada herramienta tiene su cometido y cada rincón parece guardar una parte de la historia del negocio. Aquí, fabricar zapatos no consiste simplemente en elegir un diseño y producirlo en serie.

Hay que trabajar la piel, preparar las piezas, coser, montar y ajustar cada modelo. Detrás de cada par hay unas manos que conocen el oficio y una experiencia que no se adquiere de un día para otro.

Taller de Myrna, hija del atleta y artesano Francesc Mates

Taller de Myrna, hija del atleta y artesano Francesc Mates Gala Espín Barcelona

"Eso se ha perdido todo. No hay gente que quiera aprender el oficio", lamenta Myrna Mates, al frente de este negocio familiar de Barcelona desde hace décadas. Su preocupación va más allá de la continuidad de una tienda: teme que desaparezca una forma de trabajar que exige paciencia, destreza y conocimientos especializados. "Cosas diferentes no quedan", resume al recordar cómo han ido cerrando los comercios singulares que daban personalidad a los barrios.

"Yo nunca había hecho un zapato"

La historia de MaTeS empezó en 1947, cuando su padre, Francesc Mates, se estableció por su cuenta después de comenzar a trabajar como aprendiz en una fábrica de calzado a los once años. En la posguerra, aprovechaba los retales de piel que otros desechaban para hacerse sus propios zapatos. Después llegaron los encargos de sus compañeros deportistas, los clubes y una producción que fue creciendo hasta convertirse en una fábrica. Myrna nació en 1958 y creció entre los trabajadores del negocio, observando cómo se confeccionaba cada par.

Zapatos de Mates en el taller de Myrna, hija del atleta y artesano Francesc Mates

Zapatos de Mates en el taller de Myrna, hija del atleta y artesano Francesc Mates Gala Espín Barcelona

"Yo siempre les fastidiaba con cositas", recuerda entre risas sobre aquellos operarios a los que de pequeña molestaba mientras trabajaban. No imaginaba entonces que acabaría dedicándose al mismo oficio. Durante años preparó los cortes y organizó el trabajo para que los empleados pudieran fabricar los zapatos, pero no se veía capaz de montarlos ella misma. Cuando su padre murió, tuvo que descubrir cuánto había aprendido simplemente mirando.

"Yo nunca había hecho un zapato. Digo: '¿Y ahora qué hago?'. Y lo monté y quedó bien". Aquel primer intento fue el principio de una nueva etapa. Desde entonces, ha mantenido el negocio y ha adaptado la producción a los cambios del mercado, sin renunciar a la fabricación artesanal.

Aprender un oficio que ya no encuentra aprendices

La falta de relevo generacional es uno de los problemas que más le preocupan. Crear una marca de calzado no es lo mismo que saber fabricarlo. Hace falta un taller equipado, materiales, proveedores y personas capaces de dominar las distintas fases del proceso. "Necesitas mucho dinero. Yo porque lo tenía montado", explica. Empezar desde cero, añade, resulta muy complicado.

También cuesta encontrar trabajadores con experiencia. Poner cordones o limpiar un zapato son tareas que se pueden aprender, pero coser y montar correctamente requiere práctica. "Yo no puedo dedicarme ahora un año o dos, depende de las manitas que tenga el señor, enseñarle a hacer todo. Yo necesito que me entre una persona que ya sepa hacer zapatos", señala.

Taller de Myrna, hija del atleta y artesano Francesc Mates

Taller de Myrna, hija del atleta y artesano Francesc Mates Gala Espín Barcelona

Formar a alguien supone dedicarle tiempo y gastar materiales mientras el taller debe seguir funcionando. Myrna recuerda haber cuestionado las dificultades para incorporar aprendices: "Nadie quería coger becarios. ¿Cómo vamos a coger un becario? Si lo que me hace es perder el tiempo y tirar material...".

"Es más fácil ser influencer, ganas mucho dinero sin hacer nada"

Su diagnóstico es contundente. "Porque es más fácil ser influencer. Te ganas mucho dinero sin hacer nada", comenta sobre una sociedad en la que, a su juicio, los oficios manuales han perdido atractivo. Echa en falta personas dispuestas a aprender a coser, reparar y resolver problemas prácticos. "De entrada es él el que tiene que tener ganas de aprender, porque si uno tiene ganas de aprender, no le hace falta. Viendo las cosas salen solas".

Sin embargo, su propia historia demuestra que ese aprendizaje también puede surgir de la convivencia diaria con el oficio. Y hay excepciones. Marc, uno de sus trabajadores, llegó al negocio después de verla en un programa de televisión. Entró como dependiente y comenzó a pasar las tardes en el taller, observando cómo fabricaban los zapatos.

Horna de zapato de madera en el taller de Mates

Horna de zapato de madera en el taller de Mates Gala Espín Barcelona

Con el tiempo, Myrna fue enseñándole. Hoy habla de él con orgullo: "Me vende a mí mejor que yo a mí misma". Su relación con el equipo es cercana y resume el ambiente de trabajo con una frase: "Somos como una familia".

Un zapato pensado para cada persona

La diferencia de MaTeS está también en su manera de atender a los clientes. Aquí no basta con pedir un número y salir con una caja. La mayoría de las personas se prueba distintos modelos y recibe recomendaciones según su forma de caminar, su cuerpo y las necesidades de sus pies. Myrna lleva tantos años observando cómo pisa la gente que, a veces, se fija en la manera de andar de alguien incluso fuera de la tienda.

Su padre le transmitió una filosofía que continúa guiando el trabajo: utilizar materiales de calidad, poner cariño y fabricar pensando en los pies. Defiende las pieles de primera calidad y rechaza los materiales sintéticos que, según explica, pueden deteriorarse con el tiempo. Algunos clientes regresan con zapatos de hace veinte años para cambiarles las suelas. Ella todavía puede repararlos, aunque mantener ese trabajo se ha vuelto más costoso: "Hoy en día las horas valen más que los materiales".

Hornas de zapatos en el taller de Mates

Hornas de zapatos en el taller de Mates Gala Espín Barcelona

El problema es que también escasean los proveedores. MaTeS compra buena parte de sus materiales en Elche y recurre asimismo a proveedores de Igualada y Arnedo. Algunos fabricantes están cerrando y otros prefieren trabajar con grandes empresas, que encargan cantidades mucho mayores. "Todo lo tienes que ir a buscar. Todo se me multiplica por tres", lamenta. Recuerda, por ejemplo, un pedido de hilo de catorce euros al que se sumaban veinte euros de transporte.

El valor de lo que no se fabrica en serie

La desaparición de los proveedores coincide con la de los comercios singulares de Sants. Myrna recuerda que antiguamente había un grupo de establecimientos que destacaban por ofrecer productos y servicios diferentes. Muchos han cerrado por jubilación y sin que nadie continuara con ellos. "Se han plegado todas", dice.

La pandemia permitió que algunos clientes redescubrieran MaTeS a través de internet. Personas que creían que el negocio había desaparecido volvieron a contactar con la tienda. También regresaron compradores de Zaragoza, San Sebastián y Pamplona, ciudades donde había tenido una clientela importante. Algunos llegaron a viajar expresamente hasta Barcelona para comprar sus zapatos; otros empezaron a encargarlos por internet.

Cartel dentro del taller de Mates

Cartel dentro del taller de Mates Gala Espín Barcelona

Durante años, sus modelos deportivos acompañaron a atletas de distintas disciplinas, incluidos especialistas en marcha atlética. Pero una empresa pequeña no puede competir en visibilidad y patrocinios con las grandes marcas internacionales. "Yo soy una lenteja al lado de ellos", admite. Aun así, continúa defendiendo un producto que considera diferente.

Décadas de conocimientos acumulados

Para Myrna, cada zapato representa algo más que una mercancía. Son décadas de conocimientos acumulados, de errores corregidos y de una manera de trabajar que su padre le transmitió sin necesidad de grandes discursos. Cuando habla del negocio, no oculta el desgaste, pero tampoco la satisfacción: "Mucho sacrificio, muchas horas, muchos dolores de cabeza y una alegría, porque yo estoy muy feliz de hacer lo que hago, disfruto mucho haciendo zapatos, me encanta", dice.

El futuro de los oficios artesanales depende de que alguien quiera aprenderlos, pero también de que existan las condiciones para mantenerlos vivos. En un sector que necesita trabajadores especializados, materiales y tiempo, la experiencia por sí sola no basta. Myrna lo sabe. Y mientras continúa haciendo zapatos, sigue reivindicando aquello que las grandes cadenas difícilmente pueden ofrecer: un producto hecho con conocimiento, atención y una historia detrás.

"Cosas diferentes no quedan", repite. En MaTeS, todavía.