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Plaza de Vallcarca para la que se ha propuesto el nombre de 'Capitán Trueno', junto al personaje de cómic

Plaza de Vallcarca para la que se ha propuesto el nombre de 'Capitán Trueno', junto al personaje de cómic FOTOMONTAJE METRÓPOLI

Opinión

La plaza del Capitán Trueno

"La memoria del cómic catalán nunca ha sido una prioridad de nuestros gobernantes por estar escrito en su mayoría en castellano. Les envío desde aquí mi solidaridad a los vecinos de Vallcarca, pero les informo de que tienen por delante una batalla de años. Es más, aconsejo conformarse con la plaza (con placa) del Capitán Trueno, que, por lo menos, hará feliz a Arturo San Agustín, esté donde esté"

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Durante sus últimos años en este planeta, el periodista Arturo San Agustín contó para sus artículos con dos temas recurrentes: dirigirse al alcalde de turno de tú a tú para comentarle temas de la ciudad (que al munícipe le entraban por un ojo y le salían por el otro) y solicitar que se le dedicara un rincón de nuestra ciudad, con su preceptiva placa, al Capitán Trueno, héroe del cómic nacido, como yo, en 1956 y fruto del talento del guionista Víctor Mora y el dibujante Miguel Ambrosio Zaragoza, en arte Ambrós (que en paz descansen ambos y, si pueden, que conversen con Arturo, que era un tipo muy agradable).

Yo hubiese preferido que la placa se la pusieran a Víctor, otro tipo muy agradable, pero ya me apañaba con una calle o una plazuela para el héroe de mi infancia, aunque fuese un personaje de ficción (todos acaban siéndolo tras tres o cuatro generaciones).

Huelga decir que el pobre Arturo nunca se salió con la suya. Pero ya se sabe que las cosas de palacio van despacio, y ahora el ayuntamiento se dispone a otorgarle al novio de la nórdica Sigrid una placita en Vallcarca, donde estuvo la sede de la editorial Bruguera, que es la que editó sus andanzas junto a Crispín y Goliat. La localización pretendida es la comúnmente conocida como Plaça de la Farigola, un pequeño enclave a final de la calle del mismo nombre.

El problema es que los vecinos no se conforman con una placita a nombre del personaje de Mora y Ambrós. Les parece poca cosa y preferirían algo que sirviera para recordar a la difunta editorial Bruguera en particular y al tebeo barcelonés en general. Les gustaría que se abriera un centro de estudios para el que incluso cuentan con un emplazamiento, el viejo monasterio de la Mare de Déu de la Divina Providència.

Me temo que esta sugerencia ha cogido con el paso cambiado a nuestro ayuntamiento, que creía que con la placita y la placa iba que chutaba. Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy con los vecinos. Pero me veo obligado a recordarles la mala suerte que han tenido en nuestra ciudad todos los intentos de contar con un Museo del Cómic. Tan mala suerte que seguimos sin tenerlo tras años de porfiar con la Generalitat para conseguirlo.

Si no recuerdo mal, los aficionados a los tebeos -fascinados por el Centre National de la bande dessinée francés, con sede en Angulema, comarca de la Charente- empezamos a dar la chapa al respecto a finales de los años 80 del pasado siglo. Tras muchas largas, se encontró un local en Badalona al que nunca llegaron los tebeos previstos y que acabó siendo destinado a otros usos.

Las largas tenían un motivo más o menos oculto: no se podía crear un museo nacional con casi todo su material escrito en castellano (aunque la mayoría de los autores fuesen catalanes). O era muy difícil, como me dijo Ferran Mascarell cuando aún nos dirigíamos la palabra. Hubiese bastado con crear un museo del tebeo español, pero parece que eso ni se contemplaba.

Seguimos sin tener museo y lo más parecido, desde la modestia, es la institución creada en Sant Cugat por el coleccionista Paco Baena. Ahora se trataría de convencer al ayuntamiento de Barcelona para crear ese centro de la historieta que piden algunos vecinos de Vallcarca. Debería ser más fácil, teóricamente, que con la Generalitat convergente, pero dado el trato exquisito que aplica el PSC a los nacionalistas, que serían los primeros en protestar, como ahora lo están haciendo ante la visita del Papa por no hablar lo suficiente en catalán, no lo tengo muy claro.

La memoria del cómic catalán nunca ha sido una prioridad de nuestros gobernantes por estar escrito en su mayoría en castellano. Les envío desde aquí mi solidaridad a los vecinos de Vallcarca, pero les informo de que tienen por delante una batalla de años. Es más, aconsejo conformarse con la plaza (con placa) del Capitán Trueno, que, por lo menos, hará feliz a Arturo San Agustín, esté donde esté.