Pásate al MODO AHORRO
Imagen del día de Sant Jordi en 2025

Imagen del día de Sant Jordi en 2025 Òscar Gil Coy Barcelona

Opinión

Sant Jordi y yo

"Dicen que Sant Jordi es el día en que los autores se encuentran con sus lectores. Pero eso solo sucede con los autores super ventas, ya que, a la parada de los otros, los que venden poco, no suele acercarse nadie. Los que hemos vivido la experiencia de la espera del lector que nunca llega sabemos lo desoladora que resulta"

Publicada

Hoy celebramos, un año más, la festividad de Sant Jordi y el Día del Libro, cuando montamos nuestro célebre simulacro de ciudad consagrada a la lectura, tan logrado que ha colado como realidad en otras ciudades de España y del extranjero. Cada Sant Jordi suele ser idéntico al anterior, por lo que resulta difícil aportar alguno nuevo al discurso al respecto. Menos mal que este año han salido Eduardo Mendoza y Javier Mariscal a alborotar un poco el corral nacionalista con sus declaraciones. Ya saben, Mendoza reivindicando el Día del Libro a secas, sin santos, y aduciendo que el tal Jordi era prácticamente analfabeto, y Mariscal dándole la razón y añadiendo que cuando nos deje Jordi Pujol, la desaparición del político debería conllevar la del santo que lleva su nombre.

Como los conozco a los dos, les puedo decir que a Mendoza siempre le ha gustado decir gansadas, y a sus 83 años y con su brillante carrera, creo que se las puede permitir todas sin que nadie se enfade (aunque ya sabemos que la piel del lazi es extremadamente fina). En cuanto a Mariscal, siempre ha sido un bocazas entrañable que no se toma en serio ni a sí mismo. Utilizarlos para dar la chapa nacionalista resulta, pues, tan oportunista como mezquino (sobre todo, si lo hace alguien como Laura Borràs, que debería estar entre rejas).

Dicen que Sant Jordi es el día en que los autores se encuentran con sus lectores. Pero eso solo sucede con los autores super ventas, ya que, a la parada de los otros, los que venden poco, no suele acercarse nadie. Los que hemos vivido la experiencia de la espera del lector que nunca llega sabemos lo desoladora que resulta. Lo comprobé de joven, cuando me tocó firmar (o aspirar a ello) junto a Terenci Moix: mientras él tenía una cola kilométrica de fans, yo me tuve que conformar con la aparición de un lector cada media hora. Normal, me dirán ustedes, Terenci era una estrella de la literatura y usted un pelacañas (¡y lo sigue siendo!). Y tendrán razón, pero la desmoralización resultaba más que evidente.

Nuestro simulacro anual, eso sí, consigue que las librerías hagan su agosto en abril (como los vendedores de rosas: parece que a los catalanes hay que decirles hasta cuando toca regalarle una flor a la parienta) y que la ciudad rebose de (supuestos) aficionados a la lectura (porque también hay que decirnos cuál es el día del año en que hay que comprar un libro). Vista por televisión, la fiesta queda vistosa, pero si te pilla en medio, no hay quien avance con la abundancia de material humano que se ha echado a la calle: conozco ya a muchos literatos (de los que venden poco) que ese día se encierran en casa y no salen hasta que ha pasado el jolgorio. No sé si es rencor o autodefensa, pero no creo que nadie se pueda meter con ellos.

Los índices de lectura en España no son precisamente como para tirar cohetes, pero es que las fiestas y la realidad suelen exhibir notables diferencias. Lo mismo ocurre con el Salón del Cómic, que llegará el próximo mes: cada año se baten récords de asistencia, pero la venta de tebeos, álbumes o novelas gráficas se mantiene en un nivel tirando a triste. Igual es que a la gente le gusta hacer como que lee libros y cómics, y la ciudad siempre se muestra predispuesta a este tipo de simulacros culturales.

O igual lo que me pasa es que soy un escritor rencoroso que aún no ha superado su primera sesión de firmas junto al gran Terenci. No lo descartemos.