“Examinats els planos, el conjunt sembla una monstruosa aranya, o millor un pop amb sis tentàculs plens de ventosas xucladoras: cada ventosa representa una celda. Per cada celda, un pres, un reclús, un aucell engaviat”. Haciendo gala de su mordaz pluma, así describió por primera vez, el 17 de marzo de 1904, la entonces recién proyectada Modelo el semanario satírico L'Esquella de la Torratxa. Aunque la crítica humorística formara parte de la genética de la revista, lo cierto es que la prisión barcelonesa generó recelo incluso antes de empezar a funcionar. En sus 113 años de historia, sus celdas han sido protagonistas de una serie de males endémicos, de motines a abusos pasando por chinches, fugas, suicidios o heroína, muchos de ellos provocados por su continua falta de medios.

Ríos de tinta han plasmado lo que ocurría entre los muros de una cárcel que ha sido ocasiones espejo, y en otras incluso motor, de movimientos sociales y políticos. Documentos de todo tipo que la periodista Rosario Fontova recopila 'La Model de Barcelona. Històries de la presó'. Su planificación se remonta a 1886. En aquel entonces, el decreto oficial que da luz verde a su construcción vaticina que las obras acabarán en cuatro años. Sin embargo, la prisión no empieza a funcionar hasta 1904 y lo hace sin estar terminada. En la memoria del proyecto, sus arquitectos, Salvador Viñals y Josep Domènech y Estapà, indican que la cárcel debía combinar, entre otros, los usos como prisión preventiva y penitenciaria, correccional y de depósito municipal. Durante su proyección ya advirtieron de que la cárcel iba a ser suficiente para las “necesidad actuales” de la ciudad y las de un tiempo “largo, pero no exagerado”.

Los arquitectos aplicaron por primera vez en España el sistema alveolar donde cada recluso disponía de un pasillo individual desde el que acudía al cuerpo central del edificio sin tener contacto visual con el resto de presos. Las celdas medían 4 metros de largo, 2,4 de ancho y 3,3 de alto. Fueron diseñadas para que los reclusos tuvieran “intimidad” y en su época fue un conciliador signo progresista. Sin embargo, el aislamiento que debía propiciar la buena conducta de los presos se vio truncado por la inminente masificación de la cárcel y los constantes abusos de los empleados que aprovechaban esta incomunicación entre reclusos.

El primer motín se produjo dos años después de su apertura, en 1906, y surgió a raíz de los gritos de socorrro de un preso aquejado por un ataque epiléptico, como documentan Cèlia Cañellas y Rosa Torán a 'Història de la presó'. Sus compañeros empezaron a golpear las puertas con todo lo que arramblaron y al día siguiente no recogieron el pan.“La utopía redentora de los fundadores de la Modelo fracasaba nada más empezar”, sintetiza Fontova.

Tres años después, la Modelo sería el escenario del juicio contra Ferrer i Guàrdia, acusado de alentar la semilla de la Setmana Tràgica. Su ejecución marcaría el inicio de una etapa de tensiones sociales en la cárcel y despertaría una ola de solidaridad obrera más allá de sus muros. La década siguiente aumento de presos comunes y de detenciones de militantes de movimientos proletarios, políticos y periodistas. 

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VIVERO DEL ANARQUISMO

Poco antes de la década del 20, la Modelo se convirtió en un vivero de anarquistas, algunos de los cuales entraban y salían de la prisión de manera intermitente, llegando a albergar comités sindicalistas enteros. Pronto se forjó una suerte de universidad libertaria entre rejas y el líder anarcosindicalista García Oliver, entre otros, dio en conferencias en sus talleres. 

En agosto de 1919, el calor acentuó las pésimas condiciones de salubridad y los presos protagonizaron otro motín para reclamar una mejor alimentación e higiene. Durante la Navidad de ese mismo año tuvo lugar una segunda rebelión frente al inflexibilidad de la nueva dirección de la cárcel. Esta vez, sin embargo, acabó con la intervención del ejército que reprimió a los reclusos con descargas de fusilería y palizas con barras de hierro. Después de este episodio, la cárcel endureció el régimen disciplinario de los presos anarquistas y puso fin a la comuna libertaria que había llegado a acoger la cárcel.

Juan García Oliver 19 07 1936

VUELVE EL GARROTE VIL 

En 1920 el general Primo de Rivera promueve la creación de un archivo de “delincuentes potenciales” con 6.000 nombres, muchos de ellos extraídos de confidentes. Unos años más tarde, el cambio en la dirección de la cárcel supone una cierta relajación de la política de tolerancia cero y con el gobierno de Maura los presos gobernativos que no habían sido puestos a disposición judicial quedan libres.

Sin embargo, mientras las condiciones de los reclusos parecen mejorar, este será el momento en que lleguen de nuevo las ejecuciones por garrote vil después de la muerte de Joan Rull en 1908, Victorio Sabater, El Bicho, Martín Martí, Sabadell, Teodoro Jenn y Alfonso Altimira Olivenza serán condenados a muerte. Las comunicaciones de la Modelo se suspenden. Mientras, los tres reos se confiesan y eligen el menú de la última cena: conejo frito con patatas, palomas en salsa, huevos, fruta y una botella de Chartreuse.

INDULTOS Y REVUELTAS

Después de que Lluís Companys proclamara la República catalana en el balcón de la plaza Sant Jaume, decenas de personas se concentran frente a la Modelo para pedir la liberación de los presos políticos. Algunos anarquistas lograron salir tras las negociaciones con el director, pero muchos otros se quedaron entre rejas. Los presos que no se habían beneficiado de los indultos del gobierno organizaron un motín al que le sucedieron protestas, una huelga de hambre y se prendió fuego a su capilla y a todos los archivos penitenciarios.

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En 1936 había muy pocos delincuentes comunes y la mayoría de reclusos eran opositores de la República. En esa época, la Modelo pasó a ser a prisión de médicos, abogados y sacerdotes que preferían no salir d ahí porque se sentían más protegidos.Y aunque durante este mismo año la cárcel empezara a vaciarse, en 1938 viviría un nuevo repunte.

SÍMBOLO DE REPRESIÓN FRANQUISTA

Fue en este mismo año cuando uno de los bombardeos de la aviación franquista alcanzó la sexta galería y murieron 15 personas. Los 'chorissos” de la cuarta planta y los antifascistas aprovecharon la ocasión para intentar darse a la fuga, aunque solo uno lo logró. A este contexto de inestabilidad y caos le siguió un segundo incendio provocado por los presos que dejó la cárcel destrozada y sin electricidad. Además, durante este periodo los intentos de fuga se volvieron habituales. Entre ellos, uno de los más sonados, el que protagonizaron unos 500 reos cuando cavaron un pozo que comunicaba con las cloacas de la calle Entença, aunque los planes fueron truncados antes de que se perforara la pared. Décadas más tarde, 45 presos lo lograrían.

Ya durante el franquismo, la Modelo pasó a ser el símbolo de la represión no solo de Barcelona, sino de toda Catalunya. Fueron años de extrema masificación de la cárcel (en 1940 llegó a los 13.000 reos), miseria inédita, torturas y palizas, enfermedades que no se trataban y fusilamientos intermitentes. En pleno corazón de una Barcelona derrotada, la prisión se convirtió en el vivo ejemplo aleccionador de qué suponía sublevarse al régimen.

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