Una imagen de archivo de Gabriel Rufián en el Congreso / EFE
ERC en su laberinto
"Aragonès presentó unos presupuestos en 2023 que salvó Illa. ERC podría hacer ahora lo mismo porque son presupuestos expansivos con dinero e inversiones. Pero, va en contra de su ADN. ¡Qué más da que Barcelona pierda 250 millones!"
El gran Joaquín Romero nos lo explicaba muy bien en estas páginas. ¿Qué Esquerra Republicana tenemos delante? La de Rufián, que trata de recuperar el aliento de la izquierda en toda España para evitar un gobierno con la ultraderecha. La de Alamany, que por hacer morder el polvo a Jaume Collboni aprueba ampliar las becas comedor a todas las familias tengan la renta que tengan, siguiendo un modelo liberal ya inventado y que aplica con nota una tal Isabel Díaz Ayuso.
O la de Junqueras, con la que si te vas a tomar un café vigila tu cartera, como ha podido comprobar el president Salvador Illa a cuenta de los presupuestos.
Tanto Alamany como Junqueras tienen un denominador común. No son de fiar. Resucitan ese famoso gen suicida de ERC que no desaparece nunca, que siempre está ahí. Parece que son tus amigos, primero a la primera de cambio te levantan la camisa. Lo vivieron en propias carnes José Montilla y Pasqual Maragall. Y lo vivió el propio Puigdemont en los momentos cumbre del procés.
De Rufián, parece que te puedes fiar aunque lo que básicamente parece es que no sea de ERC. Rufián es un tipo de izquierdas. ¿Lo es ERC?
Tengo mis dudas. Ampliar las becas comedor está bien, pero si ERC es socio preferente, ¿no hubiera sido mejor apretar al PSC en esta materia y presentar una propuesta progresiva que tuviera en cuenta la renta familiar, en lugar de aliarse con la derecha en pleno, ya sea española o catalana?
¿No hubiera sido mejor enfundarse el uniforme de izquierdas, ser leal a los pactos y sacar pecho por el éxito de su medida, en lugar de dejar al gobierno municipal en minoría en una proposición que ni siquiera tiene que cumplir?
Alamany no sabe si es de izquierdas o derechas. Tampoco parece que sepa si es secretaria general de ERC o candidata por Barcelona.
Ser desleal parece ser la norma de los republicanos. Junqueras y Alamany están desaprovechando una oportunidad de oro: hacer políticas de izquierdas para frenar a la derecha, achicando espacios a los bulos y las mentiras, a las soluciones simplistas a los problemas complejos. Alamany lo hace en Barcelona y Junqueras lo hace en Catalunya.
Aragonès presentó unos presupuestos en 2023 que salvó Illa. ERC podría hacer ahora lo mismo porque son presupuestos expansivos con dinero e inversiones. Pero, va en contra de su ADN. ¡Qué más da que Barcelona pierda 250 millones!
Además, la deslealtad deja en evidencia el gen suicida. Si no hay presupuestos podemos ir de cabeza a un adelanto electoral y Oriol Junqueras se hará un Froilán, un tiro en el pie porque no sería candidato. La fiesta interna de ERC, su gen suicida, saldría a la luz y las guerras cainitas volverían a primera línea. Alamany ha dicho que quiere ser candidata por Barcelona, sin primarias por si acaso se pierden, pero ¿podría ser candidata en Catalunya?
No lo sé, evidentemente, pero ¿alguien en ERC ha pensado que ante la coyuntura mundial, con Trump desatado y más autoritario que nunca, Sánchez podría convocar elecciones? Y para colmo, hacerlas coincidir con las catalanas y las andaluzas.
Alamany decía esta semana que el PSC debería elegir entre el PSOE y Catalunya por la cesión del IRPF.
Solo un detalle. En España mejor que esté el PSOE para seguir avanzando en autogobierno y seguir negociando inversiones. Con otros, mejor ni pensarlo. Y en Catalunya, apostemos por la política para seguir teniendo una mayoría de izquierdas.
Hoy la tenemos pero podemos perderla por el auge del autoritarismo nacionalista catalán y español. ERC tiene que salir de su laberinto y ser de verdad un partido de izquierdas.
El frente de izquierdas que propugna Joan Tardà es muy voluntarista pero topa con una dirección que sigue en su laberinto sin ver que dentro está el Minotauro en forma de ultraderecha.