Daniel Sirera y Jaume Collboni, en una imagen en el ayuntamiento de Barcelona
Izquierda o derecha: lo que se juega en Barcelona
"Dado que los socialistas –por ahora y todo apunta a que será a medio plazo– lideran las preferencias de los ciudadanos, sólo Esquerra y comunes podrían apuntalar mayorías para poder gobernar. En Barcelona, en el Parlament y en las principales ciudades catalanas"
Se acabaron los tiempos de la transversalidad, si es que en algún momento fueron posibles. Lo que se juega en Barcelona parece claro: o un acuerdo de izquierdas que busca paliar los excesos del mercado, o una derecha que considera que la presión fiscal es excesiva y que es necesaria la mano dura para combatir la inseguridad.
Afirma el concejal del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, Daniel Sirera, que será también el alcaldable de su partido, que todo debería girar en torno al proyecto que encarna el socialista Jaume Collboni o el que él representa. Es una manera de presentar las elecciones que le viene bien al PP. Ya veremos los resultados. Pero lo que apunta, en realidad, es que no queda espacio para acuerdos plurales.
En el mandato de Jaume Collboni –a un año de las municipales de 2027— ha habido casos interesantes. El pacto del PSC con Junts sobre la ordenanza de las terrazas, o sobre la ordenanza de civismo. Pero ha sido imposible acordar una modificación de la reserva del 30% de protección pública en las promociones inmobiliarias.
Las dificultades de Junts para lograr un candidato competitivo, tras la marcha de Xavier Trias, han provocado la imposibilidad de sostener un acuerdo de ese calibre. Y los recelos son mutuos e importantes. Para el presidente del grupo de Junts en el Ayuntamiento, Jordi Martí Galbis, Collboni no ha querido nunca ese pacto. Y para Collboni, Junts no ha estado a la altura.
Lo que se dibuja, por tanto, es un acuerdo del PSC con las fuerzas políticas de izquierda, y soberanistas, en el caso de ERC, y con los comunes. En breve sucederá en el Parlament, donde el presidente Salvador Illa podrá contar con el apoyo de los republicanos para aprobar los presupuestos de este año. No queda otra. No hay más posibilidades para garantizar la gobernabilidad.
Dado que los socialistas –por ahora y todo apunta a que será a medio plazo– lideran las preferencias de los ciudadanos, sólo Esquerra y comunes podrían apuntalar mayorías para poder gobernar. En Barcelona, en el Parlament y en las principales ciudades catalanas.
En Barcelona, además, se ha instalado una idea, y es que la presión fiscal puede ser alta, o los casos de inseguridad pueden resultar alarmantes –no por la cantidad de sucesos, que han disminuido, sino por la violencia extrema que presentan algunos de ellos—pero hay otros elementos que se consideran más importantes: la falta de vivienda, los excesos del turismo en la ciudad, la sostenibilidad ambiental.
En esa agenda, los socialistas están determinados a actuar, a pesar de todas las carencias y dificultades. Y ahí también está ERC, que ha interiorizado –aunque no lo exhiba públicamente– los tremendos errores del proceso independentista.
Esquerra, que fue un partido de derechas al inicio de la transición, con su decisión de votar a Jordi Pujol en 1980, sin explorar ningún acercamiento con el PSC o el PSUC de la época, entiende que en los próximos años deberá primar ese eje ideológico, el de izquierda o derecha. Y ese es el camino que la ciudad de Barcelona puede recorrer, en paralelo a lo que suceda en el conjunto de la política catalana.