El sobresaliente de la semana

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¿Quién hace Barcelona?

El sobresaliente de la semana: Jaume Collboni

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A los dirigentes políticos se les pide que sean claros, que no prometan lo que no pueden hacer y que expliquen, sin edulcorantes, los retos que debemos superar como sociedad. Algunos prefieren ser engañados o vivir en una cierta ignorancia. No es el caso de los barceloneses, que son exigentes y que han demostrado a lo largo de la historia que son capaces de protagonizar protestas de envergadura.

Jaume Collboni tiene presente esa cuestión, y como alcalde ha comenzado a precisar sus proyectos de largo recorrido y a plantarse cuando entiende que la ciudad no puede dirigirse hacia determinados destinos. Lo señaló esta semana en una nueva convocatoria de L'alcalde respon.

Collboni se refirió a los planes del Ayuntamiento para que la Sagrera se convierta en una nueva centralidad metropolitana, con una inversión de 260 millones de euros para transformar todo su entorno.

Para Collboni el Ayuntamiento debe ponerse en marcha, al margen del ritmo que alcance la finalización de las obras de la estación de La Sagrera, una competencia del Gobierno central.

El alcalde lanzó también una advertencia a un posible socio estable de gobierno para el próximo mandato, como es ERC.

Con los republicanos colabora en el Ayuntamiento, pero la formación de Oriol Junqueras no acaba de dar el visto bueno a las cuentas del Govern de la Generalitat, y son imprescindibles para Catalunya, pero también para Barcelona, porque hay proyectos cofinanciados por un monto de 250 millones de euros. "Están en juego desde la construcción de centros de atención primaria al mantenimiento y reforma de muchas escuelas", aseguró.

Pero el momento importante llegó cuando Collboni habló de su decisión de intervenir en el ámbito de la vivienda. Si los inversores en edificios de vivienda quieren una rentabilidad muy alta, Barcelona no será su mejor emplazamiento. "Que se vayan", aseguró.

La cuestión es que, por ahora, a los alcaldes los votan los vecinos y vecinas de una ciudad. Entre ellos, claro, hay inversores, trabajadores, empleados públicos, empresarios, profesores y personas de todos los ámbitos profesionales. Pero un alcalde debe velar por el bien común, y eso está reñido con dejar la ciudad en manos de todos aquellos que la consideran, principalmente, como una mercancía económica.