Tito Álvarez durante una manifestación del taxi
El gran Tito te vigila
"Más vale que el ayuntamiento se prepare para lo que se nos viene encima con el infierno y el martillo pilón del bueno de Tito, que ni en Venezuela deja de contribuir, a su peculiar manera, a la armonía ciudadana en nuestra querida ciudad"
¡Temblad, conductores de VTC! ¡La nueva ley del taxi será un infierno para vosotros! ¡Tito se convertirá en vuestra pesadilla y en un martillo pilón que os descuajeringará si seguís en las mismas! Este es el mensaje que ha enviado desde la venezolana isla Margarita el carismático líder de Elite Taxi, Tito Álvarez, quien anuncia su visita a Barcelona en marzo para poner orden y condenar a las VTC al llanto y crujir de dientes permanentes.
Tito visitó la isla en cuestión, se echó novia y decidió quedarse a vivir allí. Ante semejante coyuntura, lo normal habría sido disfrutar del amor de su chica y de las playas del Caribe y olvidarse de nuestra ciudad, pero parece que eso lo ha hecho a medias. Por un lado, anuncia la creación de un hogar para niños de la calle (lo que nos parece muy bien) y, por otro, asegura que no dejará solos a sus queridos compañeros de oficio (lo que ya no nos parecen tan bien)
Se tiene que aprobar en breve la ley del taxi en Barcelona y nuestro Tito pretende influir en ella para conseguir que Uber, Cabify y demás figuras de la competencia muerdan el polvo. Amenaza, incluso, con acciones de protesta si pintan bastos, que es algo que da mucho miedo a nuestras administraciones, pues conocen de sobras las performances de Tito y suelen ser de traca, como cuando inmovilizó la Gran Vía con los coches de sus secuaces, algunos de los cuales (era verano) se trajeron piscinitas para que sus niños chapotearan felices en mitad de un atasco monumental.
Tito andaba algo pocho (crear infiernos debe dar mucho estrés) y unos buenos amigos le recomendaron que visitara la isla Margarita. La expedición fue un éxito y el hombre piensa quedarse allí para los restos. Pero en Elite Taxi han perdido la oportunidad de sustituirlo por alguien propenso al diálogo y la negociación, en vez de tenerlo en Venezuela supervisando lo que se hace por aquí. Yo diría que, en este tipo de coyunturas, hace falta alguien más moderado que Tito, cuya principal obsesión parece ser matar de hambre a los conductores de VTC.
Gracias a Tito, Barcelona es, probablemente, la única ciudad del mundo en la que la convivencia entre las VTC y el taxi tradicional es imposible. Tú vas a Madrid y se te permite escoger entre un taxi y un Uber. Y, que yo sepa, la cosa transcurre dentro de la normalidad.
Prohibir por ley la existencia de las VTC, que es a lo que aspira nuestro Tito -ahora desde Venezuela-, no debería ni contemplarse (y lo digo yo, que recurro con más frecuencia al taxi que pasa por la calle que al Uber al que debo telefonear). Las sociedades avanzan y prosperan. Lo sé, no siempre de la manera adecuada, pero, ¿verdad que nos sonaría absurdo que alguien propusiera la prohibición de los teléfonos móviles para que la gente volviera a esos fijos que ya solo tienen una función decorativa en casi todos los hogares?
Comprendo que Tito se preocupe por los suyos, pero esa preocupación no debería incluir el deseo de hacer fosfatina a la competencia. Es más, hay que encontrar una manera de que en Barcelona los taxis cohabiten con los Uber. Si se ha logrado en Madrid (y en París, Londres y Nueva York), ¿por qué no puede conseguirse aquí?
Pues me temo que por gente como Tito Álvarez, que no entiende (o no quiere entender) el libre mercado. El hombre insiste en que la situación de Madrid es capitalismo imperialista del peor, y que Barcelona debe darle una lección de progresismo a Isabel Díaz Ayuso. No niego que a la buena señora le viniesen bien unas lecciones de progresismo, pero no la que anhela Tito.
No sé cómo acabará este follón, pero más vale que el ayuntamiento se prepare para lo que se nos viene encima con el infierno y el martillo pilón del bueno de Tito, que ni en Venezuela deja de contribuir, a su peculiar manera, a la armonía ciudadana en nuestra querida ciudad.