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Las tres chimeneas de Sant Adrià en una imagen de archivo

Las tres chimeneas de Sant Adrià en una imagen de archivo GALA ESPÍN Barcelona

Opinión

Sant Adrià: de símbolo del pasado industrial a laboratorio del mundo

"Que el lugar de un evento de esta magnitud no sea el centro consolidado de la capital, sino un espacio en proceso de transformación --cada vez menos periférico y más central--, no ocurre por casualidad. Ocurre cuando el espacio tiene una carga simbólica y una proyección de futuro que ningún auditorio convencional puede ofrecer"

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La noche del pasado domingo 28 de junio, seis grúas ejecutaron una coreografía frente a las Tres Chimeneas de Sant Adrià de Besòs.

En una performance espectacular que mezclaba arte y técnica de precisión, durante aproximadamente media hora sus operadores coordinaron una serie de movimientos hasta que una de las grúas descorchó una botella de cava y sirvió una copa a la presidenta de la Unión Internacional de Arquitectos, Regina Gonthier, que brindó ante miles de profesionales llegados de más de 130 países. Con ese brindis arrancaba, formalmente, el 29º Congreso Mundial de Arquitectos.

Era difícil imaginar una imagen más precisa de lo que significa este momento no solo para Barcelona como capital mundial de la arquitectura en 2026, sino también para Sant Adrià como pieza clave en la gran metrópolis.

La central térmica, símbolo de un modelo energético e industrial agotado y cerrada al público durante años hasta la celebración del Manifesta en 2024, se ha convertido estos días en una de las sedes principales del evento global más importante de la arquitectura.

Y no como escenario secundario, sino como el principal punto de encuentro del Congreso: acogiendo la ceremonia inaugural; la Exposición Central con doce investigaciones que exploran la capacidad de la arquitectura para intervenir en los procesos de transformación planetaria a través de diversos prototipos, maquetas y obras audiovisuales; y las sesiones del Open Forum, congregando a más de 1.000 personas junto al mar cada tarde.

Mientras el debate académico se desplegaba en el CCIB, las Tres Chimeneas albergaban los momentos compartidos de intercambio entre los participantes, que quedarán en la memoria como lo más visible y simbólico.

Escribo esto con el privilegio --y la responsabilidad-- de quien ha llevado estos días el doble sombrero puesto. Como arquitecto urbanista y con una visión desde dentro, de gremio, la elección del Besòs como sede no es difícil de leer.

El equipo curatorial lo explicó con claridad: esta franja costera acumula infraestructuras esenciales de la metrópolis, concentra tensiones entre pasado industrial y futuro ecológico, y encarna exactamente el tipo de territorio sobre el que el tema “Becoming. Architectures for a Planet in Transition” propone reflexionar.

Que el lugar de un evento de esta magnitud no sea el centro consolidado de la capital, sino un espacio en proceso de transformación -cada vez menos periférico y más central-, no ocurre por casualidad. Ocurre cuando el espacio tiene una carga simbólica y una proyección de futuro que ningún auditorio convencional puede ofrecer.

En cambio, desde la responsabilidad institucional la lectura que tengo es diferente, y más urgente, pero también esperanzadora. El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, con una visión cada vez más metropolitana y generosa que le sitúa como el gran alcalde referente de las grandes ciudades europeas en el que se está convirtiendo, lo dijo en la inauguración con toda claridad: las Tres Chimeneas son el nuevo centro de gravedad de Barcelona. No del municipio, sino de la metrópolis. La ciudad real, la que no entiende de límites administrativos sino de realidad funcional, de territorio compartido.

Hace treinta años, el Congreso del 96 giró sobre el MACBA y la Plaça dels Àngels (por cierto, Barcelona es la única ciudad del mundo en acogerlo dos veces). Este año, el eje se ha desplazado hacia el Besòs.

Ese desplazamiento no es solo simbólico: es una declaración sobre dónde está la gran transformación metropolitana, sobre qué territorios concentran los grandes retos de la transición urbana y ecológica que durante tantos años se han prometido pero es ahora cuando los hemos puesto en marcha. Porque ahora toca el Besòs. Y esto, para Sant Adrià tiene un peso específico que no podemos subestimar.

El congreso acabó el jueves con la imagen del alcalde Collboni y el vicealcalde de Pekín intercambiando la bandera de la UIA, que viajará a la capital de China como sede de la próxima edición en 2029. Pero en las Tres Chimeneas la exposición central seguirá abierta al público, gratuitamente, hasta el 19 de julio. Durante tres semanas, cualquier vecino del Besòs y del resto del área metropolitana o de Catalunya podrá entrar a la sala de turbinas, donde se ha instalado el laboratorio de investigación y experimentación sobre el futuro de la arquitectura y el planeta.

Eso ya es, en sí mismo, un legado: un espacio que nunca estuvo pensado para la ciudadanía, abierto a ella. Y esa apertura no es solo una actividad cultural puntual; es un argumento, una demostración de que el recinto funciona como equipamiento público de primer orden, antes de que empiecen las obras para su transformación definitiva en lo que será la sede del Catalunya Media City.

El Catalunya Media City es el epicentro económico y cultural del proyecto de transformación urbana, el horizonte de las Tres Chimeneas por el que llevamos años trabajando. Y el congreso de la UIA ha materializado ese potencial delante del mundo.

Ni nos confundimos ni es un brindis al sol. Somos conscientes de que una semana de congreso no transforma un territorio. Lo que sí puede hacer –-y estoy convencido de que lo ha hecho, a tenor de los comentarios recibidos estos días-- es fijar una imagen de esperanza y elevar el nivel de exigencia. Miles de arquitectos de todo el mundo han visto en qué puede convertirse este espacio. Esa mirada genera expectativas que ahora nos toca cumplir.

Y para quienes tenemos responsabilidad en la gestión de este territorio, la clave está en ser capaces de que esa luz no se apague cuando se desmonte el escenario, sino que se mantenga como faro que nos guíe hacia el objetivo. Un objetivo que nos recuerda que lo mejor está por llegar.

Ese es el trabajo que queda y por el que lo seguiremos dando todo.

P.D. Enhorabuena a todos los actores implicados en la organización del Congreso Mundial de Arquitectura 2026, desde la UIA hasta el ayuntamiento de Barcelona y los colegios profesionales pero, en especial a su director, Guim Costa, a los comisarios del Congreso y al equipo de coordinación técnica liderado por Javier Rodríguez. Ha sido todo un éxito y deja el listón muy alto a Pekín.