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Campaña “Poca Vergonya” del Ayuntamiento de Barcelona contra el incivismo

Campaña “Poca Vergonya” del Ayuntamiento de Barcelona contra el incivismo Ayuntamiento de Barcelona

Opinión

No hagas bien al malo ni con jarabe de palo

"A los incívicos no se les para con lecciones de pedagogía ni de urbanidad, sino con el uso autorizado de la fuerza pública. No de la violencia, que es distinto. Aunque las minorías políticas lo mezclen y lo manipulen para confundir con sus demagogias"

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El Ayuntamiento de Barcelona malgasta un dineral en la campaña Poca Vergonya (Sin Vergüenza). Otra iniciativa inútil destinada a frenar el incivismo. Muy propia de la política blandengue y beatífica del alcalde Collboni, siempre reticente a la mano dura.

Carteles y pancartas “de tono contundente y a la vez pedagógico”, según sus cobradores. Pero ni la contundencia ni la pedagogía sirven para erradicar el ruido nocturno, las micciones, la suciedad, los grafitis, los actos vandálicos y a los dueños de perros.

Esta tropa de incívicos y sinvergüenzas sólo entienden el lenguaje de las multas potentes y sanciones contundentes. O arrestos para pagar y compensar los daños y perjuicios causados a la comunidad. E indemnizar de su bolsillo a las personas encargadas de la limpieza.

Dichas medidas no serían fascistas, porque la suciedad y el gamberrismo no tienen color político. Tampoco represivas, sino compensatorias y contributivas para paliar los daños causados. Punitivas, sí, aunque no gusten a los autollamados antipunitivistas.

Tampoco serían trabajos forzados, sino forzosos. Porque tal y como establece la RAE: "Forzoso se refiere a algo ineludible, inevitable o que no se puede evitar. Mientras que Forzado describe algo hecho con violencia, por la fuerza”.  

Debates buenistas al margen, lo seguro es que no arregla nada la estrambótica idea de Vídeo Attack: “se proyectarán conductas incívicas en fachadas de edificios como el MACBA o la Torre Glòries”, según el Ayuntamiento. Peor el remedio que la enfermedad.

Lo único que aporta semejante bobada es afear las fachadas de dos edificios emblemáticos de la ciudad. Nada que ver con el cuento municipal de que “cuidar el espacio público es un deber compartido entre vecinos, administraciones y visitantes”.

La campaña también incluye la presencia de más informadores en la calle “para hacer pedagogía del civismo”. Es decir, poner en peligro a jóvenes de buena voluntad, pero ni preparados ni entrenados para oponerse a sinvergüenzas violentos.

Para ello está la Guàrdia Urbana, con falta de recursos y de personal. Y bajo las órdenes del piadoso concejal presidente de la Comisión de Presidencia, Seguridad y Régimen Interior. Imponen multas, pero luego no se cobran.

Según el propio consistorio, “las principales tipologías de incivismo detectadas en las calles son el consumo de alcohol, el ruido nocturno, micciones y suciedad, grafitis, deterioro del espacio urbano y actos vandálicos.”

A esta clase de incívicos no se les para con lecciones de pedagogía ni de urbanidad. Sino con el uso autorizado de la fuerza pública. No de la violencia, que es distinto. Aunque las minorías políticas lo mezclen y lo manipulen para confundir con sus demagogias.

En este desgraciado asunto hay que contar también con los multirreincidentes, que ni escarmientan ni se les hace escarmentar. En este caso, vale el refrán sobre la eficacia del castigo. “No hagas bien al malo, más le aprovechará el palo”.

Pero en esta vida y en esta ciudad hay que ser pacíficos. No se puede moler a palos a nadie. Siempre paz y amor. La vida relajada es más bonita… Y otras bondades. Pero al malo, ni jarabe de palo, licor dulce de moscatel elaborado en Alicante.