Se jactan en las redes sociales y sus amigos les desean una pronta liberación de los centros de régimen cerrado donde ingresaron hace pocos meses. Sin embargo, no son inocentes: son los jóvenes que violaron en grupo a una niña de 11 años en el Centre Comercial Màgic de Badalona, en noviembre del año pasado.

Este medio ha podido constatar la identidad de dos de los cinco niños que amenazaron a punta de navaja a la víctima en las galerías comerciales y se la llevaron a los lavabos. Se trata de chicos "problemáticos", según fuentes cercanas a su entorno, que siempre "la lían", estén donde estén.

Pintadas en el exterior del centre comercial Màgic Badalona tras la oleada de agresiones sexuales / AV - Metrópoli

FAMILIA DE SANT ROC

Metrópoli ha hablado con el entorno de dos de los integrantes de las manadas de Badalona y ha visualizado diferentes imágenes y vídeos de sus redes sociales. Ambos mantienen sus perfiles en Instragram privados. El primero, L.C., es un joven que pertenece a una familia de etnia gitana muy conocida del barrio de Sant Roc. Un hecho que lo mantendría, según algunos vecinos de la zona, "fuera del alcance de la justicia".

Con todo, tras la agresión a la niña, que ya ha abandonado Badalona junto con su familia debido a las amenazas recibidas, L.C. no ha mostrado arrepentimiento alguno. Su círculo tampoco ha ayudado: las imágenes del culpable posando con gestos altivos en su habitación del centro donde lo internaron se suceden en Instagram. "El mío", es uno de los mensajes de apoyo que aparece en una de las fotografías junto a unos emoticonos de una paloma blanca. Sus conocidos también han difundido a través de las redes cómo, ante la imposibilidad de visitarlo por la condición de régimen cerrado, han acudido al exterior del edificio para darle ánimos y grabarlo a través de la ventana: "Pronto fuera, mío". Para acompañar la instantánea: más palomas blancas y la canción Soledad del cantante Morad

VECINO DE LA SALUT

El otro implicado en la primera violación grupal que se dio a conocer es un joven vecino del barrio de La Salut. De origen marroquí, el chico "daba muchos problemas", a veces incluso en compañía de uno de sus hermanos. Futbolista y también aficionado al kick boxing, el joven era muy "desobediente", tal y como han explicado personas que coincidieron con él en alguna sesión de entreno. Otras, en cambio, han asegurado que, hace años, era un "niño sociable y extrovertido".

De la misma manera que con su compinche, L.C., sus conocidos también han difundido imágenes del agresor. En una de ellas se lo ve posando en la calle con los mismos gestos altivos que su amigo con un mensaje: "Pronto con nosotros. Tk, cabrón". En otra fotografía, hecha desde el exterior de la ventana, aparece en la habitación del centro donde ingresó, junto a su cama, con una botella de agua: "Pronto fuera, hermano", le desea su grupo con el mismo emoticono de una paloma blanca. Para rematar: "Pagando fiscale', pa' ver si tú sale".

NÚMERO TOTAL DE ABUSOS

La información provista por los medios de comunicación es profusa y, en ocasiones, conduce al error. La primer agresión sexual de la que se tiene constancia en el Màgic tuvo lugar en 2021 y no responde al modus operandi de ninguna "manada": se trató de un chico de 17 años en aquel momento que se citó con un hombre a través de una app de citas en los lavabos del lugar, donde lo asaltó.

Más tarde, en 2022, se produjeron tres: una primera en agosto, a la hija de la ya abanderada de las víctimas, Teresa Prados. La niña tenía 16 años aquel verano y un grupo de jóvenes la obligó a realizarles felaciones, también en los aseos públicos. Meses más tarde tuvo lugar otro desagradable episodio que no culminó en una violación, pero que incluyó tocamientos y golpes: otro grupo armado, ya conocido por la policía, abusó de una menor en un túnel del terror de L'Escorxador, a las afueras del mismo centro comercial, en octubre. Apenas un mes después, tuvo lugar la que más dio que hablar: la violación de una niña de Ghana de 11 años

Fotomontaje de un grupo de jóvenes en el Centro Comercial Màgic de Badalona / METRÓPOLI

Ya en 2023, se han producido otras tres agresiones más, algunas avanzadas por este digital: bien entrado el año, el 3 de enero, unos chicos gitanos le "tocaron el culo" --según fuentes policiales-- a una chica de origen chino en la entrada del Màgic. Semanas después, en marzo, una niña de tan solo 13 años se atrevió a contar que su ex novio y familiares del joven llevaban meses obligándola a tener sexo oral con ellos. Un caso que los culpables, incluyendo el tío de la víctima, calificaban como "tradición y honor a la familia". Finalmente, este sábado se daba a conocer otra violación grupal a una menor ocurrida también en el Gorg, en una zona abandonada junto a la Escuela Badalona Port.

PERFIL DE LOS AGRESORES

Excepto en el caso del joven captado a través de una app, todas las agresiones sexuales sacadas a la luz recientemente han sido perpetradas por grupos de jóvenes con perfiles similares a los explicados: todos en edades muy tempranas, algunos incluso menores de 14 años y no más de 20, que actúan en manada y se protegen los unos a los otros. Provienen de los barrios más marginales de Badalona y de entornos desestructurados que, en ocasiones, alaban el comportamiento de sus miembros. Algunos de los culpables no muestran ningún tipo de arrepentimiento y se recrean en el ataque: también graban en vídeo las agresiones. Muchos de ellos se aprovechan, además, de ser inimputables.

A pesar de que los Mossos d'Esquadra aseguran tener identificados a la mayoría de implicados en estos episodios, ningún castigo pesa lo suficiente como para parar la oleada de agresiones sexuales que se suceden en el municipio. Alguno de ellos podría, incluso, ser reincidente y estar relacionado con más de un caso. La Unidad Central contra las Agresiones Sexuales (UCAS) de los mossos está investigando la mayoría de estos sucesos y la policía autonómica informará la tarde de este jueves sobre posibles acciones para atajar la problemática.

Una agente de los Mossos d'Esquadra en el barrio de Sant Roc de Badalona / LUIS MIGUEL AÑÓN

LA COMUNIDAD GITANA SE DESVINCULA

Por otra parte, fuentes cercanas al entorno de los agresores han explicado a este medio que los implicados son, en gran número, pertenecientes a la comunidad gitana. Metrópoli ya se puso en contacto con miembros destacados del barrio de Sant Roc, que derivaban el castigo en "la justicia y la policía". Se desvinculaban de las agresiones y sentenciaban: "Quien lo ha hecho, que lo pague". Sin embargo, muchos de los jóvenes autores campan a sus anchas tras los ataques e instauran el miedo: por lo menos dos de sus víctimas han recibido amenazas hasta el punto de tener que abandonar la ciudad o usar sobrenombres.

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