¿Quién hace Barcelona?

El suspenso de la semana: David Escudé

Leer en Castellano
Publicada

El regidor de Deportes del Ayuntamiento de Barcelona, David Escudé, vuelve a estar en el foco ante la falta de previsión y liderazgo en la gestión de las infraestructuras deportivas de la ciudad.

El histórico ascenso de la UE Sant Andreu a Primera RFEF ha vuelto a destapar las vergüenzas de una concejalía que se ha presentado ante esta crisis exactamente con las mismas manos vacías que hace un año.

Resulta incomprensible y difícil de justificar que el consistorio no haya hecho los deberes.

La exigencia de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) de jugar sobre césped natural no es una sorpresa de última hora. Es la misma normativa que la temporada pasada hizo estallar por los aires la logística del CE Europa y desterró al equipo a unas pistas de atletismo de Can Dragó que el club ya ha denunciado que han supuesto un problema para su viabilidad económica tras el descenso de los ingresos.

Escudé ha tenido doce meses enteros para anticipar este escenario, buscar alternativas reales para el Narcís Sala o plantear una solución estructural que no hunda al fútbol base ni ponga en peligro a los atletas locales.

Sin embargo, su respuesta ha sido decepcionante.

Lejos de proponer soluciones en una ciudad que arrastra un déficit crónico de 17 campos de fútbol, el edil socialista ha optado por echar balones fuera.

Pedir "seny", culpar en exclusiva a la normativa de Madrid y rogar en los despachos por una moratoria de urgencia no es una estrategia de gestión deportiva, sino el reflejo de una parálisis institucional preocupante. Modificar la norma y pedir solidaridad no está en las manos del edil. Construir un campo de fútbol en plena ciudad no se hace de un día para otro, pero Escudé tampoco puede seguir insistiendo únicamente en una sola vía.

Está en su derecho de pedir su modificación, pero debería haber estudiado otras alternativas que estén en sus manos.

Que los clubes históricos de Barcelona triunfen en el campo no debería convertirse sistemáticamente en un drama logístico.

La ausencia total de un 'plan B' demuestra que el Ayuntamiento no ha planificado y que la ciudad no está a la altura del éxito de sus propios equipos.