Las croquetas favoritas de los barceloneses de A Pluma / INSTAGRAM

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Gastro

Bélgica da una lección a España: las mejores croquetas no llevan leche, se hacen con un concentrado de marisco

Las famosas garnaalkroketten o croquetas de camarón gris del Mar del Norte se consideran, en territorio belga, una auténtica institución nacional y un reflejo de su excelencia gastronómica

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La croqueta ocupa un lugar verdaderamente privilegiado en la gastronomía española, siendo una de las tapas más queridas y con mayor consenso en barras, restaurantes y hogares. Sin embargo, fuera de nuestras fronteras existen países que han llevado este bocado tan popular a una dimensión diferente.

Bélgica ha irrumpido en el mapa culinario demostrando que su receta tradicional, lejos de imitar la suavidad de la clásica bechamel a base de leche, harina y mantequilla, apuesta por una propuesta con identidad propia que busca la potencia aromática absoluta.

En el territorio belga, las famosas garnaalkroketten o croquetas de camarón gris del Mar del Norte se consideran una auténtica institución nacional y un reflejo de su excelencia gastronómica.

El secreto del éxito en el norte de Europa

La principal diferencia entre ambas preparaciones aparece en la base de la masa. Mientras la alternativa española se fundamenta en los lácteos para ganar melosidad, la versión belga prescinde de la leche y utiliza un potente concentrado de marisco.

Croquetas en una imagen de archivo

Croquetas en una imagen de archivo FLICKR

Esta técnica transforma por completo tanto la estructura interna de la masa como la intensidad del sabor final, ofreciendo una experiencia en boca marcada por el sabor puro del mar.

El proceso de elaboración arranca de forma minuciosa pelando los camarones uno a uno, una tarea lenta que forma parte esencial de su herencia gastronómica. Con las cabezas y cáscaras sobrantes se elabora un caldo muy reducido que sustituye al líquido lácteo tradicional, ligándose con la harina para dar cuerpo a un relleno sumamente gustoso.

Condimentos y un reposo obligatorio

Para equilibrar la potencia del marisco, los cocineros añaden a la mezcla sal, pimienta de cayena, nuez moscada y unas gotas de limón, incorporando al final los cuerpos de los camarones reservados.

Posteriormente, la masa se vierte en una fuente llana y se cubre con film transparente en contacto directo con la superficie antes de dejarla reposar en la nevera durante toda la noche.

Unas croquetas del 'Croqueta Crush'

Unas croquetas del 'Croqueta Crush' croqueta crush

Este descanso prolongado resulta clave para que la masa asiente sus aromas y adquiera la consistencia necesaria que facilite el moldeado de las porciones al día siguiente, asegurando que el interior mantenga su jugosa textura sin desmoronarse durante la manipulación.

El arte de la fritura belga

Llegado el momento de darles forma, el rebozado sigue un orden estricto que pasa cada porción por harina, luego por huevo batido y finalmente por pan rallado.

Las recetas tradicionales repiten el paso por el huevo y el pan una segunda vez para lograr un doble rebozado perfecto que blinde el producto y evite que las piezas se abran al contacto con el fuego.

Para la fritura, algunas cocinas modernas optan por utilizar panko para potenciar el crujiente exterior, pero las elaboraciones más arraigadas e históricas continúan recurriendo a la grasa de buey, el mismo ingrediente célebre que otorga su fama mundial a las patatas fritas belgas.

Al final, la combinación entre una corteza impecable y un centro repleto de sabor marino demuestra que incluso las recetas más tradicionales pueden reinventarse con éxito.