Calle Sabino Arana, en Barcelona
Cambio de cromos
"Démosle la plaza que merece a Salvat-Papasseit, el autor de Res no es mesquí, pero apliquémosle un cierto downsizing y otorguémosle una sencilla calle. Personalmente, propongo la de Sabino Arana. ¿Qué les parece?"
El poeta Joan Salvat-Papasseit (Barcelona, 1894 – 1924) tuvo una plaza a su nombre cuando la República y la perdió, por socialista y librepensador, tras la guerra civil, cuando el lugar le fue adjudicado al virrey del Perú Manuel Amat i Junyent (Vacarisses, 1704 – Barcelona, 1782); ¿un antepasado lejano del gran Miquel Roca, padre de la Constitución?). Gracias al empeño de una serie de voluntariosos ciudadanos, se acaban de recoger las firmas necesarias para solicitar al ayuntamiento que le quite la plaza al virrey y se la devuelva al poeta.
Resulta enternecedor que, en un mundo que se va rápidamente al carajo, aún quede gente a la que le preocupen cosas como estas. Con personajes más recientes que el buen virrey es más fácil que te hagan caso: recordemos cuando eliminamos al almirante Cervera del callejero barcelonés para darle su calle de la Barceloneta al actor Pepe Rubianes.
Bastó con inventarle un poco de leyenda negra al almirante y hasta Ada Colau lo tildó de franquista, aunque el pobre hombre no destacó en la guerra civil, sino en la de Cuba (año más, año menos, ¡un facha!).
Aunque no es del todo descartable que alguien de los comunes salga con detalles abominables del almirante durante la batalla de Brunete, va a ser difícil convertir en franquista al virrey, un hombre que destacó en su cargo por fomentar el comercio, las artes y la cultura y al que todavía le quedó tiempo para convertirse en el amante sexagenario de la joven y popular actriz limeña Micaela Villegas, alias La Perricholi, femme fatale de la época que le dio algunos problemillas en la corte de Madrid por libertino, pero que nadie duda de que se lo hizo pasar muy bien.
Conclusión: no es tan fácil quitarle la plaza al virrey que soplársela a José Calvo Sotelo.
Y no porque le falten méritos al poeta Joan Salvat-Pappaseit, héroe romántico y social muerto de tuberculosis a los treinta años y prácticamente olvidado hasta los años 60, cuando la gente de la Nova Cançó empezó a reivindicarlo merecidamente (recuerdo al respecto un bonito disco de Ramon Muntaner, un muchacho excelente que también murió antes de tiempo).
Salvat-Papasseit se merece figurar en nuestro callejero, pero, ¿no podríamos buscarle otro sitio que no conlleve la desaparición del virrey, probo funcionario al que nada se le puede reprochar, más allá de su pasión por La Perricholi?
Pese a la denominación franquista, nuestro virrey no es un tipo especialmente despreciable al que se pueda acusar de hechos abominables. Se portó bien con los indígenas, se preocupó por el desarrollo de las artes y se esforzó por convertir al Perú en la joya de la corona (española, si, pero es que no había otra, igual que ahora, por cierto).
Insisto en que la iniciativa ciudadana me parece admirable en la época que vivimos. Entramos en el nuevo año con el secuestro de Nicolás Maduro y las amenazas de Trump de quedarse con Groenlandia.
En Barcelona hace un frío que pela y se nos acaba de morir congelado un homeless. Uno de cada cinco catalanes es pobre. Nos vamos a dejar en las rebajas lo que nos sobró de los Reyes Magos (si es que sobró algo y no hubo que pedir un crédito para no decepcionar a los chavales) y luego empezarán a caernos sopapos financieros de todos lados.
En 2026, comprar un piso costará un 6% más. Y alquilarlo, un 10 %. Los precios seguirán subiendo y los sueldos seguirán sin hacerlo…
Ante ese panorama infernal, unos cientos de almas nobles demandan el regreso de un poeta del siglo XX al callejero barcelonés y la desaparición del mismo de un virrey del XVIII.
Entrañable muestra de solipsismo, muy barcelonesa, que pone en práctica el viejo lema de aquel personaje del Club Super 3 el Capità Enciam, que rezaba: “Los pequeños gestos son poderosos”. En fin, adelante con los faroles. Démosle la plaza que merece el autor de Res no es mesquí, pero apliquémosle un cierto downsizing y otorguémosle una sencilla calle. Personalmente, propongo la de Sabino Arana. ¿Qué les parece?