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El líder de Junts en el Ayuntamiento, Xavier Trias, con los concejales Jordi Martí, Neus Munté y Joan Rodríguez, junto al expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont

El líder de Junts en el Ayuntamiento, Xavier Trias, con los concejales Jordi Martí, Neus Munté y Joan Rodríguez, junto al expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont @XAVIERTRIAS

Opinión

¿Qué ha hecho Junts per Catalunya (CiU) por Rodalies?

"Reclamar el AVE resultaba moderno, europeo, grandioso. Rodalies era cosa de los habitantes metropolitanos, que, en su mayoría, votaban a alcaldes socialistas. Pedir inversiones en Cercanías suponía entrar en la gestión farragosa y en la colaboración con el Estado, con Renfe. No resultaba muy sexy"

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Un discurso repleto de reproches, en contra de España, de lo que han impulsado los gobiernos españoles en las últimas décadas, como si la fuerza política que les dio apoyo acabara de nacer, como si hubiera estado en otro planeta durante todos esos años.

Es lo que hizo Carles Puigdemont el pasado jueves, implicando también al Govern de la Generalitat que preside el socialista Salvador Illa, al que calificó de haber acreditado una “clamorosa incompetencia”.

Causa sonrojo. Todos los dirigentes políticos cometen errores, pero también aciertan en muchas decisiones. España es hoy uno de los países punteros en el mundo, y Catalunya se puede atribuir parte del avance logrado desde la transición a la democracia. Pero en lugar de exhibir orgullo, esa modernidad se desprecia.

Lo que se debe reclamar a todos es que sean algo honestos cuando se refieren a determinados problemas no resueltos. Y eso no es algo en lo que destaque Puigdemont, ni los dirigentes de Junts per Catalunya en su conjunto, antes conocidos con las siglas de CiU.

Como en La vida de Brian, cuando los judíos se preguntan por lo que han hecho los romanos por ellos, --acaban admitiendo que se lo deben casi todo—podríamos formular la misma cuestión a Junts per Catalunya o a CiU. Pero en este caso la respuesta sería muy distinta. ¿Qué ha hecho Junts per Catalunya por Rodalies? Nada, prácticamente nada.

Aunque ahora pidan la luna y reprochen a ‘España’ la situación delicada en la que se encuentra todo el servicio de Rodalies en Catalunya, la presión de CiU sobre los gobiernos centrales en esa cuestión fue históricamente mínima. No les interesaba Cercanías. Estaban en otra cosa.

Y eso es importante, porque las inversiones no resuelven las deficiencias en pocos años. Deben ser constantes en el tiempo y debe haber un interés central en mejorar el servicio. CiU no lo hizo. No creía en el servicio del tren a corta distancia. Quería otra cosa y lo demostró con contundencia. Insistieron los grupos parlamentarios de CiU en Madrid y sus dirigentes en Barcelona en reclamar el AVE, en que todas las provincias catalanas estuvieran conectadas a través de la alta velocidad.

Las prioridades presupuestarias estaban en otro lado. Y se incrementaron y se inclinaron por el AVE de forma notable con los gobiernos del PP. Fue Álvarez Cascos quien formuló la promesa de conectar todas las capitales con Madrid. ¿Lo sabe todo eso Carles Puigdemont?

El AVE para CiU suponía una apuesta por un país moderno, Catalunya, competitivo, que estuviera conectado con Europa. Y es cierto que forma parte del debate el hecho de que el gobierno de Felipe González decidiera conectar primero Madrid con Sevilla antes que Barcelona. Pero el hecho es que esa conexión con la capital catalana llegó, y también con Girona, Tarragona y Lleida.

El argumento de CiU se centró en la falta de inversión por parte del Gobierno central. Y, al no tener la gestión económica del servicio de Rodalies, --de hecho se renunció a pedir la transferencia en 1998—se prefirió denunciar el “agravio comparativo” con Madrid. No priorizó CiU mejoras en el servicio de Rodalies en las negociaciones de los presupuestos generales del Estado. Lo que se hizo fue negociar para lograr grandes inversiones en grandes obras, fuera el AVE o el puerto de Barcelona.

La vertiente política fue clara. A CiU el electorado del área metropolitana de Barcelona no le interesaba especialmente, porque lo daba por perdido, en manos de los socialistas. ¿Para qué batallar por ellos?

Llegó CiU a reclamar –y fue muy insistente, paralizando los proyectos—en que el AVE pasara por el Vallès, sin entrar en el centro de Barcelona, con el argumento de la falta de seguridad. La capital catalana siempre les generó urticaria.

Y luego pasaron muchas cosas. La crisis enorme de 2008, con recortes contundentes en todas las grandes inversiones. Con el proceso independentista, en gran parte consecuencia de esa crisis en el conjunto de España, los herederos de CiU reclamaron el traspaso a la Generalitat del servicio. No había espacio para negociar lo menudo, para la pelea por partidas económicas. Era el todo o nada. El “traspaso total”.

Se puede decir más claro. Reclamar el AVE resultaba moderno, europeo, grandioso. Rodalies era cosa de los habitantes metropolitanos, que, en su mayoría, votaban a alcaldes socialistas. No era muy atractivo para el electorado clásico de CiU. Pedir inversiones en Cercanías, en cambio, suponía entrar en la gestión farragosa y la colaboración con el Estado, con Renfe. No resultaba muy sexy.

El cambio ha llegado en los últimos años, con inversiones y ejecuciones de esas inversiones. ¿Que el Gobierno central no cumple? Eso merece la crítica y el reproche. Pero la orientación ha cambiado por completo en los últimos cuatro años. Ahora bien, ¿Critica Puigdemont al Gobierno de Pedro Sánchez porque no se ha hecho en los últimos 35 años lo que CiU no reclamó?

Eso se puede explicar: se trata de una enorme desfachatez.

Pueblo judío, ¿Qué hizo Junts per Catalunya por Rodalies? Nada. Igual toman nota los cuarentones independentistas que claman tanto en las redes sociales y no dejan de insultar.