Interior de la Biblioteca de Catalunya / BIBLIOTECA DE CATALUNYA
Una labor entre silencios
"Las bibliotecarias están en un difícil equilibrio entre los libros más solicitados y comerciales y los libros de mayor calidad literaria. Entre los autores más conocidos y mediáticos y los que no lo son, pero que merece la pena conocer"
Los medios de comunicación no hablan de ellas. Los escritores mediáticos, que tanto les deben porque se benefician de sus clubs de lectura, no les citan cuando les entrevistan. Su espacio es silencioso. Una tarea, velar por el silencio. Son las bibliotecarias y los bibliotecarios. Silenciadas.
La Mancomunidad de Catalunya creó la Escuela Superior de Bibliotecarias en 1915. Su primera sede estaba situada en el Edificio del Reloj de la Universidad Industrial de Barcelona. Lo dirigía Eugeni d'Ors (1981-1954). Durante medio siglo fue la única de España.
Sólo para mujeres porque, según Ors, cobraban menos y también “por una cuestión estética, ya que el personal femenino reafirmaría el carácter atractivo, amable, pulido y aseado que queremos dar a nuestras instalaciones”.
Cristina Rufí i Juanals es licenciada en filología catalana y graduada en información y documentación. Dirige una biblioteca municipal luminosa y tranquila. Más de veinte años de oficio la avalan. “Todo ha cambiado mucho. No somos como el estereotipo”, explica.
El estereotipo es “señoras mayores con gafas, moño y malcaradas”. Como la señorita Rottenmenyer de Heidi, la obra de Johanna Spiry, y que vimos la versión televisiva de dibujos animados. También los usuarios llamados ratas de bibliotecas. Y los ratones.
“Organizamos un concurso de microrrelatos sobre bibliotecas, y en todos aparecía un ratón”, dice. Otra imagen clavada en el inconsciente colectivo es “un almacén relleno de libros viejos y llenos de polvo.”
Nada que ver con la Central de Préstamo y Servicios Especiales de la Generalitat. Ubicada en L'Hospitalet de Llobregat ocupa 5.000 metros cuadrados y un edificio de 9.000 metros cuadrados. Gestiona el préstamo interbibliotecario de Catalunya.
Un problema es el espacio. "Imposible almacenar todos los libros que se publican. Hay que seleccionar y aprender a tirar los libros viejos para sustituirlos con nuevas ediciones más actuales", aconseja.
“Si la cultura es un reducto, las bibliotecas somos el reducto del reducto”, opina. Porque en las bibliotecas es en lo último que piensan los gestores políticos. Uno de los motivos es que después de la guerra las bibliotecas eran gestionadas por la Diputación y la Caixa, no por los ayuntamientos.
Cuando por ley, la gestión de las bibliotecas se traspasó a los ayuntamientos, éstos no tenían experiencia, nunca habían tenido esta función. No había nada preparado: ni presupuestos, ni recursos. “Sería mejor que la gestión dependiese de la Diputación o de la Generalitat, porque nos ahorraría mucha burocracia".
Rufí es una profesional bien informada. “Cuesta mucho encontrar incentivos buenos en esta sociedad, la biblioteca es un lugar positivo, que aporta calidad de vida. Bibliotecarias y bibliotecarios lo posibilitan con su trato amable en un entorno acogedor, agradable y gratuito.
"Los usuarios suelen venir contentos y con buena predisposición, esto hace que nosotros también podemos tener mejor trato con el usuario que en otros ámbitos de la atención al cliente", compara.
Se esfuerzan para que las personas salgan más contentas que cuando entran. Además, las bibliotecas son, en ocasiones, un espacio de compañía.
"Ir a buscar un libro a la biblioteca es una excusa para salir de casa y tener conversación”. Por eso miman a sus clubs de lectura, otro bien cultural y social mediáticamente silenciado. Incentivan la lectura.
Las bibliotecarias están en un difícil equilibrio entre los libros más solicitados y comerciales y los libros de mayor calidad literaria. Entre los autores más conocidos y mediáticos y los que no lo son, pero que merece la pena conocer. “Porque en la biblioteca la cuestión ética está por encima de la cuestión económica y comercial".
No todo es paradisíaco. “Hay maleducados de todas las edades y algunas veces nos han insultado y amenazado en diferentes idiomas”. También les han robado “ratones” de los ordenadores, han dañado mobiliario y han pintado paredes con espray.
No se queja y se la ve contenta porque “humanamente recibo más de lo que doy”. Que es mucho.