Pásate al MODO AHORRO
Colas ante el Consulado de Pakistán en Barcelona

Colas ante el Consulado de Pakistán en Barcelona DAVID ZORRAKINO-EUROPA PRESS

Opinión

Regularización inhumana de inmigrantes. ¿En serio, señor Feijóo?

"La mayoría son inmigrantes que están trabajando. Ahora se les darán papeles para legalizar su situación. Debe ser esto la regularización inhumana de la que habla Feijóo y que jalea Abascal con la aquiescencia de Orriols"

Publicada

El Gobierno ha aprobado la regularización de inmigrantes y se ha desatado la mundial. Se pretenden regularizar unos 500.000, de los que 24.000 viven en Barcelona y unos 150.000 en Cataluña. Aplaudo la medida sin medias tintas, con entusiasmo, siendo consciente de que no será un trámite exento de problemas. Como lo fue con Zapatero y como lo fue en las dos regularizaciones que hizo Aznar. Una con 264.153 personas y otra con 239.174.

Es patético y vomitivo escuchar a la JUPOL -sindicato policial de referencia de la derecha española-  que se nos colarán todos los delincuentes por la puerta de atrás, y que la cifra de 500.000 es efímera porque llegarán a los dos millones con la reagrupación familiar.

Ahora para estos modernos reagrupar estas familias debe ser un delito. Debe ser la mayor expresión del reemplazo. Les traiciona el subconsciente porque no deben contemplar que el grueso de la regularización es sudamericano. Es patético y vomitivo escuchar a Feijóo de que la regularización es inhumana.

¿Perdón? Injusta ¿Por qué? Insegura, como todas e insostenible, también sin dar un razonamiento. Se dejó una palabra brillante que también empieza por “i”: idiota. Y otra, indecente, cuando dijo sin despeinarse que violadores y ladrones serán regularizados.

Que vamos a asistir a trampas, nadie lo duda. Siempre ha pasado así. Pero, para eso está la policía -o no señores de Jupol- y los servicios de extranjería. Para evitarlo. Para evitar chanchullos y para evitar que se nos cuelen indeseables.

Como han hecho siempre. Además, la mayoría de los regularizados, su inmensa mayoría, no serán delincuentes. Alguno de los que vocifera podría pasearse por las decenas de obras que se realizan en Barcelona. ¿Quién trabaja? Por las tierras del Baix Llobregat, Penedés o Maresme. ¿Quién las trabaja?

Ya les digo que encontrar un autóctono es para premio. La mayoría son inmigrantes que están trabajando. Ahora se les darán papeles para legalizar su situación. Debe ser esto la regularización inhumana de la que habla Feijóo y que jalea Abascal con la aquiescencia de Orriols.

También sería un ejercicio de formación para superar la miopía social ver quienes forman las huestes que atienden a nuestros mayores, quienes conforman el grueso de trabajadores de la hostelería y la restauración.

¿Quiénes limpian nuestras habitaciones? Son los inmigrantes, señores, ustedes que consideran que es una regularización injusta. La patronal y la iglesia están a favor. La Iglesia por razones humanitarias y la patrona porque es consciente que necesita mano de obra. Por cierto, si están regularizados cobran en blanco y pagan sus impuestos. ¿Para quién es injusta señor Feijóo?

Dicen también que los servicios básicos se colapsarán. ¿Dónde? En Barcelona y en Cataluña ya utilizan la sanidad y la educación. No son nuevos inmigrantes, son los que ya están. Los 24000 de Barcelona seguramente se quedarán cortos y se registrarán muchos más. No es una idea baladí la del ayuntamiento. Crear una oficina para ayudar a gestionar las tramitaciones. Por un lado, agilidad, y por otro control. Podrían aplicarse el cuento otros ayuntamientos y otras comunidades.

Los más quejosos, seguramente, serán los patriotas -muy patriotas diría yo- que los explotan y que les pagan miserias en negro. Para ellos la regularización es inhumana porque les deteriora su estatus, es injusta porque les jode el chollo, es insegura porque los puede retratar y les generará una situación más que insostenible.

Para ellos habla el presidente del PP que solo tiene un afán: echar a Sánchez. Es lícito pero Feijóo con estas sandeces majaderas demuestra que está incapacitado -otra “i” por si le falta- para ser presidente del Gobierno.