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Vista aérea de Barcelona y su área metropolitana

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Opinión

Descentralizar Barcelona

"Si aumenta la población de las ciudades metropolitanas pero algunos servicios imprescindibles siguen concentrándose en Barcelona, los transportes no darán abasto. Ya no lo dan. Y se mire por donde se mire, en Barcelona no hay más terreno"

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Barcelona es la capital de Cataluña. Como tal acoge las sedes de los diversos departamentos gubernamentales, lo que no impide que recurrentemente reclame que algunas instituciones españolas trasladen su sede a la ciudad. Entre otras, el Senado.

La descentralización tiene virtudes. También la concentración. Lo que no parece demasiado coherente es reclamar que se descentralice la administración dependiente del Estado y acrecentar el proceso centralizador en Cataluña, casi siempre mirando a la capital catalana.

Joan Clos, cuando era alcalde, insistía en que la Barcelona del futuro (pensaba en términos metropolitanos) tendría diferentes centros. Uno de ellos, que él mismo impulsó, el nuevo Besòs.

Lo cierto es que aquellos proyectos nunca han sido tomados demasiado en serio y Barcelona sigue siendo centro urbanístico metropolitano y concentrando áreas de densa actividad.

Parte de los problemas de movilidad se deben a ese exceso centralizador.

Los accesos por carretera se colapsan cada día y casi todos los recorridos ferroviarios (los de Renfe y los de FGC) basculan en torno a la ciudad.

La línea 9 del metro (en construcción) sólo es metropolitana en unas pocas paradas, todas ellas muy cercanas a Barcelona. Y las penúltimas ampliaciones de FGC se han concentrado en Terrassa y Sabadell. Las últimas, nuevamente en Barcelona.

También su periferia inmediata empieza a estar saturada.

El tramo de la AP-7 que antes se denominaba tercer cinturón es una trampa día sí, día también. Pero el cuarto cinturón no acaba de cerrarse.

Estos días es triste noticia el túnel ferroviario de Rubí, por donde de momento no pasan las mercancías, que por motivos obvios tampoco pueden utilizar el trazado que cruza la ciudad. Pero apenas nadie piensa en un cinturón ferroviario más o menos paralelo al cuarto cinturón viario que salvara la más que densa conurbación metropolitana.

El proyecto recientemente replanteado de una vía que una Lleida y Girona, de trazado similar al Eix Transversal, puede resultar de utilidad, pero no para las mercancías de los puertos de Tarragona y Barcelona.

Son años de centralismo barcelonés. Años sin reconocer un hecho físico: el territorio de Barcelona es muy pequeño. En términos de extensión equivale al Madrid de los Austrias, es decir, apenas su centro real.

El futuro de Barcelona, la solución a los problemas de vivienda y movilidad pasa por pensar en términos metropolitanos.

Hubo un alcalde no electo, Enric Massó, que llegó a hablar de convertir el Tibidabo en la nueva plaza de Catalunya. Era una forma de defender la expansión metropolitana de Barcelona.

Es probable, sin embargo, que entre sus proyectos no figurara respetar la principal área verde de la ciudad, el parque de Collserola, hoy inutilizado para paseos por la peste que ha matado a unos cuantos jabalíes.

Lo que el Ministerio de Transportes está haciendo en Rodalies es imprescindible, pero no deja de ser un parche con los días contados.

Las inmobiliarias ya han empezado a buscar solares y ofrecer vivienda en Cornellà, Viladecans, Sant Boi, Badalona, Montcada, El Prat, incluso Sitges, Vilanova, Vilafranca, Mataró y Granollers. Topan, claro, con problemas de movilidad.

Si aumenta la población de las ciudades metropolitanas pero algunos servicios imprescindibles siguen concentrándose en Barcelona, los transportes no darán abasto. Ya no lo dan. Y se mire por donde se mire, en Barcelona no hay más terreno.

Del mismo modo que se exige que algunas empresas públicas tengan su sede en Barcelona y no en Madrid, habría que empezar a pensar que algunas entidades públicas pueden instalar su sede en Sabadell, en Terrassa, en Cerdanyola o en Mollet.

Este proceso es impensable si hay gobiernos nacionalistas. Las propuestas territoriales del pujolismo no han mejorado nada, al contrario, han empeorado la situación.

Pujol suprimió en su día la Corporación Metropolitana y luego impulsó una organización basada en la comarca, heredera del periodo republicano. La comarca era el territorio a cuya capital con mercado se podía ir (y volver) en el día. Pujol pasó por alto que la movilidad de 1936 no incluía coches ni apenas trenes.

Tiene su lógica, CDC era un partido conservador, con la mirada siempre puesta en un pasado que sólo existía en sus ensoñaciones. Pero para ir hacia el futuro, mirar hacia atrás resulta escasamente práctico.