El suspenso de la semana: Olga Morales
Nadie niega que el Ayuntamiento de Viladecans debía aplicar la normativa europea sobre la gestión de residuos para este 2026. Sin embargo, escudarse en Bruselas no exime a la alcaldesa, Olga Morales, de su responsabilidad en la desastrosa aplicación de la nueva tasa de basuras.
Por su falta de pedagogía y nula empatía ciudadana, la edil socialista se ha ganado a pulso las críticas de los vecinos.
El llamado 'basurazo' ha aterrizado en los hogares del municipio de la peor manera posible: por sorpresa y con exigencias económicas inasumibles. Pagar entre 100 y 200 euros de golpe, como denuncian, ha generado una justificada sensación de doble imposición, ya que se percibe como un recargo que se suma al que ya se abona en el recibo del agua.
La gestión de Morales suspende clamorosamente en transparencia. El Ayuntamiento ha fallado en la premisa más básica de la administración local: el diálogo. Imponer de forma unilateral un nuevo recibo, notificándolo mediante un envío indiscriminado de cartas de pago y sin debate previo con las asociaciones vecinales de barrios, es un error político grave.
Pero el mayor suspenso de la alcaldesa radica en su profunda ceguera ante la realidad de los hogares. En un momento donde las familias trabajadoras hacen auténticos malabares diarios para llegar a fin de mes, asestar este golpe imprevisto demuestra una alarmante falta de sensibilidad social. Ante tal asfixia, escudarse en una tímida rebaja del 4,5 % del IBI resulta casi anecdótico.
Gobernar no consiste únicamente en cuadrar los presupuestos del Ayuntamiento a golpe de decreto burocrático; consiste en garantizar que los ciudadanos también puedan cuadrar sus cuentas a final de mes. Y hoy, en Viladecans, las cuentas de las familias no salen.