Agentes de la Guardia Urbana en la ronda de Sant Antoni / PLATAFORMA D'AFECTATS PER LA LLOSA DE SANT ANTONI

Agentes de la Guardia Urbana en la ronda de Sant Antoni / PLATAFORMA D'AFECTATS PER LA LLOSA DE SANT ANTONI

Eixample

El "infierno" de la ronda de Sant Antoni: la pacificación se "descontrola" y se convierte en un "polideportivo" sin ley

Vecinos y comerciantes denuncian que el nuevo eje se ha transformado en un "martirio" de balonazos, ruido extremo de hasta 80 decibelios y agresiones verbales que impiden el descanso y la convivencia

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Lo que el Ayuntamiento de Barcelona proyectó como el paradigma de la nueva ciudad amable se ha transformado en un "infierno desenfrenado" para quienes viven en la ronda de Sant Antoni.

Varios vecinos del barrio han vuelto a alzar la voz --porque no es la primera vez-- para denunciar la situación límite que atraviesan desde que se retiró la famosa "losa" y se abrió el nuevo parque. "Esto no es pacificación, es un martirio", sentencia en declaraciones a Metrópoli Joan Carles, uno de los residentes afectados.

La ronda de Sant Antoni

La ronda de Sant Antoni CEDIDA

Un "polideportivo" frente a los comercios

El diseño del nuevo espacio público es el primer punto de conflicto. A diferencia de otros parques de barrios como el Raval, este no tiene vallas ni horarios. El resultado, según denuncian los residentes, es un "polideportivo improvisado" de hormigón donde adolescentes y adultos practican fútbol y voleibol con pelotas de cuero a gran potencia.

"Lanzan a matar. Utilizan una farola y un árbol como portería y las pelotas vuelan más alto que los propios edificios", relata Joan Carles, que vive en un entresuelo. Los impactos contra los portales y los escaparates, dice, son constantes.

La ronda de Sant Antoni pacificada

La ronda de Sant Antoni pacificada CEDIDA

Un ejemplo claro de esta problemática es la histórica tienda Sports Ramells, situada en la misma ronda: "Le entran los balones dentro del local. Cuando el dueño sale o les pedimos que tengan cuidado, no hay perdón; solo hay agresividad y el argumento de que 'el espacio es suyo'", relata el vecino.

Decibelios y noches sin dormir

La consecuencia más grave de este urbanismo es el deterioro físico y psicológico de algunos de los residentes. La contaminación acústica ha dejado de ser una molestia para convertirse en un problema de salud pública.

Los vecinos aseguran que el estruendo alcanza picos de entre 70 y 80 decibelios de forma ininterrumpida cada tarde, incluso los domingos.

Problemas de salud

"He tenido que ir al médico porque el sistema nervioso no aguanta más; me han tenido que recetar Lexatin para poder lidiar con la tensión de estar en mi propia casa", explica Joan Carles. Pero su caso no es el único.

El relato se vuelve especialmente crudo al mencionar a la población más vulnerable: "Tenemos a una vecina con cáncer que está desesperada porque no puede descansar, y a una señora viuda que vive con miedo". Incluso afecta a su trabajo, para el que el hombre necesita estudiar. "Tengo que huir de mi casa e irme a Montjuïc porque el ruido no lo para ni un doble cristal".

Indefensión

El incivismo ha expulsado, según el testimonio, a la gente mayor que antes paseaba por la zona. El vecino relata escenas de una falta de empatía absoluta: "Hay un señor mayor, muy educado, que se sienta en su silla y le tiran pelotas a la cara. A otra mujer que iba con un taca-taca le dieron un pelotazo en las piernas; cuando le recriminamos la acción a la joven que lanzó el balón, su respuesta fue: 'Es su trasto', refiriéndose al andador. No son niños pequeños, son adolescentes que juegan de forma salvaje".

Imagen de la ronda Sant Antoni

Imagen de la ronda Sant Antoni METRÓPOLI

Impotencia policial

La frustración vecinal se dirige también hacia la Guardia Urbana de Barcelona, que tiene "las manos atadas". Los vecinos aseguran que la policía les confiesa que no pueden requisar pelotas ni multar porque el Síndic de Greuges avaló el "derecho al juego" en la ciudad.

"Los chavales se saben el truco: cuando ven aparecer el coche patrulla, paran. En cuanto la policía gira la esquina, vuelven a empezar con más fuerza. Hemos llegado a llamar seis o siete personas a la vez al 112 y no sirve de nada. Sentimos que la policía ha tirado la toalla", lamenta el residente.

Huevos y agua desde el balcón

Dar la cara contra el incivismo ha convertido a algunos vecinos en el blanco de las mofas de los grupos que ocupan la vía pública. "Nos tienen identificados. Nos gritan desde la calle", aseguran los afectados.

"Hay vecinos que, al borde del colapso, han empezado a tirar huevos o agua desde sus casas, y no me extraña, porque es la única forma que encuentran de defenderse ante una agresión constante que dura hasta la madrugada", rematan.

Del balón al botellón

El problema no termina cuando se pone el sol. Cuando cesan los balonazos hacia la medianoche, comienza la segunda fase de la degradación nocturna. "A partir de las 00:00 horas llegan los turistas, los grupos con guitarras y se monta el botellón en los bancos que no tienen horario. Además, la zona cercana a los cajeros se ha convertido en un foco de drogadicción", denuncia el entrevistado.

Los vecinos critican que partidos políticos locales hayan hecho bandera de esta "pacificación" ignorando las consecuencias reales. "Pacificarse no es poner un bar abierto 24 horas con ruido gratis bajo los balcones. Si el Ayuntamiento no pone soluciones, como regular los horarios o instalar protecciones físicas, muchos acabaremos vendiendo nuestras casas. Es insoportable vivir así", sentencia el vecino, que tras años luchando por el bienestar de Sant Antoni, siente que su barrio le ha dado la espalda en favor de un urbanismo que no sabe convivir con sus propios ciudadanos.